Isabel Barreto de Castro, la Adelantada de los Mares del Sur, en las calles de Málaga

 

Pedro Luis Pérez Frías
Doctor en Historia. Academia Andaluza de la Historia

 

En nuestro recorrido por las calles de la ciudad de Málaga, nos llama la atención encontrarnos con el nombre de Isabel Barreto; no por desconocido, ya que, desde finales del siglo pasado hasta ahora, la prensa y la literatura han acudido frecuentemente a ella, y a su historia, para destacar su figura como modelo de la lucha de la mujer por su propia identidad en un mundo de hombres. Lo que llama la atención es su aparente falta de relación con la ciudad de Málaga.

La reseña histórica que ofrece la web del callejero municipal no ofrece información al respecto, ni siquiera la fecha de aprobación del nombre para la vía de Churriana que hoy lo ostenta:

“Navegante española del siglo XVI. Casada en el Perú con el adelantado Álvaro de Mendaña, acompañó a éste en su segundo viaje (1595), en el que descubrió la isla de Santa Cruz, y al morir su esposo asumió el gobierno de las tierras conquistadas. Fue el único adelantado de sexo femenino en toda la historia de la conquista de América”.

Localización de la calle Isabel Barreto en el callejero de Málaga

La documentación existente en el Archivo General de Indias nos permite ampliar esa breve reseña. Así, por declaraciones de diversos testigos, prestadas en 1602, sabemos que Isabel era hija de Nuño, o Nuno, Rodríguez Barreto y de Mariana de Castro, de cuyo matrimonio nacieron varios hijos, entre otros, Luis, Lorenzo, Gregorio, Diego, Antonio, María (o Mariana), Beatriz y la citada Isabel.

La madre, Mariana de Castro, había estado casada anteriormente con Alonso Martín de don Benito, uno de los primeros descubridores del mar del Sur y de los conquistadores de Perú con Francisco Pizarro, y que, anteriormente, había servido a las órdenes de Vasco Núñez de Balboa, según una información de sus servicios realizada en la ciudad de Los Reyes (Perú), en 1536.

En cuanto al padre, consta en una liquidación de los bienes de difuntos en las Indias, del año 1598, que murió en Lima en dicho año y que era natural de “la isla de la Madera”, es decir de Madeira; así como que había hecho testamento en el que nombra albacea de sus bienes a su esposa, Mariana de Castro y por herederos a sus hijos: “don Geronimo Barreto y a don Diego Barreto y don Luis Barreto y don Gregorio Barreto y don Antonio Barreto y doña Isabel Barreto, mujer de el adelantado Álvaro de Mendaño y doña Mariana de Castro y doña Leonor de Castro, todos mis hijos”.

Por la información de 1602 y otra realizada en 1648 y 1649, a instancia de su nieto Diego Barreto de Castro y Figueroa, se constata que Nuño Rodríguez Barreto, nombrado también como Nuño Barreto, casó a Isabel con el adelantado Álvaro de Mendaña, con la entrega de una dote de más de 40.000 ducados; así como a su hermana María, con el marino Lope de la Vega. Estos matrimonios se pueden considerar de conveniencia, ya que, gracias a ellos y a la incorporación de Luis, Lorenzo y Diego a la proyectada expedición del adelantado, don Nuño aportó toda su fortuna al segundo viaje que pretendía realizar Mendaña a las islas Salomón, descubiertas por él en 1567.

Este segundo viaje se inició en 1595 y tendría resultados nefastos, con la muerte del propio adelantado y de su cuñado Lorenzo, más la desaparición con su nave de Lope de la Vega que ostentaba el cargo de almirante. Pero supondría el inicio del protagonismo de Isabel de Barreto.

En el citado Archivo de Indias se encuentra un extenso expediente descrito genéricamente como: “Expediente de Isabel Barreto, mujer que fue de Álvaro de Mendaña, sobre cumplimiento de la capitulación sobre el descubrimiento de las islas de Salomón, y sobre que continúe dicho descubrimiento su segundo marido, Fernando de Castro”. En él están varias reclamaciones de Fernando de Castro, en nombre de su esposa Isabel Barreto, presentadas en la ciudad de México, entre 1597 y 1603. Así como diversos documentos que aportó el matrimonio como justificación de sus derechos, los cuales permiten reconstruir esa aventura que comienza el 27 de abril de 1574, cuando se firma en Madrid el “asiento” de Álvaro de Mendaña con el Rey Felipe II, por el cual aquel se comprometía a: “poblar y pacificar las islas de Salomón, y tierras aledañas, que había descubierto anteriormente”. Pocos meses después, el 20 de agosto de ese año, se firmaba una real cédula por la que se concedían a Álvaro de Mendaña ciertas mercedes, en virtud de los servicios prestados al Rey anteriormente.

Y relacionados directamente con el viaje, iniciado en abril de 1595, el expediente contiene documentos tan interesantes como el testamento de Álvaro de Mendaña, otorgado el 18 de octubre de 1595, en la bahía Graciosa de la isla de Santa Cruz; un poder de los supervivientes que quedaban en aquella isla a la muerte del adelantado, otorgado al “vicario de la armada” y una petición firmada por éste, como representante de aquellos, proponiendo “lo que debía hacerse para salir de aquella isla”, de fecha 30 de octubre de 1595. En esa misma fecha se cerró una información, en la que declararon 9 testigos “de los más acreditados de la tripulación”, exponiendo: “lo que había pasado a la armada desde que salió de El Callao de Lima, en abril de 1595, habiéndoseles perdido o desaparecido la nao almiranta, una de las cuatro que componía la armada antes de llegar a la isla de Santa Cruz”

Como consecuencia de ella, Lorenzo Barreto, que sucedió como general a Álvaro de Mendaña, mandó el 31 de octubre: “aprestar la armada para salir de allí por malsana y morir allí mucha gente”. Sin embargo, la salida no fue inmediata, como pone de relieve una segunda resolución contenida en el mismo expediente, de fecha 14 de noviembre de 1595, firmada por la propia Isabel Barreto que daba cuenta de su decisión como adelantada:

“Resolución tomada por la viuda adelantada el 14 de noviembre de 1595, sobre la salida de aquella isla e ir a la de San Cristóbal en busca de la nao almiranta y de allí a Manila y proveerse de la gente que tenía esta nao y de otras cosas con el fin de volver pronto a Santa Cruz y poblarla”.

 

Portada de la ‘Revista Contemporánea’. número1, 15 de diciembre de 1875

En el expediente se incluyen dos documentos redactados en Manila, tras la llegada de Isabel Barreto y el resto de los supervivientes al puerto de Cavite, a bordo de la capitana ‘San Jerónimo’, único buque que quedaba de los cuatro con los que se inició el viaje en el Callao. El primero, el auto mandado formar por el capitán general de Manila, firmado el 15 de mayo de 1596, para averiguar las causas del arribo de la armada de Isabel Barreto al puerto de Cavite. El segundo es una información sobre lo que se acordó al respecto, en la que se relataba toda la historia de la expedición hasta su llegada a Cavite.

Cierra este expediente la orden del capitán general de Manila, de fecha 4 de julio de 1596, por la que mandó sacar copias autorizadas de todos los documentos que componen este expediente, para remitirlas a Su Majestad, y entregarlas a la viuda de Mendaña, Isabel Barreto. Se encuentra también en el mismo archivo una carta del propio capitán general de Filipinas Luis Pérez das Mariñas, de fecha 30 de junio de 1597, en la que, entre otros asuntos, da cuenta de la llegada de Isabel Barreto y su gente a aquellas islas, así como de su partida hacia Nueva España:

“aquí allegó de arribada doña Isabel Barreto mujer del gobernador y adelantado Álvaro de Mendaña que con orden de V. M. fue a la pacificación de las islas occidentales de la mar del Sur en cuyo discurso murió él y muchos de los que con él iban y los que quedaron llegaron en un navío y galeota a estas islas con artos trabajos necesidad y peligros que padecieron (…) También se le ha ayudado para su ida y vuelta en su navío este año por haberlo pedido, de su llegada y suceso se han hecho algunas diligencias que envío a V. M. y porque doña Isabel informará más en particular de su suceso y cosa a V. M. dejo de referir la relación que de esto se ha tenido”.

Además, existen diversos manuscritos en la Biblioteca Nacional de España y otros archivos en los que se relata lo sucedido en esta expedición, tomando como protagonista al piloto mayor de ella, el portugués Pedro Fernández Quirós. Más de dos siglos y medio después, en 1876, Justo Zaragoza publicaba un libro titulado Historia del descubrimiento de las regiones australes hechos por el general Pedro Fernández de Quirós, en el que la mayor parte de su contenido era la historia de la fallida expedición de Álvaro de Mendaña e Isabel Barreto.

La obra no parece que tuviese mucha repercusión y la figura de Isabel Barreto continuó ignorada, hasta que en 1892 Luis Vidart hace una breve referencia a ella en un artículo titulado ‘Colón y Bobadilla’, publicado en el nº 85 de la Revista Contemporánea, el 15 de febrero de ese año. En él se incluía un boceto dramático con el mismo título, en cuya primera escena ponía en boca de su personaje Don Antonio Peña y Goñi estas palabras:

“Tres Isabeles: la gran reina de Castilla, Isabel la Católica; la gobernadora de la isla de Cuba, Dª Isabel de Bobadilla; la viuda de Álvaro de Mendaña, Dª Isabel Barreto, que continuó y terminó los viajes de su difunto marido, descubriendo y explorando varias islas de lo que hoy se llama Oceanía…. Si Emilia Pardo Bazán se entera de que en el siglo XVI se consideraba que la mujer podía servir para gobernar en ausencia de su marido (…) y que hasta la acataban como jefe aquellos valerosos marinos, que arriesgaban sus vidas en el descubrimiento de tierras y mares.”

Un año después, el mismo autor firmaba el artículo ‘Causas de los errores históricos referentes al descubrimiento de América y Oceanía’, publicado en el órgano oficial de la Junta Directiva encargada de disponer las solemnidades que habían de conmemorar el descubrimiento de América, la revista ilustrada El Centenario. En él incluía una breve cita a Isabel Barreto y su papel en relación con el descubrimiento de Australia y Oceanía:

“Los españoles, que al mando de Magallanes habían descubierto las islas Filipinas en 1521, descubrieron también las Carolinas en 1526, y a fines del siglo XVI y principios del siguiente, Álvaro de Mendaña, su viuda Isabel Barreto, Luis Vaca de Torres y el portugués Pedro Fernández de Quirós, completaron el conocimiento geográfico de los archipiélagos que durante mucho tiempo se han considerado como islas asiáticas y que hoy forman la quinta parte de la tierra llamada generalmente Oceanía, y Mundo marítimo, por algunos autores.”

 

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Pérez Frías PL. Isabel Barreto de Castro, la Adelantada de los Mares del Sur, en las calles de Málaga. epistemai.es [revista en Internet] 2026 febrero (28). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9548

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