Inmaculada Gómez Villegas
Francisco García España
Licenciada en Historia por la UNED Epidemiólogo y Doctor en Medicina
El reinado de Carlos II (1665-1700) dio fin a la dinastía de los Austria en España, y se desarrolló en unas condiciones de gran dureza para la mayoría de la población, pues todo el territorio nacional tenía que aportar hombres y medios a las casi continuas guerras en Europa, principalmente contra la poderosa Francia de Luís XIV; contra la presión de los berberiscos en el Mediterráneo y contra los corsarios en las posesiones americanas.
Asimismo, el auge de las comunicaciones facilitó la difusión de grandes brotes epidémicos. El puerto de Málaga mantenía una importante actividad de entrada y salida de mercancías y tropas por su función de abastecimiento de las armadas reales y de los presidios (fortalezas) del norte de África: Melilla, Orán y Mazalquivir, además del comercio internacional de los productos locales.

Figura 1. Plano del Resinto de la Ziu[dad] de Málaga con el proyecto de sus muelles (textual). Bartolomé Thurús, 1720, Archivo General de Simancas, AGS04287
El rey Carlos II murió sin descendencia y España empezó el siglo XVIII con la Guerra de Sucesión, que finalizó con la llegada de los Borbones al trono y supuso la difusión y puesta en marcha de las nuevas ideas de la Ilustración gracias a la gestión económica y política de técnicos con formación académica: Patiño, Ensenada, Carvajal, Wall, Esquilache, Campomanes, Grimaldi y Floridablanca, que impulsaron las comunicaciones y el comercio: “…el cambio se lograría si se mira el dinero extraído, si se numera la gente que lo consume, si se trata de hacer tolerables los tributos, de que florezca el comercio. se aumenten las fábricas y no se abandone el cultivo; si se piensa, cómo importar, en adelantar la marina y en que aprovechen a la Corona…» (Marqués de la Ensenada, 1751).
La creación en 1711 del Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército permitió iniciar la actualización de las infraestructuras defensivas y las instalaciones portuarias imprescindibles para activar el comercio. El proyecto de adecuación y defensa del puerto de Málaga propuesto por el ingeniero de origen flamenco Bartolomé Thurus fue aprobado por el rey el 24 de enero de 1718, aunque tras su fallecimiento el proyecto fue reelaborado por el ingeniero Jorge Próspero Verboom en 1722, y completado por Pedro Martín Cermeño (Figura 1).

Figura 2. Plano de la parte meridional de la Plaza de Málaga comprehendida desde la Puerta del Ángel hasta el Puente antiquisimo nombrado San Andrés (textual). Martín Cermeño, 1774. AGS00192
El tradicional monopolio de la Casa de Contratación de Sevilla del comercio con América era un grave obstáculo, por lo que a lo largo de todo el siglo se fueron promulgando sucesivas medidas de liberalización orientadas a su sustitución por el sistema de navíos de registro y avisos para potenciar y diversificar el comercio.
La intensa actividad en favor de Málaga que realizó José de Gálvez desde su cargo de Secretario del Despacho Universal de Indias, favoreció la economía local y potenció el interés por la cultura y los conocimientos propios de las ideas de la Ilustración, orientado a fomentar la agricultura, la industria y la navegación. Asimismo, se introdujo el novedoso concepto de embellecer la ciudad, que tuvo como consecuencia un importante cambio en su imagen (Figura 2).
En 1778 por Real Orden se concedió el libre comercio a los puertos de Alicante, Barcelona, Cádiz, Gijón, Málaga, Palma, Santa Cruz de Tenerife, Santander y Sevilla, y su impacto en la economía del puerto de Málaga repercutió en toda la ciudad.
En 1784 Miguel de Gálvez, ministro del Consejo de Guerra de Carlos III comunicó al Cabildo municipal malagueño la aprobación real del proyecto del teniente de Ingenieros Fernando López Mercader de un paseo frente a la Puerta del Mar, para “decoro de la ciudad de Málaga, comodidad de la tropa y desahogo del pueblo y marinería”.
En 1784 se inauguró el Acueducto de San Telmo, financiado y construido a instancias del obispo José Molina Lario. para abastecer a la ciudad y el puerto con el agua del río Guadalmedina.
En 1785 se refundó el Consulado Marítimo y Terrestre y se construyó la sede del Montepío de Socorro a los Cosecheros en la plaza de la Constitución, actual sede de la Sociedad Económica de Amigos del País.
En 1787 se constituyó el Real Colegio Náutico de San Telmo, con preferencia para formar a los niños huérfanos de trabajadores del mar, y se edificó la Nueva Real Aduana, actualmente Museo (Figura 3).

Figura 3. Plano esquemático de Málaga en 1780. Archivo Díaz de Escovar. IECA1988110472
Málaga se convirtió en un punto de atracción para las gentes de los campos y de otras ciudades, y aumentó la población, especialmente en los barrios de la Trinidad, Perchel, Capuchinos y la Victoria.
El Real Decreto de junio de 1761 ”para hacer caminos rectos y sólidos en España, que faciliten el comercio de unas provincias a otras” se concentró en los viarios principales y de comunicación con la capital, pero el incremento de la actividad comercial del puerto y del desarrollo industrial de Málaga, y las necesidades de intercambio de recursos de importación y exportación exigían disponer de vías de comunicación por tierra con el importante centro de distribución regional de Antequera, y con las principales zonas productivas susceptibles de exportación, como las vegas.
El extremo oriental de lo que actualmente es el municipio de Málaga es un territorio muy accidentado, con colinas pizarrosas y potentes afloramientos calizos que llegan hasta el litoral entre arroyos susceptibles de sufrir grandes crecidas en épocas de lluvias. En consecuencia, en el siglo XVIII la comunicación por tierra entre Málaga y Vélez Málaga exigía desviarse al interior para superar los acantilados que volcaban sobre el mar en el cerro de San Telmo, el Cantal de Almellones, el Cantal de la Cruz, el Cantal de la Victoria y el Cantal de la Torre Jaral, por los que solo era posible transitar por caminos de herradura, lo que reducía drásticamente las posibilidades de comunicación y comercio entre la capital y la importante producción agrícola de la Axarquía.

Figura 4. Puerta de la Axarquía. Fotografía de autor desconocido en 1987
Velez Málaga concentraba la distribución de especialidades de la Axarquía occidental que eran muy solicitada para la exportación, tanto agrícolas: pasas, uvas, aceite, frutos secos, cítricos y frutas tropicales (chirimoyas); como de las pujantes industrias de los ingenios del azúcar, el vino y las destilerías de licores, y las dificultades del transporte por tierra favorecía la salida por el mar de productos, al margen del control impositivo del Estado.
La conjunción de los intereses de fiscalización de las Juntas (Ayuntamientos) de Málaga y Vélez Málaga, con los de la familia Gálvez, que ostentaba el monopolio de la fabricación de las barajas de naipes para América, hizo posible que en 1784 el conde de Floridablanca, como Secretario de Estado de Carlos III y Superintendente de Caminos, publicara la Real Orden de construir un camino carretero entre Málaga y Vélez Málaga, cuya imagen principal es la Puerta de la Axarquía (Figura 4).
Todos los cambios económicos que se van produciendo a lo largo del siglo XVIII, generarían distintas revoluciones sociales que cristalizarán en la desaparición del Antiguo Régimen, y posteriormente, a lo largo del siglo XIX, darán lugar a la aparición de nuevas mentalidades: cientificismo, individualismo, liberalismo, socialismo, anarquismo… de los que la Puerta de la Axarquía será testimonio de toda una época que nunca se debería perder.
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epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Gómez Villegas I, García España F. La Puerta de la Axarquía (I). El legado de Carlos III. epistemai.es [revista en Internet] 2026 junio (29). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9804
