El castigo de Dirce en la literatura y el arte. De Eurípides a Picasso / Parte I: El mito en la Antigüedad pagana

 

Carlos Alcalde Martín

Doctor en Filología Clásica

 

Figura 1: Toro Farnesio. Museo Arqueológico de Nápoles

Muchos mitos son conocidos sobre todo gracias a las obras de arte. Una muy famosa representa el castigo de Dirce; es, para nosotros, la imagen por excelencia de este mito (Figura 1). Pero ese enorme grupo escultórico es llamado el “Toro Farnesio”, y a veces nos contentamos con los nombres sin preguntarnos por el contenido.

 

El mito de Antíope

Cuentan los relatos griegos y latinos que Zeus, con figura de sátiro, se acostó con Antíope, una princesa tebana, y la dejó embarazada. Según la versión más generalizada (Apollod. e Hyg. Fab. 8), por temor a la ira de su padre el tebano Nicteo, Antíope huyó de Tebas y se refugió en Sición, en la corte de Epopeo. Nicteo, desesperado, se suicidó y encargó a su hermano Lico que castigara a Epopeo y Antíope; Lico tomó Sición, mató a Epopeo y se llevó a Antíope quien, en el camino de vuelta a Tebas, en el Citerón, dio a luz a dos gemelos, Anfión y Zeto; abandonados por Lico, un pastor los encontró y los crio. Lico y su esposa Dirce tenían prisionera a Antíope y la maltrataban pero, una noche, sus ligaduras se rompieron milagrosamente y llegó huyendo al lugar del Citerón donde estaban sus hijos y el pastor. Dirce también se había dirigido a esos parajes con la intención de celebrar una bacanal y, cuando se encontró con Antíope, quiso matarla. Pero Anfión y Zeto, informados por el pastor de que Antíope era su madre, decidieron vengarla: ataron a Dirce a un toro, que la arrastró hasta que murió destrozada. Su cadáver fue arrojado a una fuente, que se llamó Dircea, o bien, según Higino (Fab. 7) la fuente brotó de su cadáver por obra del dios Dioniso ya que Dirce había sido bacante suya.

Las representaciones artísticas de Antíope en la Antigüedad que se han conservado son muy escasas y en ellas el mito se diluye en una escena erótica en la que ni siquiera el nombre del dios sino tan solo el de sátiro (Figuras 2 y 3). La unión sexual de Antíope y Zeus metamorfoseado en sátiro tuvo fortuna en el Renacimiento y el Barroco y son famosas algunas pinturas, como la del Correggio, en las que vemos a un sátiro contemplando con ávido deseo a una joven desnuda. Bellas pinturas cuyo recuerdo, sin embargo, al igual que en las representaciones antiguas, queda diluido y olvidado entre las abundantes representaciones artísticas de ninfas y sátiros (Figura 4).

Figura 2: Mosaico procedente de Zeugma (ss. III-IV). Museo de Gaziantep (Turquía)

Figura 3: Mosaico de la villa Antíopa (s. III). Rincón de la Victoria (Málaga). Gentileza de Aurelio Pérez Jiménez

Figura 4: Correggio, Júpiter y Antíope. Museo del Louvre (París)

EL SUPLICIO DE DIRCE

La muerte de Dirce se convierte en el episodio más llamativo del mito de Antíope, por lo que, en la Antigüedad, sus representaciones superan a otras partes del mismo.

La transmisión primaria, que llamaré pagana, del episodio del suplicio de Dirce comienza en la literatura griega con Eurípides, y posiblemente fuera una creación suya (quizás también creación de Eurípides fue la conexión del mito con el culto a Dioniso). En efecto, dos fragmentos de su tragedia perdida titulada Antíope son las referencias literarias más antiguas conocidas por nosotros. Uno de ellos formaba parte del relato de su muerte que hacía un mensajero:

ὁ Εὐριπίδης … ἐπὶ δὲ τῆς συρομένης ὑπὸ τοῦ ταύρου Δίρκης·

εἰ δέ που τύχοι

πέριξ ἑλίξας … εἷλκε … ὁμοῦ λαβὼν

γυναῖκα πέτραν δρῦν μεταλλάσσων ἀεί.

Eurípides … sobre Dirce arrastrada por el toro:

Y si se revolvía, se llevaba y arrastraba a la vez mujer, piedra y encina zarandeándolos sin cesar.

 

En otro fragmento, cuando Lico pregunta si su esposa Dirce ha muerto, Anfión, responde concisamente:

ὁλκοῖς γε ταυρείοισι διαφορουμένη.

Arrastrada y despedazada por un toro

Eurípides estrenó su Antíope en Atenas hacia finales del s. V. A los pocos años, esta pieza pasó a los teatros de Sicilia y Magna Grecia, donde las tragedias de Eurípides, y especialmente esta, tuvieron un enorme éxito. Las versiones míticas de las tragedias fueron plasmadas con frecuencia en las pinturas sobre cerámica, y especialmente en vasos de Sicilia y Magna Grecia.

 

EL ARTE GRIEGO

Los versos de Eurípides fueron la fuente de inspiración para las representaciones artísticas más antiguas que conocemos actualmente del suplicio de Dirce, todas posteriores a la tragedia Antíope: son tres pinturas en vasos suditálicos del s. IV a.e., las únicas conservadas del arte griego.

La representación pictórica más antigua procede de Magna Grecia y se fecha en torno al 400 a.e. (pocos años después del estreno de la Antíope); es un pelike de figuras rojas conservado en el Museo Nazionale della Sitiride (Figura 5). Aunque no hay un motivo iconográfico concreto procedente de la tragedia, la escena solo habría sido comprensible para alguien que conociera la obra de Eurípides.

Figura 5: Pelike c 400 a.e. Museo Nazionale della Sitiride (Italia)

Una crátera de cáliz siciliana, encontrada en las proximidades de Siracusa y fechada en torno al 380 a.e. sí presenta motivos que pudieran derivar de la tragedia: la cueva en la que se encuentran los hijos de Antíope, la rama de encina junto con el cuerpo de Dirce y la presencia de Hermes, que actúa como deus ex machina en la obra. También presenta motivos derivados de la tragedia una crátera de cáliz apulia, fechada en torno al 320 a.e.

 

Arte sin obra de arte: otras obras del arte griego que se han perdido

La obra más importante es el grupo escultórico del castigo de Dirce realizado por Apolonio y Taurisco de Tralles. Gracias a Plinio, NH 36. 33-34, sabemos que fue llevado de Rodas a Roma, se supone que tras el saqueo de la isla llevado a cabo por Casio Longino en el 43 a.e. y que formaba parte de la colección de esculturas de Asinio Polión. Hoy en día se conoce una copia romana del s. III e.c. muy célebre, denominada “Toro Farnesio”. Es la obra que se impone a todas las demás que conocemos tanto en el arte griego como en el romano sobre el mito de Dirce. Mide aproximadamente 4 metros de altura y causó gran sensación cuando se descubrió en Roma, en las termas de Caracalla, a mediados del s. XVI. Vemos a dos hombres jóvenes, Anfión y Zeto, que atan a una mujer, Dirce, a los cuernos de un toro para que la arrastre y la destroce.

Lo que se puede asegurar de esta obra es la intención de sus autores de representar el patetismo por medio de la expresión del rostro de Dirce y de la contorsión de su cuerpo, como también lo representan otras esculturas del período helenístico. Por lo demás, no hay seguridad ni unanimidad entre los especialistas en historia del arte acerca de las circunstancias en las que fue creada. De las diferentes dataciones que se proponen, una muy probable es hacia el 160 a.e. Se ha sugerido que el grupo escultórico pudo ser un monumento erigido en honor de Eumenes II y su hermano Atalo y constituir una metáfora mitológica de la unidad de los dos hermanos y de la devoción a su madre. Además, es muy posible que esta representación del suplicio de Dirce tenga una motivación, con origen en la Antíope de Eurípides, en el culto a Dioniso, muy arraigado en Pérgamo en la época de los Atálidas. Pero no hay pruebas concluyentes de su vinculación con estos ni se sabe quién encargó la obra. La posible vinculación a los Atálidas y al círculo de arte de Pérgamo del grupo de Dirce estaría justificada por dos motivos conocidos. Un motivo es que Apolonio y Taurisco fueron tal vez adoptados por Menécrates (según Plinio NH 36.34), uno de los escultores de la Gigantomaquia del Altar de Zeus, de la época de Éumenes II. El otro es que el grupo escultórico, si fue realizado sobre el 160 a.e., es contemporáneo de otra representación del suplicio de Dirce en un santuario de Cícico, también perdida pero conocida gracias a una écfrasis, que sí está estrechamente relacionada con los soberanos de Pérgamo. En la producción de las dos obras se ha visto una posible motivación política. La iconografía muestra también una relación entre las dos obras: el grupo de Apolonio y Taurisco representa, a juzgar por la copia romana, el momento en que Zeto y Anfión atan a Dirce al toro, antes de que este la arrastre, y el relieve de Cícico, a juzgar por la écfrasis, reproducía también este momento. Muchas obras posteriores presentan la misma iconografía.

Lo mismo que un episodio mítico pasa de la literatura al arte, también ocurre al revés, que pasa del arte a la literatura. Es el caso de las écfrasis, gracias a las cuales conocemos algunas obras de arte que se han perdido.

El libro III de la Antología Palatina contiene un total de diecinueve epigramas, cada uno de ellos introducido por un lemma en prosa, que narran historias míticas de devoción hacia una madre por parte de sus hijos. El lemma introductorio del conjunto de los epigramas informa de que esos mitos estaban representados en stylopinakia (normalmente se entienden como bajorrelieves, aunque algunos los consideran tablas pintadas) que adornaban el templo que Eumenes II y Atalo II de Pérgamo erigieron en honor de su madre Apolónide en su Cícico natal poco después de su fallecimiento en el 159 a.e. No se conocen otros testimonios literarios sobre tal santuario ni confirmación arqueológica, pero la descripción de los relieves con la orientación a los diversos puntos cardinales puede ser una confirmación de su existencia real. El epigrama que narra el suplicio de Dirce va precedido del siguiente lemma:

La séptima (i.e., columna con el bajorrelieve), en el lado norte, representa la historia de Anfión y Zeto atando a Dirce a un toro porque, llevada por unos celos furiosos, había maltratado sin mesura a Antíope, a la cual su padre Nicteo había entregado al rigor de Lico, esposo de Dirce, para que la castigara por su falta.

El epigrama dice así:

Anfión y Zeto, cachorros de Zeus, matad a Dirce, verdugo de vuestra madre Antíope, a la que antes tenía encadenada por una cólera furiosa; ahora ella, suplicante, os implora llorando. Vamos, que sea doble la cuerda con la que la atáis al toro para que arrastre su cuerpo hasta el fondo del barranco.

Hay un rasgo muy importante que diferencia esta obra de arte perdida de todas las otras representaciones artísticas del mito de Dirce que conocemos, y es su intención clara de representar la piedad filial hacia una madre. No lo expresan el epigrama ni el lemma, pero el contexto de la representación artística lo hace evidente.

 

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Alcalde Martín C. El castigo de Dirce en la literatura y el arte. De Eurípides a Picasso. Parte I: El mito en la Antigüedad pagana. epistemai.es [revista en Internet] 2026 febrero (28). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9597

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