Mujeres en los Juegos Olímpicos, un camino lleno de dificultades

 

El derecho de las mujeres a participar en deportes fue incluido formalmente por primera vez a nivel internacional en 1979 en la Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women (Convención sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra las Mujeres). Algunos años más adelante, en 1994, el The International Working Group -IWG- on Women & Sport (Grupo de Trabajo Internacional sobre Mujeres y Deporte) celebró su World Conference on Women and Sport (Conferencia inaugural Mundial) en Brighton (Reino Unido). De ahí salió la ‘Declaración de Brighton’, un acuerdo de 82 países para apoyar el desarrollo de un sistema más justo y equitativo en el deporte y la actividad física a todos los niveles, y en todas las funciones y roles, una iniciativa que el Comité Olímpico Internacional (COI) apoyó y firmó. Al año siguiente, Naciones Unidas organizó en Pekín la Fourth World Conference on Women: Action for Equality, Development and Peace (4ª Conferencia Mundial sobre Mujeres: Acción para Igualdad, Desarrollo y Paz). El resultado, la Beijing Declaration and Platform for Action, conocida como la ‘Declaración de Pekín’, incluyó por primera vez una referencia específica al deporte como herramienta para la igualdad de géneros y el empoderamiento de las mujeres.

Evolución de la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos de Verano. Fuente: COI

Sobre estas bases, en 1996, el COI dio el paso histórico de cambiar la Carta Olímpica para incluir una referencia explícita a su papel en el avance de las mujeres en el deporte: “El papel de la COI es liderar la promoción del Olimpismo de acuerdo con la Carta Olímpica. Para ese propósito, el COI: (…) fomenta firmemente, por los medios apropiados, la promoción de las mujeres en el deporte en todos los niveles y en todas las estructuras, particularmente en los organismos ejecutivos de las organizaciones deportivas nacionales e internacionales con el fin de la aplicación estricta del principio de igualdad de hombres y mujeres».

Los Juegos Olímpicos (JJOO), la competición deportiva ‘por excelencia’, se han convertido en el evento deportivo más grande e igualitario en cuanto a género del mundo. Sin embargo, esto no fue siempre así. Las atletas femeninas participaron por primera vez en los Juegos Olímpicos en París en 1900, cuatro años después de los de Atenas que comenzaron la era moderna. A pesar de la reticencia del propio Pierre de Coubertin, en aquella primera participación, 22 mujeres de un total de 997 atletas compitieron en cinco deportes: navegación, croquet, ecuestre, golf y tenis, aunque solo los dos últimos tenían competiciones específicas para mujeres.

Desde entonces la participación femenina ha ido aumentado tanto en los Juegos de Verano como en los de Invierno. En los primeros, desde aquel mínimo 2% en Atenas, se llegó a un 20% en Montreal (1976); a partir de ahí, el incremento fue de 14 puntos en 20 años hasta llegar al 34% de Atlanta 1996; en Londres 2012 se alcanzó el 44% y el 48% en Tokio 2020 (en realidad 2021 por causa de la pandemia de coronavirus). En Londres 2012, por primera vez, hubo mujeres compitiendo en cada deporte. En los Juegos de París 2024 que comenzarán el próximo 26 de julio se espera una participación equilibrada al 50%, con unos 10.500 atletas de 206 Comités Olímpicos Nacionales compitiendo en 45 deportes.

Dejando de lado los acontecimientos globales del siglo XX que afectaron también a los JJOO, como fueron las dos Guerras Mundiales y sus terribles consecuencias, es inevitable caer en la tentación de acudir a las matemáticas para analizar la evolución de los datos. La participación femenina en los Juegos Olímpicos de Verano desde los primeros de París 1900 hasta Montreal 1976 (76 años entre ambos eventos) apenas evolucionó en +20%. Sin embargo, desde estos últimos Juegos a los de Tokio 2020 la participación subió un 28%. Los cálculos de la evolución/año en estos dos tramos muestran una clara aceleración de la incorporación de la mujer en los últimos 50 años. Entre los años 1900 y 1976 la estimación media/año es +0,26%; entre los años 1976 y 2020 la estimación media/año es +0,64%.

En los Juegos Olímpicos de Invierno, la última edición, Pekín 2022, fue la más equilibrada en cuanto a género, con un 45% de mujeres. Como puede parecer lógico, los jóvenes han sido los más precoces ya que los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires de 2018 llegaron al equilibrio, anticipándose algunos años a lo que parece que conseguirán pronto sus referentes de mayor edad.

La tenista Serena Williams es una de las deportistas más laureadas en los JJOO con cuatro medallas de oro. Fotografía del 2010 en el Open Mutua de Madrid (Fotografía: M. Ángeles Jiménez).

Bajo liderazgo del COI, los Comités Olímpicos Nacionales junto con las distintas Federaciones Internacionales de cada deporte constituyen el Movimiento Olímpico. La misión de estos Comités locales es promover y proteger el Movimiento Olímpico en sus respectivos países, de acuerdo con la Carta Olímpica. El impulso hacia la igualdad de género en todas las áreas, dentro y fuera del campo del juego, se ha acelerado en el Movimiento Olímpico en los últimos años, gracias a las distintas iniciativas que progresivamente ha puesto en marcha el COI: aumento del número de eventos femeninos en el programa olímpico, muy especialmente en los últimos 20 años; obligación de todos los Comités Olímpicos Nacionales de estar representados por un mínimo de una atleta femenina y uno masculino en todas las ediciones de los Juegos Olímpicos de Verano, algo que comenzó en Tokio 2020; y nominación de una atleta femenina y uno masculino para llevar conjuntamente la bandera de su país en la ceremonia de apertura.

Otras de las prioridades establecidas por el COI fue mejorar la representación de las mujeres entre entrenadores, técnicos y jefes de equipo en los Juegos Olímpicos. En Tokio 2020, eran mujeres el 20% de los jefes de misión de los Comités Olímpicos Nacionales, el 32% de los técnicos con Acreditación Internacional, el 13% de los entrenadores Acreditados y el 91% de los países tuvieron una mujer llevando su bandera. En los Juegos de Invierno de Pekín 2022, eran mujeres el 21% de los jefes de misión de los Comités Olímpicos Nacionales, el 38% de los técnicos con Acreditación Internacional, el 10% de los entrenadores Acreditados y el 73% de los países tuvieron una mujer de abanderada. La importancia de formar parte de cualquiera de estos apartados reside no solo en la constatación de la pertenencia a la élite del deporte, generalmente en el pasado, sino en la apertura y la referencia de estas posibilidades para las siguientes generaciones.

 

Las instituciones españolas del deporte

Antes de revisar lo que ha ocurrido en España, es importante conocer las instituciones dedicadas al deporte. El Comité Olímpico Español (COE) fue fundado en 1912 (el COI en 1896) y es uno de los 206 que forman parte del COI. Esta institución, junto con un número importante de federaciones deportivas, está adherida a la Declaración de Brighton de 1994 y tiene la consideración de entidad de utilidad pública. Se trata de una asociación privada, con sus propios estatutos y reglamentos, acordes con los principios y normas del COI, que es la entidad que tutela y controla sus actividades.

El Consejo Superior de Deportes (CSD) se creó en 1977. Es un organismo autónomo, adscrito actualmente al Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, y tiene a su cargo la gestión directa de la política deportiva estatal. En sus planes figuran actividades específicamente dirigidas al deporte femenino como el Programa Universo Mujer (III), cuyo objeto es la promoción y el incremento de la participación femenina en todos los ámbitos del deporte; la Convocatoria anual de Ayudas a las mujeres deportistas; el Observatorio de Igualdad en el Deporte; y los Premios Lili Álvarez, que reconocen los trabajos periodísticos que mejor hayan contribuido a la difusión y defensa de la igualdad entre mujeres y hombres en el ámbito deportivo y a visibilizar el deporte femenino en España. A partir de los JJOO de Tokio 2020, se creó la Comisión de Maternidad y Deporte para que, en los deportes (federaciones) en los que a su vez exista, de apoyo profesional en la etapa de pre y posparto, las deportistas puedan viajar a las competiciones con sus bebés, existan salas de cuidados y de lactancia o se congele su posición en los rankings.

En otro plano de estas instituciones, pero en total relación con ellas, el mundo deportivo gira en torno a las federaciones nacionales de cada uno de los deportes y sus respectivas federaciones autonómicas, cuya potencia e influencia se mide por el número de licencias, requisito imprescindible para acceder a las competiciones.

 

La larga marcha de las deportistas españolas en los JJOO de Verano

Las deportistas que inauguraron la presencia española en los Juegos Olímpicos de Verano fueron Lily Álvarez y Rosa Torras, dos tenistas, en París 1924.

El desarrollo del deporte femenino continuó siendo casi nulo en los años posteriores e, incluso, pasada la Guerra Civil se prohibieron competiciones como el campeonato nacional de atletismo femenino. Pasados 36 años de la primera aparición, y aunque la situación no era mucho mejor, en los JJOO de Roma 1960 vuelve a haber presencia de españolas compitiendo en esgrima, gimnasia artística y natación. A partir de ahí siempre ha habido presencia de españolas, por mínima que fuera, en los JJOO.

La Ley de Educación Física y Deporte de 1961 supuso un cierto impulso institucional, pero faltaban medios suficientes para su desarrollo. De hecho, los costes de desplazamiento redujeron la presencia española en los Juegos de Tokio 1964, especialmente en el caso de las mujeres ya que solo pudieron competir tres nadadoras.

Las cosas cambiaron algo para el deporte en México 1968, pero no para las mujeres. Entre los 128 deportistas españoles que participaron en esos JJOO solo se encontraban dos mujeres, también nadadoras (Mari Paz Corominas llegó a ser finalista en 200 espalda). El primer gran hito de la historia del deporte femenino español había llegado un año antes cuando Pepita Cuevas se había llevado los Mundiales de 500, 3.000 y 5.000 m en patinaje de velocidad.

En Munich 1972 se repitió la historia de los JJOO anteriores. La estrategia para reducir el número de deportistas convocados venía siendo tan simple como pedir marcas que superaban a lo fijado internacionalmente. El rigor de la selección hizo que la delegación española estuviera compuesta por 123 deportistas, de los cuales solo cinco eran mujeres. Mª Teresa Romero consiguió llegar a la final de tiro con arco mientras sus compañeras participaban en las especialidades acostumbradas: natación, saltos y gimnasia artística.

Los JJOO de Montreal 1976 fueron los primeros en la incipiente democracia, pero todavía tendrían que pasar años para que el deporte contara con un mínimo de apoyo en recursos financieros, instalaciones y planes. A estos Juegos España llevó 115 deportistas, de los que 11 eran mujeres. Además de las disciplinas tradicionales (escasas), por primera vez las españolas compitieron en atletismo contando con Carmen Valero, campeona del mundo de cross en 1976 y 77 y una de las deportistas más importante de la época.

La representación española aumentó considerablemente en los Juegos de Moscú 1980, pero, como era habitual, no precisamente la femenina. Entre los 156 participantes españoles, solo se encontraban nueve mujeres que repetían disciplinas: natación, saltos y gimnasia artística. A destacar que el equipo de natación consiguiese entrar en la final de 4×100 libres.

Seguramente por la influencia del CSD, creado en 1977, la mejoría del deporte base en estos años empezó a dar sus frutos en los distintos niveles del deporte. La representación de deportistas españolas en los JJOO dio un pequeño salto en Los Ángeles 1984 hasta las 16, anticipando una progresión que ya resultaría imparable.

La apertura de los Juegos a los deportistas profesionales comenzó a cristalizar en Seúl 1988, un avance del COI que marcó de forma decisiva la calidad de las competiciones olímpicas. Con la vista puesta en los siguientes Juegos, que se celebrarían en nuestro país, la representación española aumentó de forma considerable. De los más de 200 deportistas enviados, 31 fueron mujeres. Se ponía de relieve un cierto avance del deporte femenino, que aprovechaba también una progresiva incorporación de modalidades femeninas en las pruebas. Las españolas abrieron la puerta de especialidades ‘perdidas’ como el tenis y comenzó el camino de la vela. Consiguieron un diploma Maite Zúñiga en atletismo (800 m.) y María Isabel Loret en gimnasia rítmica.

 

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epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Jiménez, MA. Mujeres en los Juegos Olímpicos, un camino lleno de dificultades. epistemai.es [revista en Internet] 2024 junio (23). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/7501

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