Brianda de Acuña. Un nombre para dos mujeres y una calle

 

Pedro Luis Pérez Frías
Doctor en Historia. Academia Andaluza de la Historia

 

En la toponimia callejera de la ciudad de Málaga llama la atención el nombre de ‘Brianda de Acuña’; una vía sin salida a espaldas del hospital Carlos Haya (hoy denominado oficialmente como Hospital Regional Universitario de Málaga) y muy próxima a la avenida de Carlos Haya. Surgida como consecuencia de la construcción de este centro sanitario, en los años 50 del pasado siglo, y la posterior urbanización de sus alrededores.

Según Domingo Mérida, en su obra 3900 calles. Enciclopedia del callejero malagueño, la denominación fue aprobada por la Comisión Permanente Municipal el 11 de junio de 1965 y hacía alusión a la: “Esposa del Corregidor Núñez Vela (1530-32) por cuya calle tiene entrada”. Versión que es recogida literalmente en la web municipal del callejero de Málaga.

Localización de la calle Brianda de Acuña en Málaga

Lo cierto es que, según el mismo autor en la citada obra, la denominación de la calle Núñez Vela no sería aprobada hasta ocho años después, el 17 de mayo de 1973; tras una primera propuesta presentada en 1972. Una circunstancia un tanto extraña, si consideramos que los méritos recogidos para conceder el nombre de ‘Brianda de Acuña’, se reducirían a su condición de consorte de uno de los muchos corregidores que tuvo nuestra ciudad.

Según Juan Moreno de Guerra y Alonso, en su libro Los Corregidores de Málaga (1487 – 1835), el esposo de Brianda, Blasco Núñez Vela, fue el decimoquinto corregidor de Málaga, desde la reconquista de la ciudad. Su paso por esta capital fue breve. Nombrado para dicho cargo por cédula del 28 de febrero de 1530, tomaría posesión del mismo el 6 de abril siguiente, cuando fue recibido en el cabildo malagueño. Tras dos años de desempeño, su mandato fue ampliado por cédula del 18 de marzo de 1532; la prórroga fue muy breve, ya que el 17 de junio de ese año se ordenaba abrir su juicio de residencia y el 11 de octubre siguiente se nombraba a Pedro Gómez de Porras como nuevo corregidor de Málaga.

El citado Moreno de Guerra no explica si doña Brianda acompañó a su esposo mientras éste permaneció en Málaga; tan sólo nos ofrece algunos datos familiares. Brianda era hija de Hernando de Acuña, miembro del Consejo Supremo y Cámara de Castilla, y de Brianda de Acuña Téllez Girón, hija de Martín Vázquez de Acuña (conde de Valencia). Casada con Blasco Núñez Vela, en fecha no concretada por Moreno de Guerra, fueron fruto de su matrimonio ocho hijos: Blasco Núñez Vela, que murió sin sucesión; Antonio “Vela Núñez”, paje de la emperatriz y gentilhombre de boca del Emperador, caballero de Santiago (natural de Valladolid, con pruebas en 1544) que casó con doña María Tabera y tuvo por hijo a don Francisco Vela Núñez, paje de Felipe II, caballero de Alcántara, señor de Tabladillo; Cristóbal Vela, arzobispo de Burgos; Juan de Acuña Vela, caballero de Alcántara; Diego Vela Núñez, caballero de San Juan (1 de mayo de 1553); Luis Vela, caballero de Santiago; María Vela, casada con Bernardino de Avellaneda y Zúñiga; y Miguel Vela.

Datos tomados, muy probablemente, de la Historia de las grandezas de Ávila, libro escrito por el fraile benedictino Padre Luis Ariz y publicado en Alcalá de Henares en 1607.

Palacio de Blasco Núñez Vela en Ávila

Según este último autor, la familia Núñez Vela tenía una gran relevancia en la capital abulense; de donde era natural el esposo de Brianda, aunque en la web municipal del callejero de Málaga, en la reseña histórica de la calle dedicada a él, se cita: “natural de Perú”. Muestra de esta vinculación es que nueve años después de dejar el corregimiento de Málaga, en 1541, el matrimonio tomaba posesión de su nueva casa en Ávila, pegada a la muralla y construida junto a un portillo, en cuya fachada hicieron inscribir la leyenda: “Señor Blasco Núñez Vela, doña Brianda de Acuña, año MDXLI”. Además, según Francisco López Hernández, un hermano de Blasco, Francisco, fue padrino de Santa Teresa de Jesús; según otras fuentes, los padrinos fueron el propio Blasco y su esposa Brianda.

Apenas dos años después de terminada su casa, una real provisión de fecha 28 de febrero de 1543, firmada en Madrid, concedía el título de virrey del Perú a Blasco Núñez Vela. La abundante documentación guardada en el Archivo General de Indias nos permite hacernos una idea de lo que fue su desempeño como primer virrey del Perú; así sabemos que los preparativos para su traslado a Perú duraron, al menos, hasta septiembre de ese año. El 14 de julio se firmaban varias reales cédulas, en Valladolid, asignando al nuevo virrey diversas cantidades para su viaje, así como concediendo exenciones de impuestos, tanto a él como a sus criados. Una de ellas, dirigida a “Blasco Núñez de Vela, virrey y gobernador del Perú”, disponía que si éste fallecía “se haga merced a su esposa, Dª Brianda de Acuña, de la cantidad de 100.000 maravedís al año de por vida, situados en las rentas de estos reinos”.

El 19 de septiembre de 1543, otra real cédula dirigida al consejero de Indias, Francisco Tello de Sándoval, aludía a la salida de una flota en la que “va por general Blasco Núñez Vela, virrey del Perú”. Según señalaba Antonio de Herrera, cronista de Castilla y de las Indias, en su Elogio de Vaca de Castro, gobernador del Perú en el siglo XVI, obra publicada en 1616, la flota del virrey Núñez de Vela zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 3 de noviembre de 1543, “juntamente con la Audiencia y sequito”.

El desempeño en el virreinato de Blasco Núñez Vela se vio marcado por enfrentamientos y luchas, en especial contra Gonzalo Pizarro, que culminaron con su muerte, el 18 de enero de 1546, en la batalla de Añaquito. El citado Antonio de Herrera decía de este hecho:

“Núñez Vela cayó exánime en la batalla de Añaquito, defendiendo como un leal el estandarte Real, y más aún las prerrogativas de la Corona, afirmando así su legalismo imperativo, que cuadraba bien a su carácter impolítico”

Y más adelante añadía: “Blasco Núñez Vela, el primer Virrey del Perú, murió en el ejercicio de su alto cargo, por cumplir unas Ordenanzas benévolas; era un realista imperioso y un opresor de la letra de la ley, tenía la lealtad de un palatino y el ánimo de un varón fuerte”. Respecto a su muerte la relataba así:

“El Virrey empezó a desandar, avanzando hacia el Sur y llegó a Quito el 18 de enero de 1546 salió al campo, viendo al enemigo en posiciones sobre la llanura de Añaqúito [sic]. Los ejércitos, alineados en orden de combate, empezaron la acción; luchóse con vigoroso arrojo y empeño; el Virrey cubierto su traje e insignias por prenda indiana, atacó al enemigo, quedando en la refriega moribundo. = Un negro esclavo le decapitó por orden de Pizarro estando él inerte en el suelo e indefenso, y su cabeza fué clavada en lo alto de una pica y a su cuerpo destrozado le dieron sepultura en la catedral de Quito, presidiendo la ceremonia, enlutado, Gonzalo Pizarro, su vencedor y victimario de la víspera.”

Esta muerte impulsaría a Brianda de Acuña a la defensa de sus derechos y a una lucha judicial para conseguir el castigo de los asesinos de su esposo; de ella dan testimonio diversos documentos en diferentes archivos.

Una real cédula, firmada el 16 de junio de 1548, ordenaba a Brianda de Acuña que enviase al Consejo de Indias los libros y escrituras de su marido, Blasco Núñez Vela, como capitán general de la Armada con que fue a Indias. Casi tres meses después, otra disposición similar, de fecha 1 de septiembre de ese año, firmada en Valladolid, ordenaba a la Audiencia de Lima:

“que se haga justicia a la mujer e hijos de Blasco Núñez Vela, virrey que fue de Perú, preso por mandato del licenciado [Diego López de] Cepeda y demás oidores de la Audiencia, a quien le robaron muchos bienes en oro, plata y otras cosas, para que se restituyan los bienes y se castigue a los culpables.”

También en Valladolid se firmaba un mes más tarde, el 1 de octubre de 1548, otra real cédula dirigida a los contadores mayores, ordenándoles que cumpliesen lo mandado respecto a un dinero que había que librar a Brianda de Acuña, como viuda de Blasco Núñez Vela.

Es de suponer que estas disposiciones se dictaron a requerimiento de la propia Brianda, cuyas reclamaciones se extendieron a las cantidades adeudas a su marido. Así lo reconoció una real cédula del 22 de febrero de 1549, dirigida al presidente y oidores de la Audiencia de Lima, que disponía mandasen pagar a la viuda e hijos del virrey muerto:

“lo que se le debe a dicho difunto en concepto de salario, cuya cuantía era: 5.000 ducados al año y otros 5.000 por el cargo de presidente de la Audiencia de Lima, y para una guardia de 10 alabarderos que le acompañaron desde que embarcó en el puerto de Sanlúcar de Barrameda hasta que llegó a Panamá, 2.000 ducados para cada uno.”

Cinco días después se emplazaba a Brianda y sus hijos para que se personasen en el procedimiento que seguía el fiscal del Consejo, Juan de Villalobos sobre la cuenta de los gastos de Blasco Núñez Vela como capitán general de la Armada. El pleito, iniciado el 14 de febrero de ese año, se prolongaría hasta el 27 de marzo siguiente.

Al margen de éste, la reclamación de los sueldos fue atendida y una real cédula del 28 de septiembre de 1549 ordenaba al presidente y oidores de la Audiencia de Lima que pagasen a Brianda y sus hijos lo que se había “quedado debiendo” al difunto virrey del Perú.

También tuvo éxito la petición referida a la restitución de los bienes; en este caso, el 19 de diciembre de 1550, se ordenó a los oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla y “a otras justicias del reino” que se confiscasen:

“Los bienes remitidos desde América por Pedro Alonso de Hinojosa hasta 12.000 castellanos, para su correspondiente entrega a los herederos del difunto Blasco Núñez Vela, que fue virrey del Perú, a quien se los había quitado.”

Al año siguiente Brianda, como viuda de Blasco Núñez Vela, y sus hijos, vecinos de Ávila, iniciaban un pleito contra “varias personas, sobre haber sido culpados en la muerte de Blasco Núñez Vela”.

Plaza del palacio Núñez Vela y muralla en Ávila

Aunque no tenemos datos concretos sobre la fecha de su muerte, sabemos que Brianda de Acuña estuvo enterrada en la iglesia de Santo Domingo de Silos, en Ávila, hasta 1948. En 1946, la iglesia fue vendida al Estado para ser derribaba, con vistas a ampliar la Academia de Intendencia. Una de las condiciones de esa venta era que se trasladasen los restos humanos que se encontrasen en el templo al cementerio católico; entre ellos estaban los de Brianda de Acuña, su marido Blasco Núñez Vela y tres hijos, cuyas sepulturas estaban claramente identificadas. Una vez exhumados, estos fueron traslados en 1948 a su antiguo palacio. Así lo narró el cronista de Ávila, J. Mayoral Fernández, en el periódico El Diario de Ávila, del 21 de mayo de ese año:

“Don Blasco Núñez de Vela con sus familiares ocupa desde ayer esta nueva cripta de Ávila. Tan interesante como la de los Dávilas en la iglesia de San Juan. Se ha construido bajo la bóveda de caño del que fue palacio del virrey del Perú (…) Si no le llegó a habitar este palacio en vida, como yo presumo, ya en muerte está en él. En unión de su esposa doña Brianda de Acuña como expresa la inscripción de la portada y la piedra de la chimenea convertida en mesa del altar de la cripta.”

Dieciocho meses después, el abogado e historiador Eduardo Ruíz Ayucar planteaba en el mismo periódico la tesis de que Blasco Núñez Vela no estaba enterrado en su antigua morada, ni lo había estado antes en la iglesia de Santo Domingo de Ávila. Así, señalaba: “su enterramiento en Santo Domingo de Ávila no pasa de ser una suposición más o menos fundada” y respecto al posible traslado de sus restos desde América señalaba:

“Nos falta el punto fundamental del raciocinio: la base para demostrar que los restos del magnate abulense fueron sacados de su sepulcro americano. Con este sólo dato seriamos partidarios de su estancia actual en la cripta del Palacio de Justicia. Pero como no lo tenemos hemos de acabar confesando que la teoría de que el cuerpo de don Blasco Núñez Vela continúa en América tiene mayoría en nuestro criterio.”

La polémica estaba servida y la duda no se ha resuelto. Pero su esposa Brianda sí que descansa en su antigua morada. En la sección de nobleza del Archivo Histórico Nacional (en Toledo) se guarda un testamento firmado por Brianda de Acuña en Salamanca, con fecha 4 de octubre de 1558. Pero no disponemos de justificación documental acerca de la fecha de su fallecimiento.

Una nieta de Blasco y Brianda, fruto del matrimonio de su hija María con Bernardino de Avellaneda y Zúñiga, primer conde de Castrillo, continuaría la tradición del nombre de Brianda, tomando los apellidos maternos, Acuña Vela. Nacida el 17 de agosto de 1576; aunque Ana Cristina Valero Collantes, en su trabajo Brianda de Acuña Vela: una “nueva Santa Teresa” en el Valladolid del siglo XVII, señala que nació treinta años antes. Dato erróneo desmentido por la cartela del grabado que esta autora describe en el mismo trabajo que señala: “Murió a 22 de marzo, del año 1630, en edad de 53 años, a los 28 de su hábito”.

Según destaca Valero Collantes, Brianda de Acuña Vela había nacido en Valverde (La Rioja) y el 16 de enero de 1602 ingresa en el convento de Nuestra Señora de la Concepción de Valladolid, de la orden de carmelitas descalzas; cenobio conocido popularmente como de “Santa Teresa” por haber sido una fundación directa de Santa Teresa de Jesús. Después de un año de noviciado, profesa el 2 de abril de 1603, tomando el nombre de Teresa de Jesús. Ya no abandonará el convento, en el que permaneció hasta su fallecimiento.

Durante su vida religiosa, ejerce de maestra de novicias, llega a ser priora de su convento y alcanzó fama de gran mística. A los pocos años de su fallecimiento se intentó iniciar el proceso de su beatificación, gracias al impulso de sus sobrinos, los condes de Castrillo, y al apoyo de la orden carmelita de Valladolid; pero la oposición del entonces general de la Orden, fray Esteban de San José, dio al traste con el proyecto.

Miguel Bautista de Lanuza y Tafalla escribió su biografía por encargo de dichos condes de Castrillo, la cual fue impresa en 1656. Esta obra, titulada: Virtudes de la V.M. Teresa de Jesús Carmelita Descalza en el convento de Valladolid en el siglo Doña Brianda de Acuña Vela, recogía detalladamente las experiencias místicas de la monja.

Algo más de tres siglos después Málaga dedicaba una calle a Brianda de Acuña. Teniendo en cuenta que las carmelitas descalzas estaban presentes en nuestra ciudad desde 1585, cuando se funda el monasterio de San José, nos planteamos la cuestión de a quién se pretendía recordar, ¿a la abuela, o a la nieta?

 


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Pérez Frías PL. Brianda de Acuña. Un nombre para dos mujeres y una calle. epistemai.es [revista en Internet] 2026 febrero (28). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9538

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