Volver al inicio de Isabel Barreto de Castro, la Adelantada de los Mares del Sur, en las calles de Málaga


 

Pero no será hasta 1897 cuando se vuelva a tratar el viaje de Isabel Barreto. En ese año Cesáreo Fernández Duro describe su aventura en los mares del Sur en el tercer tomo de su obra Armada Española desde la unión de los reino de Castilla y de Aragón; en el décimo capítulo, titulado ‘Islas Marquesas y Santa Cruz’, relata la segunda expedición de Álvaro de Mendaña, con la composición de la Armada, la salida de Paita, las islas que encontraron y las ceremonias de posesión que realizaron; destaca sucesos, como la erupción de un volcán y el naufragio de la nave almiranta; la llegada a la bahía Graciosa, en la isla de Santa Cruz; la muerte del adelantado y el subsiguiente gobierno de la escuadra por su viuda y destaca las “condiciones poco comunes en su sexo” de Isabel Barreto; también relata la salida hacia Filipinas, las condiciones del viaje, su llegada a Manila y la vuelta a Acapulco en la nao San Jerónimo. Así expresaba Fernández Duro su juicio sobre Isabel Barreto:

“Doña Isabel Barreto, dicho sea en verdad, mostró, en los tres meses empleados en trasponer las novecientas leguas de camino, condiciones poco comunes en su sexo, no tanto por los extremos con que hacía respetar su autoridad y cuidaba del prestigio de su persona, ni tampoco por el desprecio en los peligros, que es de notar, como por la indiferencia con que veía los horribles padecimientos de los dolientes, de las otras mujeres y los niños, estando en su mano mitigarlos.”

En los años siguientes son frecuentes las referencias y citas a Isabel Barreto. En 1898, Leopoldo Pedreira escribe un artículo titulado ‘Las dos Marinas’, publicado sucesivamente en Revista Contemporánea nº 110 (abril 1898), en La Opinión (Santa Cruz de Tenerife), 4 de junio, y El Album iberoamericano, los días 13 y 14 de julio. En él alude brevísimamente a ella:

“España, que tuvo mujeres conquistadoras, como Isabel la Católica, y mujeres soldados, como la Monja Alférez, tuvo mujeres navegantes, como Isabel Barreto, continuadora de las empresas de su esposo el explorador Mendaña.”

El 1 de junio de 1902, el citado Fernández Duro impartió una conferencia en la Real Academia de la Historia, sobre la Mujer Española en Indias; más tarde publicada como opúsculo con el mismo título, en ese mismo año. En ella citaba a Isabel Barreto entre las mujeres que habían mandado en Indias, señalando: “Doña Isabel Barreto, acaso ejemplo único de Almiranta efectiva en el mundo, llevó la escuadra á Filipinas con un rigor que no habían desplegado los hombres de mar y guerra”. Destacaba sobre estas mujeres:

“Mandaban las mujeres porque tenían dotes para ello, y no tanto en valor, así fuera temerario, (…) ó frío (…); no tanto en valor, digo, cuanto en penetración, firmeza ó ductilidad oportunas, y en elevación de miras.”

Esta conferencia, pudo ayudar a Concepción Gimeno de Flaquer que, al año siguiente, firma el artículo ‘Mujeres sud-americanas’, publicado en el semanario El Álbum iberoamericano (Madrid), el 14 de noviembre de 1903; en él, al referirse a las “americanas de raza española” las considera “dignas hijas de las mujeres que llevaron los conquistadores al Nuevo Mundo” y destaca algunas de estas mujeres, entre las que cita a Isabel Barreto: “D.ª Isabel Barreto ha sido la única española que ha desempeñado en efectivo el cargo de Almirante, pues llevó una escuadra a Filipinas”.

Primera página de ‘La Correspondencia de España’ (18 de febrero de 1865)

El periódico La Correspondencia de España, publicaba el 16 de agosto de 1906 un artículo firmado por Cástor Amí, titulado “Haciendo Historia. Zurbarán, Guadalupe y su tiempo (continuación)”, en el que el autor decía:

“Desde Isabel Barreto, que en las inmensas soledades del Pacífico, rotas por la tempestad sus naves, tripuladas por semicadáveres, sin armas, sin alimentos, se dirigía, sin embargo, enérgica y tenaz, sin cambiar de rumbo, en busca de lo desconocido por mares dantes nunca navegados, hasta las risueñas campiñas de Italia, con Leiva, Gonzalo, Pescara, Navarro, y más allá, hasta los mares de Corfú y Cefalonia, con Bazán, los Doria y su Príncipe Juan de Austria, el genio español lo abarcaba todo, y aún le quedaba fuerza y voluntad para poner una de sus plantas en Orán, Argel y Bugia, y la otra en Brujas, Amberes y Bruselas.”

Tres años después, en 1909, el general José Cebrián firmaba ‘Flotas de Indias’, publicado en El Mundo Militar el 10 de abril; al tratar la osadía de los navegantes acudía a la obra de Justo Zaragoza que ya se ha citado; así como a la de Fernández Duro, Armada Española (aunque sin mencionarla), y citaba a Isabel Barreto, a partir de los manuscritos que recogían el segundo viaje de Álvaro de Mendaña:

“entre los incidentes de él, el inconveniente de llevar á bordo mujeres de marinos, y cita la serie de disgustos que promovió en una expedición que se llevó á cabo en Abril de 1595, doña Isabel Barreto, esposa del adelantado, moviendo con los arranques de su apasionado carácter muchos desacuerdos y provocando con su soberbia y modales, no muy distinguidos, por cierto, las revueltas en el pasaje y alborotos continuos.”

Para después destacar el papel de Pedro Fernández de Quirós en los viajes recogidos por Justo Zaragoza: “El héroe principal de los viajes á que hemos hecho referencia fué el general Fernández de Quirós”.

En 1919 los exploradores de Murcia organizaron un certamen literario. El 5 de junio, el periódico El Liberal de aquella ciudad daba cuenta de la concesión de un accésit al trabajo titulado ‘Una exploradora española del siglo XIV [sic].- Vida y andanzas de doña Isabel Barreto’, firmado por el escritor cartagenero Carmelo Martínez Peñalver.

Al año siguiente se publicaba el libro Biografías Famosas. Figuras cumbres del destino humano, obra de Antonio Guardiola en la que se incluía la de Isabel Barreto. Los anuncios publicados en prensa destacaban a las mujeres que incluía dicho libro:

“¿Cuánto más nos enseñarán sobre el espíritu y el carácter femenino las vidas de Santa Teresa, de Juana de Arco, de María de Médicis, de María Tudor, de Elisabeth de Inglaterra, de Juana la Loca, de Catalina la Grande, de Madame de Sevigné, de Josefina, de María Teresa, de Beatriz Cenci, de la Almiranta doña Isabel Barreto… que todas las novelas, los dramas o los poemas imaginados por el genio universal?”

Portad de ‘La vuelta al mundo de un novelista’, de Vicente Blasco Ibañez

La figura de Isabel Barreto iba creciendo. El 22 de enero de 1920 María Espinosa, fundadora y presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas de Acción Feminista, daba una conferencia en la Academia de Jurisprudencia y Legislación, con el título ‘Influencia del feminismo en la legislación contemporánea’. Al día siguiente, el periódico El Mundo publicaba una amplia reseña del acto bajo el título ‘El Feminismo en España. Asociación Nacional de Mujeres Españolas’, en esta recogía el programa de la asociación y señalaba que la oradora había dedicado “frases de admiración” a distintas mujeres, entre las que estaba Isabel Barreto.

Por otro lado, Manuel Molina Mera publica en 1922, en El Eco de Santiago, una serie bajo el título genérico de ‘Biografías Gallegas’. El 1 de marzo sale a la luz la de Isabel Barreto, en la que el autor defiende el origen gallego de la biografiada y destaca su matrimonio “hacia 1586” con Álvaro de Mendaña, así como las circunstancias de su viaje en 1595. El 12 de diciembre de ese año, publica la de su primer esposo “Álvaro Mendaño de Neira”, en la que vuelve a defender el origen gallego de Isabel. El mismo autor publicaría la biografía del segundo esposo de Isabel: ‘Biografías Gallegas. Fernando de Castro y Ribadeneira’, en el periódico La Provincia, el 6 de junio de 1923, manteniendo que Isabel era gallega.

Ya en 1924, Vicente Blasco Ibáñez publica su libro La vuelta al mundo de un novelista; en él se suma a la tesis del origen gallego de Isabel Barreto y hace un breve resumen de su viaje:

“El rey de España le dio [a Álvaro de Mendaña] el título de Adelantado de las islas de Salomón, y con el resto de sus bienes, pudo organizar otra flota, luego de casarse con una dama gallega, de carácter varonil, llamada doña Isabel Barreto.”

Blasco Ibáñez considera la actuación de Isabel de Barreto, tras la muerte de su esposo, “uno de los episodios más interesantes y menos conocidos de la epopeya de los descubrimientos oceánicos” y destaca que ella es “la única almiranta que se conoce en la Historia”. Respecto a su llegada a Manila señala que como Isabel Barreto tenía el título de gobernadora de las islas de Salomón “la gente la llamó ‘la reina de Saba’”.

Después vinieron otros artículos, opiniones, biografías y novelas que han mantenido viva la memoria de Isabel Barreto hasta nuestros días. Quizás por ello, en 2004 el Ayuntamiento de Málaga decidió dar su nombre a una calle.

 


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Pérez Frías PL. Isabel Barreto de Castro, la Adelantada de los Mares del Sur, en las calles de Málaga. epistemai.es [revista en Internet] 2026 febrero (28). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9548

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