El Hablaje

 

Iniciamos con éste una serie de artículos dedicados al habla. Ferdinand de Saussure (Cours de linguistique générale, 1972) fue el primero en distinguir entre “lengua” y “habla” (langue et parole), dando a la primera el carácter social, y a la segunda el carácter individual de una misma realidad: el lenguaje. Saussure advierte asimismo del peligro de confundir lengua y lenguaje, pues aquélla, en su manifestación verbal, es sólo una determinada parte del lenguaje (general de signos o semiología). Así, podemos hablar del “lenguaje verbal”, por un lado, y del “lenguaje musical”, por otro, cada uno con su morfología, sintaxis y rica literatura (véase “Lenguaje verbal y lenguaje musical, hijos gemelos del sonido”, 2008). La lengua implica a su vez un sistema establecido (fonología, gramática y léxico) y una evolución (práctica y vocabulario). El lenguaje es, pues, en cada momento una institución actual y un producto del pasado. Sincronía y diacronía. De esa paradoja se trata, de impedir que el edificio comunicativo se caiga, como de permitirle vestir el ropaje de la modernidad.

Salvando las distancias y aprovechando la ley de la analogía (de lengua > lenguaje), derivamos de habla > “hablaje”, neologismo, que –en su connotación peyorativa– dará en lo sucesivo nombre a esta sección. Entendemos por tal, no tanto el “mal hablar” referido por Saussure, como la deriva general de una lengua –la nuestra– en sus manifestaciones de habla. Siendo conscientes de que nada hay de colectivo en ella, pues dichas manifestaciones son individuales y momentáneas; no es menos cierto que la buena o mala salud del habla es el mejor síntoma del estado general y de la deriva de la lengua.

 

 

 

Quintín Calle Carabias
Doctor en Filología Moderna, profesor titular de la UMA y Presidente de la SEMA


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