El Llano de la Virgen, un yacimiento prehistórico que quiso hacerse visible

 

 

Juan Fernández Ruiz
Doctor en Historia, Especialidad en Prehistoria,
Titular de Universidad y Secretario Gral. de la SEMA

 

Hace ya algunos años, no importa si fueron muchos o pocos, tuve la ocasión de acudir en Vélez a la presentación de un libro sobre los monumentos de mi pueblo. Entre otros temas se trató de la historia de un convento que ‘pasó a mejor vida’ en la segunda mitad del siglo XX, o sea, no hace mucho. La sensación que me produjo el acto fue en primera instancia la de un lamento por la pérdida de un patrimonio cultural y artístico. Estaba ante un hecho para mí penoso, aunque me animaba y me alegraba la protesta de mis paisanos porque ¡ya iba siendo hora de que la ‘sensibilidad’ de los veleños aflorara públicamente y se manifestara sin tapujos ni hipócritas lamentaciones!

La pérdida de un bien cultural e histórico es siempre una tragedia y cualquier intento de justificación, un acto reprobable. Esto lo aprendí de mi padre que tenía una especial sensibilidad por el patrimonio cultural de su pueblo. Hace ya también algunos años, ocurrió algo parecido con la demolición de otro convento, esta vez en Coín. Cristo Rey, en la salida hacia Monda, cayó también ante picos y máquinas que hicieron de él un montón de escombros. Una protesta cívica sólo salvó la original torre triangular de la iglesia. Una pérdida enorme, sin embargo, de patrimonio histórico y de información del pasado que no se quiso conservar, restaurar y darle otras funciones, al menos de mantenimiento. El ambiente favorable al desarrollo de la construcción especulativa lo hacía insostenible.

Fig. 1. Cuando todavía no teníamos drones para documentar

En ambos casos la historia se repite. Un bien desamortizado de la Iglesia pasa a manos privadas, que intencionadamente o no, deja en ruinas la obra y la convierten en un ‘consumible’ para la avidez del mercado que, con la connivencia de agentes sociales y políticos, ‘derivan’ responsabilidades y ‘dejan hacer’ a los que sin escrúpulos ven una fuente de ganancias en la recalificación del patrimonio de todos, nuestro pasado, la Historia, nuestra historia.

Y estos dos ejemplos de yacimientos históricos malagueños son una pequeñísima parte de los innumerables desmanes que se cometen contra nuestro pasado y nuestra identidad cultural, no sólo desmanes históricos, sino que se extienden por períodos anteriores a la invención de la escritura, o sea, a yacimientos arqueológicos prehistóricos, que, por falta de visibilidad muchas veces corren mucho más peligro de destrucción y olvido. Y la cosa se agrava porque, en el caso de los prehistóricos, son mucho más escasos y la información que contienen está más encriptada.

El Llano es una de esas singulares huellas que todavía se conservan, aunque en estado virtual, como todo ser inextenso, como lo es el pasado. En nuestro caso, unos vestigios disfrazados de paisaje familiar, restos arqueológicos, que, por ser signos de nuestra Historia, se constituyen en meollos que sustentan nuestra identidad, que son piedras de apoyo para poder comprendernos y poder proyectarnos hacia el futuro. O sea, me estoy refiriendo al pasado como aquello que, al volver la cara y mirar atrás, nos indica y nos orienta hacia el rumbo que lleva el ser humano en su recorrido existencial, como especie. La Historia es, pues, la descubridora del ‘sentido entre comillas’ de lo humano. Conocer nuestras raíces y familiarizarnos con lo que somos nos sirve para iluminar lo que debe ser nuestro quehacer diario, porque somos flechas lanzadas en una dirección, no voluntaria en sus inicios, pero que, a estas alturas de la evolución, cada vez depende más de nosotros mismos. El futuro cada vez es más nuestro.

Contribuir a este conocimiento de nuestro pasado es la labor fundamental del historiador. Y dar a conocer, aunque sea modestamente, algún trocito de este pasado es algo que, apasionadamente, hemos procurado hacer en nuestra etapa de docente activo y ahora, cuando ha llegado el otoño de nuestra vida, esa tarea sigue estimulándonos y enorgulleciéndonos. Esto es, pues, lo que motiva esta glosa sobre un yacimiento que aún permanece en la sombra, a pesar de haber visto la luz desde hace ya casi 10 lustros. Les invito a que me acompañen en esta visita online al yacimiento del Llano de la Virgen de Coín. De esta forma espero que sepamos algo más de los humanos que anduvieron por estas tierras. En el tiempo nos situaremos entre los años que se extienden, de forma muy laxa, entre el 3.000 a. de C. y el 1.000 a. de C., dos milenios de pasado, vistos a la distancia de más de tres mil años que separan lo que fue de lo que es.

Pero antes de entrar en la descripción del yacimiento me gustaría que compartiésemos unas reflexiones acerca de la arqueología y de la práctica arqueológica. Es un poco como tratar de justificar la imagen que tenemos ante nosotros, un individuo ‘con las patas colgando’ tratando de interpretar lo que queda por debajo (fig. 1). Tres puntos para reflexionar que nos sirven como preámbulo antes de entrar en materia. En primer lugar, todo yacimiento, como toda realidad que intentamos interpretar, es un enclave en donde convergen dos mundos diferentes y complementarios: el mundo de lo trascendente, invisible, fuera de la cápsula que nos envuelve. Y el mundo de lo inmanente, de lo que entra por los sentidos y nos es propio, el interior de ese espacio en el que vivimos. Esta percepción, que es dual, es propia y exclusiva sólo de los humanos. Somos los únicos seres capaces de conjugar esos dos universos. Ningún animal puede sospechar siquiera que hay algo distinto de lo que ‘sienten’ sus sentidos.

 

Fig. 2. Vista del yacimiento desde el este

Fig. 3. Indicios arqueológicos que condujeron a la localización e identificación del yacimiento

En segundo lugar, hemos de acostumbrarnos a que nuestras vidas transcurran en un espacio tunelado, embolsado, en un lugar y un tiempo determinados (el que nos ha tocado vivir) y en él, con la luz de la razón, tratamos de conocer todo lo que nos rodea. Actuamos como si en el interior, con las lámparas de la ciencia, pudiésemos encontrar respuestas a las preguntas que nos hacemos. Verdaderamente hoy por hoy la imagen de nosotros mismos y de lo que nos rodea la hemos iluminado aceptablemente, pero quedan respuestas por dar: Por ejemplo ¿Cómo entramos en la vida, en este túnel de oscuridades y dudas por el que discurrimos? ¿Qué papel desempeñamos en este lugar, que no hemos elegido, pero que nos ha sido dado? ¿Cuál es la salida, cuál el sentido de nuestro discurrir?

Y, en tercer lugar, si apuramos, preguntándonos por lo de afuera del túnel, la cuestión se envuelve en una neblina ciega, en nebuloso misterio. Pero, pese a que no sepamos nada de él, es algo que está ahí, no es algo que nos hayamos inventado o imaginado.

Hechas estas reflexiones previas, ahora sí, nos ocuparemos del objeto central de nuestra intervención, el yacimiento arqueológico del Llano de la Virgen de Coín. Un yacimiento que se encuentra en standby, a la espera de una publicación de una documentación más extensa y profunda de lo que hasta ahora se ha registrado, pues le quedan a la investigación muchos flecos que completar y problemas que resolver.

Tomando como referencia la vista del yacimiento desde unas lomas algo más altas, situadas al este (fig. 2), se distinguen de derecha a izquierda: la Ermita de la Fuensanta, el Palomar, ruinas de una construcción moderna que debió ser una casa de labor, el Cerro de las Calaveras (detrás en la imagen del Llano, el topónimo resultó justificado por la ubicación en él de una necrópolis medieval) y el Llano propiamente dicho, que es la superficie plana de la imagen perfectamente perfilada por laderas delimitadoras.

Fig. 4. Planimetría del yacimiento

En la imagen cenital del yacimiento figuran fotogramas de ‘señales’ que delataron la presencia del yacimiento arqueológico (fig. 3). Confirmaban la sospecha que había suscitado la recogida que el compañero de Escuela Hogar, García Manzano, había hecho de cerámicas a mano en el lugar. A ellos se sumaron: un cráneo y huesos largos (sobre ellos llamaron la atención algunos alumnos de la Escuela Hogar que con cierta frecuencia iban de excursión por estos andurriales), restos de estructuras funerarias descubiertas en trabajos de ampliación del camino de acceso a la Ermita por la parte oeste y otra estructura, pensamos que de enterramiento también, cercana al Molino, que después veríamos relacionada con el puñal de lengüeta que había recogido en superficie Annette Deletaille, propietaria del Molino construido junto al río Pereilas en la ladera este del cerro del Llano.

Estos indicios fueron los que nos indujeron a solicitar permisos para excavar y documentar lo que potencialmente parecía un yacimiento prehistórico interesante. A lo largo de varias campañas, la de 1983 la más intensiva, recabamos del yacimiento los datos que a continuación reseñamos:

En la figura 4 puede verse, a la izquierda, la planimetría que realizó Castejón Gordo y a la derecha el detalle de las estructuras horizontales excavadas, los cortes, dieciocho en total. O sea, una extensión grande, aunque muy irregular en cantidad y calidad de datos, ya que los más cercanos al borde de la llanada tenían una importante potencia estratigráfica (en torno a los 2 metros) frente a las zonas más al interior, que apenas habían acumulado depósitos de unos pocos centímetros.

Fig. 5. Perfil y materiales significativos de los niveles más modernos

Fig. 6. Perfil y materiales significativos de los niveles medios

En el estudio de la estratigrafía el yacimiento, el camino para describir las estructuras verticales será de arriba abajo, o sea, será un viaje en el tiempo desde lo más moderno a lo más antiguo, sirviéndonos de guía el perfil oeste del Corte I (fig. 5).

En primer lugar, aparecen dos estratos, el Superficial y el I, cuyos materiales más representativos son las cerámicas esgrafiadas y los cuencos de carenas altas. A continuación, se documentaron tres estratos que parecen constituir el floruit de la ocupación, pertenecientes a una fase 2, con vasos cerámicos de carenas medias y orzas de almacenamiento como materiales más significativos (fig. 6). Tras este paquete estratigráfico tenemos los niveles iniciales de la ocupación del Llano, que a juzgar por la presencia de cerámicas con decoración campaniforme se situarían en una fase de la Edad del Cobre tardío. A modo de sospecha bien fundamentada, en la base de la estratigrafía hay materiales como las fuentes de borde engrosado y las de borde exvasado (junto con los cuernecillos de arcilla) que nos hacen abrigar la sospecha de la existencia de una etapa más antigua que la anterior, ya de la Edad del Cobre Pleno (fig. 7 y 8). Y esa sería la etapa de fundación del poblamiento.

Fig. 7. Perfil y materiales significativos de los niveles iniciales

Fig. 8. Perfil y materiales significativos de la primera y más antigua ocupación

Fig. 9. Fases culturales y cronología del yacimiento

Tendríamos tres fases culturales que, en términos cronológicos serían (fig. 9): una fase final, Bronce Reciente, que ocuparía la segunda mitad del segundo milenio (1500-1000 a. C.). En ella es de destacar que no hay atisbos de contactos con los primeros colonos orientales. Por lo que suponemos que se abandona el lugar sobre el 1000 a. C. y comienza su destrucción ruinosa. Su población probablemente se disemina y la más que probable nueva situación económica, con el impacto de la población extranjera procedente del Mediterráneo oriental (directa o transferida) hace buscar a la población otros puntos del territorio que tengan otras condiciones estratégicas y de control, condiciones más adecuadas al nuevo estado de las cosas.

Una segunda fase cultural, Plena Edad de Bronce, que parece situarse en torno a la primera mitad del segundo milenio antes de Cristo (2000-1500). Etapa en la que se consolida el impulso iniciado con la innovación tecnológica de la metalurgia. Y una fase inicial, primera ocupación documentada, Bronce Antiguo, que cuenta con una fecha de 2537 Calibrada ANE lo que la situaría, por lo menos, hacia mediados del tercer milenio antes de Cristo, fechas que nos aproximan a la Edad del Cobre.

 

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Fernández Ruiz J. El Llano de la Virgen, un yacimiento prehistórico que quiso hacerse visible. epistemai.es [revista en Internet] 2026 febrero (28). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9383

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