4. Esas preposiciones, las pobres… El aísmo

 

Vista la iconoclastia reinante y el desprecio a la norma por idénticos motivos (¡Vaya usted a saber cuáles! La locura no los necesita), me da no sé qué seguir escribiendo de estos temas. Leo estos días que “La hortografía ezta muerta. Cuando la correcta escritura es blanca, machista y elitista” (L. Alemany, El Mundo_Papel, 23 de abril de 2021, p. 39-40). Leo asimismo que “La universidad de Oxford enseñará menos música clásica blanca. Un grupo de profesores de la universidad pretende descolonizar el plan de estudios tras calificar como ‘colonialista la notación musical’“ (I. Salazar, ABC, 01 de abril de 2021, p. 48-49). Si hasta Fray Junípero Serra ha acabado por los suelos en su propia tierra –¡hay que ser brutos!, que diría Manuel Alcántara–, mucho me temo que yo, insignificante roseau pensant (junco que piensa, Pascal, Pensées), si no en la hoguera de las vanidades (Savonarola), acabaré en la papelera, o, más directamente, en el cubo de la basura. Después de todo, puede que sea un honor, porque hay que ser muy estúpido (abrebocas) para tragarse las excusas de esta corriente ahíta de odio, y muy imbécil (débil mental) para secundarlas. La notación es al lenguaje musical lo que el alfabeto al lenguaje verbal. Así que, temiéndome que lo que se busca es un pretexto para llenar el mundo de analfabetos, tomo la firme determinación de seguir hablando de lo mío, que hoy son “esas preposiciones, las pobres…”, por más que, como Rocinante en la célebre encrucijada cervantina, pueda acabar en la cuadra.

‘Gramatíca esencial del español’ de Manuel Seco, 1991

Según todos los tratadistas, las preposiciones son elementos invariables de relación entre dos elementos constituyentes de la frase. Hasta ahí, el acuerdo es unánime. Dicha relación puede ser estrictamente gramatical (carente de significado) o espacio-temporal (Jean Dubois et al., Dictionnaire de linguistique, 1973). Manuel Seco precisa más: “palabra de enlace que se antepone al sustantivo para convertirlo en complemento” (Gramática esencial del español, 1991: 197). Esto no deja de suscitar problemas. Así, en el sintagma “voy a comer”, según él, a sigue siendo preposición a pesar de preceder a un verbo. Y da dos explicaciones: una, que el verbo funciona en calidad de sustantivo, como en “es fácil de entender”; otra, que se trata de una preposición a veces “vacía o de puro enlace”, sin contenido semántico, como en “vamos a empezar otra vez”. Para mí, es posible una tercera, toda vez que –a diferencia de lo que ocurre en francés: je vais manger, sin preposición– el verbo voy del ejemplo no funciona en español como semi-auxiliar, sino como verbo principal, frente al subordinado comer. Así las cosas, la presunta preposición a no es –o al menos no funciona como– tal, sino como conjunción con valor final: la razón de ir es para comer (voy a comer).

La lengua –cualquiera de ellas– es de suyo tan poliédrica (de hecho, no se aprende estructurada: cada hablante la estructura o recrea al usarla) que tiene tantos puntos de vista como hablantes y circunstancias. De ahí que la pragmática sea tan compleja (cf. J. Moeschler –A. Reboul, Diccionario enciclopédico de prágmática, Madrid, Arrecife, 1999) y la gramática lógica tan deficiente. Así, Emilio Alarcos Llorach (Gramática de la Lengua Española, RAE-Espasa-Calpe, 1994) coincide con Seco en la idea de relacionar la preposición con el sustantivo o elemento sustantivado; pero disiente de él a la hora de hacer la lista de preposiciones. Por ejemplo, “deben descartarse algunas unidades que en él [inventario] se incluyen a veces. Una es pro… Tampoco son usuales allende y aquende… De igual modo, el empleo como preposición del sustantivo vía…” (1994: 217). Pongamos en paralelo ambas listas:

‘Gramática de la lengua española’ de E. Alarcos, 1994

Alarcos: a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, sin, sobre, tras.

Seco: a, allende, ante, aquende, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, pro, según, sin, so, sobre, tras.

Alarcos excluye –por poco usuales– las que le sobran a Seco: allende, aquende (en realidad, locuciones prepositivas: allén (adv.) + de (prep.), aquén + de), cabe (junto a), pro (en/a favor de), según (<secundum, forma adverbial de sequor > siguiendo; en francés, suivant) y so (<sub, bajo). Por su parte, Seco, añade otras dos (durante y mediante), que en realidad son formas participiales de durar y mediar respectivamente. Si funcionalmente estas últimas pueden servir de preposiciones, también lo hacen como ablativos absolutos. La prueba es que pueden variar de posición. Por ejemplo, “… mediante la cual… / la cual mediante…».

No insistiré más en la teoría. Basten las líneas precedentes para contextualizar algunos ejemplos relativos al mal uso de las preposiciones en la prensa diaria y en otras publicaciones. No citaré autores ni el medio impreso del que se han extraído. Tan sólo, la fecha –en el caso de la prensa– o el año de publicación –si es libro–. Me reservo los demás datos.

 

A [ø] > aísmo

“Un escritor ilustrado del siglo XVIII definió a las tumbas como monumentos situados en la frontera entre dos mundos.” / “No podemos dejar de recordar a la sacristía (obra enteramente de Vandelvira)…” / “…las hojas de hiedra, una planta resistente y de verdor permanente que simboliza a la vida eterna.” (2018)

 

Tanto tumbas como sacristía y vida eterna son complementos directos en sus respectivas frases y no son nombres de persona. Por tanto, según el paradigma “quiero pan / quiero a Juan”, deben ir sin preposición. Por analogía con los conocidos como deísmo, dequeísmo y queísmo, podríamos añadir un defecto de uso más, el “aísmo”. Es decir, el uso abusivo e innecesario de la preposición a, sin relación alguna con lo que pide el otorrino al paciente que acude a él con una afección de garganta: –a ver, abra la boca, saque la lengua y diga aaaaaaaa… En tal caso, por más que lo parezca, no hay aísmo. Lo malo es cuando vuelve a casa y se pone a escribir sin haber cerrado antes la boca. Bromas aparte, el aísmo está mucho más extendido de lo que cabría suponer entre escritores de alta cualificación académica, docente y administrativa, gente, por lo demás, valiosísima y de justa aceptación general. Veamos tres ejemplos más:

“… y hasta cabría esperar que el dramático baño de realidad nos ayude [ayudara] a drenar de irracionalismo anticientífico a nuestra cultura.” (2020-04-10) / “Este Gobierno, lastrado de ideología populista viral, entregó a su estado mayor sanitario y a su cuerpo de profesionales al sacrificio, mientras muchos de ellos acudían a clínicas privadas, antes vituperadas, para salvarse.” (2020-05-01) / “Mucha de esa gente saca la bandera porque le da la gana a hacerlo.” (2020-07-03)

Aunque el desajuste temporal de la primera frase no es objeto específico del tema de hoy –ya se trató en “La noción perdida del tiempo”–, creo conveniente aprovechar la ocasión de recordarlo. El modo potencial del primer verbo –cabría– exige mantener el carácter hipotético en el segundo, para salvar la coherencia (correspondencia). Y esto sólo puede hacerlo el imperfecto de subjuntivo –ayudara–, pues el presente de subjuntivo –ayude– la rompe, por corresponder estructuralmente al ámbito de lo real con valor futuro. Así, quiero que venga (plano real) / querría que viniera (plano hipotético, potencial). Recordado lo cual, revenons à nos moutons, volvamos al asunto de las preposiciones en las frases citadas. Nuestra cultura / su estado mayor sanitario y su cuerpo de profesionales son complementos directos de sus respectivos verbos –drenar y entregar–. Ni cultura ni cuerpo son personas. Por tanto, sin preposición. En la tercera frase, entendemos que pone la a “porque le da la gana”, porque se ha pasado de frenada o porque acaba de venir del otorrino…

Hemos definido el “aísmo” como un error por exceso; pero, ¿cómo definir el error por defecto? ¡Es que los hay más vagos que una bota de siete suelas o más dejados que Adán! La frase siguiente lo prueba:

“Los aspirantes MIR que combaten al virus cuentan cómo trabajan a pesar de las dificultades.” (2020-04-20)

El verbo aspirar puede usarse sin preposición (p. e., aspirar el polvo) o con ella. Esto último ocurre cuando se ambiciona, anhela, desea, pretende, propone o proyecta conseguir algo. En este caso, ser Médico Interno Residente (MIR). Poner a aspirar a los MIR, sin más, podría dejar a más de uno sin resuello. Por si tal desconsideración no bastara, ver que el virus (covid-19) es tratado como persona, cuando no es ni ser vivo, supera con creces lo admisible. Se combate la enfermedad, no a la enfermedad; se combate el virus, no al virus, igual que se combate el frío, el calor o el catarro. Esa desastrosa frase, contagiada de tan nefastos gérmenes lingüísticos, una vez repuesta, tendría este saludable aspecto: “Los aspirantes a MIR que combaten el virus cuentan cómo trabajan a pesar de las dificultades.”

 

Otras veces la torpeza en el uso de la primera de las preposiciones afecta a la fluidez de la lengua, interrumpida por la desconexión del conjunto preposición + sintagma nominal:

“En efecto, con la colaboración del periodista FL, la película se limita a dar la voz a, entre otros, buena parte de los que justificaron…” (2020-10-27)

Ya se trató este asunto en el artículo dedicado al orden de las palabras en la frase. Unas veces la interrupción de la cadena sintáctica conduce al hiato y a su consiguiente cacofonía; y otras, las más, a forzar tanto la lengua como la inteligencia del lector, que se ve obligado a releer la frase siguiendo el rastro del sentido perdido. Después de la preposición lo que menos se espera encontrar es una coma. La lectura rápida de los habituados a leer consiste sobre todo en anticiparse a lo escrito. Dicha anticipación supone un orden estable y previsible. Cuando esto no ocurre, el lector se ve obligado a detenerse y rehacer el entuerto. Estoy seguro de que la película sería más bonita si “…se limita a dar la voz, entre otros, a buena parte de los que justificaron…”.

 

Concluyamos el comentario al hablaje en torno a la preposición A con un solo ejemplo más, esta vez de la locución prepositiva:

A través de

“El joven, que en esos momentos afirmaba que no podía ver a través del ojo izquierdo, explicó que sus agresores eran conocidos de vista de su hermano gemelo…” (2020-07-06)

¡Pues sí que los hay redichos! Ni que sus ojos fueran como la ventana con visillos desde la que Carmen Martín Gaite espiaba a la sociedad salmantina de posguerra. De seguir con el símil y oliéramos a través de las narices, oyéramos a través de los oídos y palpáramos a través de la piel, íbamos a terminar con la lengua atravesada saboreando aceitunas. ¿No le bastaba decir que “El joven […] no podía ver con el / del ojo izquierdo…”? Lo dicho.

 

 

Quintín Calle Carabias
Doctor en Filología Moderna, profesor titular de la UMA y Presidente de la SEMA


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