Juan de Austria, almirante y caudillo

 

 
Pedro Luis Pérez Frías
Doctor en Historia. Academia Andaluza de la Historia
 

Entre las calles de Málaga que recibieron nuevo nombre por acuerdo del 21 octubre de 1887 del ayuntamiento malagueño, se encontraba una vía situada en el séptimo distrito a la que se le dio el nombre de ‘Don Juan de Austria’. La propuesta de la comisión de Ornato y Alineación del día anterior se limitaba a describirla así: “Don Juan de Austria = para la calle de veinte metros, parte de ella llamada callejón de Villazo, que va desde la de la Trinidad a la del Hospital Civil”. Como en el resto de las propuestas, no se indicaba a qué personaje se pretendía homenajear, ni las razones para dar su nombre a la calle, salvo las ya expuestas de forma genérica al tratar la batalla de Lepanto en esta Plancheta.

Don Juan de Austria. Retrato atribuido a Juan Pantoja de la Cruz. Colección del Museo del Prado, depositado en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Wikimedia Public Domain CC)

Los historiadores de las calles malagueñas la atribuyeron al hijo natural del emperador Carlos V que llevó este nombre, nacido en 1545 en Ratisbona. Así lo hizo Domingo Mérida Casermeiro, en 2004, que en relación con esta calle y el origen de su nombre señaló:

“Príncipe y caudillo español. (Ratisbona,1545 - Bouges,1578). Hijo natural de Carlos I y Bárbara Blomberg. A la muerte de su padre, Felipe II le confirió misiones de gran importancia. Fue Capitán General de las flotas del Mediterráneo y Adriático y venció a los turcos en la batalla de Lepanto (1571). Visitó nuestra ciudad antes de partir para el combate. Visitó la iglesia de la Victoria y al regresar triunfante cumplió la promesa hecha a la patrona de ofrecerle uno de los estandartes que ondearon en aquella batalla naval. Lugarteniente del rey en las campañas de Italia y, en 1576, Felipe II le nombró gobernador de los Países Bajos, donde murió dos años más tarde”.

La reseña continuaba con referencias al cine Moderno y a la asociación Nueva Frontera. La web municipal del callejero de Málaga recoge esta cita en la reseña histórica de la calle, ampliándola con dos afirmaciones: “Juan de Austria se destacó desde muy joven como un perfecto estratega, un gran conocedor de los entresijos de la guerra” y “Se propuso el nombre de Don Juan de Austria para esta calle, llamada parte de ella callejón de Villazo, el 20 de octubre de 1887”.

Lo cierto es que en la Historia de España nos encontramos con dos personajes ilustres que fueron conocidos, y nombrados, de la misma forma. El primero, por orden cronológico, es el ya citado Juan de Austria, hijo bastardo del emperador Carlos y vencedor de Lepanto; el segundo es el infante Juan de Austria, hijo natural de Felipe IV, que es citado también como Don Juan José de Austria. Ambos destacaron como caudillos militares, con casi un siglo de diferencia, y, además, los dos visitaron la capital malagueña.

El regidor malagueño, abogado y maestro de ceremonias del Ayuntamiento de Málaga Diego de Rivas Pacheco, citaba a ambos en un extenso manuscrito titulado “gobierno político legal y Ceremonial para la mejor y más acertada dirección de los actos capitulares de esta nobilísima y siempre leal ciudad de Málaga, conforme a sus antiguas y loables costumbres, ordenanzas y privilegios y a los dispuestos por derecho y leyes de estos reinos, comprendidos en dos discursos, uno tocante a lo político secular y legal y otro a lo sagrado y ceremonial”, presentado al Cabildo malagueño en 1660. En él, el regidor Rivas distingue a ambos personajes numerándolos como “Juan de Austria I” y “Juan de Austria II”; pero sólo en la tabla, o índice de contenidos, mientras que en el texto los cita como “Juan de Austria”, simplemente.

Respecto al hijo de Carlos I, Rivas recoge dos visitas: una con ocasión de su actividad como almirante de las galeras del Mediterráneo, y otra por los preparativos contra el alzamiento de los moriscos en las Alpujarras.

En el primero refiere Rivas el nombramiento de Don Juan de Austria como “Capitán general de la mar” por Felipe II; su salida de Madrid en mayo y su llegada, el 2 de junio de 1568, a Cartagena; donde le esperaban las galeras de la armada, y señala que tras celebrar consejo de guerra se resolvió que: “su Alteza saliese con su Armada a buscar las Flotas de indias y socorrer los Puertos a que el turco intentase invadir con la suya”. Tras zarpar con su armada, Don Juan pasó por el Puerto de Santa María y después, sigue el maestro de ceremonias describiendo la visita a Málaga, a finales de junio:

“vino a esta Ciudad, donde fue recibido y hospedado con el majestuoso aparato debido a su Persona. y habiendo estado en ella algunos días, y visitado las Atarazanas reales, Castillos de Gibralfaro y Alcazaba, y demarcado el sitio para el muelle, que 19 años después comenzó a fabricar el Capitán Fabio Bursoto, insigne ingeniero, como arriba dijimos. y habiendo también reforzado las galeras con la gente que aquí le tenía prevenida el marqués de Mondejar, salió de este Puerto, día de san Pedro, por aviso que le dieron de una Armada de 30 Fustas y galeras que había salido de Argel para infestar las Costas del Poniente”. (Rivas Pacheco, Discurso I, capítulo 13, apartado 6).

La calle Juan de Austria en el callejero de Málaga

En cuanto a la segunda, el regidor malagueño es más impreciso a la hora de datarla. Se limita a indicar que después del levantamiento de los moriscos de Granada, el 21 de diciembre de 1568, Don Juan “se ofreció” a Felipe II para “ir a esta guerra” y que una vez admitido “gustosamente el ofrecimiento” se incorporó a ella, destacando que en primer lugar se dirigió a Málaga:

“viniendo primero a esta Ciudad, donde se detuvo algunos días haciendo las prevenciones necesarias. y ordenando a Arévalo de Zuazo, Corregidor que entonces era, acudiese con el socorro de gente que en otra parte apuntamos. Aquí estuvo su Alteza recibido y hospedado magníficamente haciendo la Ciudad todas las demostraciones posibles de obsequios y agasajos debidos a la grandeza de tal Persona”. (Rivas Pacheco, Discurso I, capítulo 13, apartado 7).

No obstante, el propio autor destaca que no hay referencias a estas visitas en las actas capitulares y que las conocía por testimonios de antiguos vecinos de Málaga y noticas de otros escritores:

“De la una, ni de la otra venida de este Príncipe, hijo del más poderoso y guerrero monarca que ha conocido el orbe, aunque ambas son ciertas, no hallo rastros en los libros del Cabildo de esta Ciudad. y así con las noticias que de los más antiguos naturales de ella y de los escritores de estos tiempos he podido adquirir, me dispuse a apuntar lo referido” (Rivas Pacheco, Discurso I, capítulo 13, apartado 7).

Aún hace Diego Rivas otra referencia a este primer Juan de Austria, en este caso relacionada con Lepanto, que encontramos en el capítulo dedicado a tratar el “Origen y progresos de la Fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, a que la Ciudad asiste en el Real Convento de la Victoria, donde está su Santa y Milagrosa Imagen. Y como fue entregada por los Reyes Católicos a los Religiosos Mínimos de San Francisco de Paula”, pero sin registrar la presencia física de Don Juan en nuestra ciudad:

“El Señor Don Juan de Austria, General de la mar y de la Armada de la Católica liga, fue muy devoto de esta Gran Señora de la Victoria. Y habiendo conseguido contra el Turco, aquella tan célebre y decantada de Lepanto, en memoria de su afecto y devoción, envió a la iglesia de esta Milagrosa y Sacrosanta Imagen el Fanal de su Real Galera, que hoy se conserva en ella, por trofeo de tan grande y singular Victoria, que fue de las mayores que en la mar ha conseguido la Cristiandad”. (Rivas Pacheco, Discurso II, capítulo. 12, apartado 13).

Detalle del retrato de Don Juan de Austria

Mucho más preciso se muestra el maestro de ceremonias con el Juan de Austria hijo de Felipe IV, cuyos hechos conocía de primera mano por ser testigo directo de ellos. Así, respecto a su visita a Málaga recoge, en primer lugar, el acuerdo del Cabildo de 1 de mayo de 1647, que estableció las medidas para recibir al ilustre visitante, “el Serenísimo Infante Don Juan de Austria, Gran prior de San Juan en los Reinos de Castilla y León, Capitán General de la Mar, gloriosa emulación del primero y prodigioso asombro del mismo Marte”, una vez conocida su próxima llegada al puerto de Málaga con sus galeras:

“La Ciudad dijo: Que ha entendido que el Señor Don Juan de Austria ejerciendo su oficio de Generalísimo de la Mar, ha de llegar a este puerto con las Armadas que se están previniendo en Cádiz. Y deseosa de cumplir con lo que debe al servicio de su Majestad, y con las demostraciones que se deben hacer en ocasión tan grande, Acuerda: Que se prevenga toda la Artillería de las Fortalezas y Torres, y toda la Infantería, para hacer la Salva al tiempo que su Alteza llegue. Y, asimismo, se le vaya a besar la mano y a ofrecer todo cuanto esta Ciudad pudiere y tiene con la asistencia de más demostración que se requiere en esta ocasión. Y para ello, nombra por Diputados a los Señores Don Cristóbal de Zayas Bazán, Don Martín de Mújica Zayas, Cristóbal López del Corral, Don Pedro de Pedrosa, Don Baltasar de Melgarejo, Don Francisco Pizarro, Don Baltasar de Zurita y don Melchor de Silva. y a los señores don Diego Pacheco de Acosta y Don Juan Tristán de León, para que en la Alcazaba se le prevenga alojamiento a su Alteza, para en caso que salga a tierra. Y para que la Ciudad vaya a la legacía se prevengan las Falúas que hubiere, aliñándolas de todo lo necesario. Y todo lo demás que pareciere convenir. Y para no faltar en cosa alguna como la Ciudad lo desea, lo confieran los Caballeros nombrados con el señor Marqués de Casares, su Gobernador, y lo que resolvieren se ejecute, sin que sea necesaria otra aprobación, ni consulta con la Ciudad”. (Rivas Pacheco, Discurso I, capítulo 13, apartado 18).

Según relata Diego de Rivas, lo acordado se ejecutó “con toda ostentación, decoro y lucimiento”. Además, señala que se proporcionó a Don Juan de Austria una compañía de 100 Infantes voluntarios, armados y pagados por tres meses, mandados por el Capitán don José de Moya y Moscoso, Teniente de Alférez mayor de Málaga. El 13 de mayo el Ayuntamiento de Málaga acordó en cabildo enviar una carta a Felipe IV dándole cuenta de dicha recepción y las medidas adoptadas; a esta carta, de fecha 19 del mismo mes, respondería el Rey en cédula de 7 de junio; que el maestro de ceremonias recoge en su manuscrito de esta forma:

“EL REY, Concejo, Justicia, Regidores, Caballeros, Jurados, Escuderos, Oficiales y Hombres buenos de la Ciudad de Málaga. Recibióse vuestra Carta de 18 de mayo, en que referís que llegó a ese Puerto don Juan de Austria, mi Hijo, con las Galeras de España y el Navío Francés que rindió. Las demostraciones que hicísteis a su Persona y haber dispuesto se embarcasen en las galeras 100 Infantes voluntarios, armados y pagados por tres meses, a que había asistido con particular desvelo el Marqués de Casares, vuestro Corregidor. Y visto en la Junta de Guerra de España ha parecido deciros, que lo habéis hecho en esta ocasión conforme a vuestras obligaciones. Y me doy por bien servido de las demostraciones de tan buenos Vasallos como lo experimentareis en cuanto se ofreciere de vuestra conveniencia. Madrid, a 7 de Junio de 1647. Yo el Rey=Por mandado del Rey Nuestro Señor, Juan de Otalora Guevara”. (Rivas Pacheco, Discurso I, capítulo 13, apartado 18).

Detalles del retrato de D. Juan de Austria

En 1887 el libro de Diego de Rivas Pacheco llevaba perdido casi un siglo, según destacaba Marion Reder Gadow en su estudio introductorio a la edición en facsímil, así como la trascripción, de dicho manuscrito, publicadas en el 2012 por el Ayuntamiento de Málaga. Por lo que es poco probable que los miembros de la Comisión de Ornato y Alineaciones conociesen estos datos. En cambio, sí que podrían haber tenido conocimiento de la reseña biográfica de Don Juan de Austria, el vencedor de Lepanto, que Francisco Barado y Font incluyó en su libro Museo Militar. Historia, Indumentaria, Armas, Sistemas de Combate, Instituciones, Organización, publicado en Barcelona en 1884. Esta nota era una síntesis de lo que de forma extensa reflejaba en su monumental obra. De ella tomamos las citas correspondientes al nacimiento y muerte de Don Juan de Austria; así rendimos homenaje al vencedor de Lepanto:

Respecto al nacimiento señalaba Barado: “Siete años después de haber perdido Carlos V á su esposa, prendóse de una hermosísima mujer de Ratisbona, llamada Bárbara Blomberg, y de las relaciones amorosas que con ella tuvo, fué el fruto un niño al que se dió el nombre de Juan y el apellido de Austria. El Emperador trató de ocultar en lo posible este nacimiento, asegurando algunos escritores que no tanto por el hecho en sí cuanto por no haber sido la Blomberg madre del niño, pero esta suposición ha sido hoy desechada por completo. Tampoco es cierto que fuera dama de alto linaje; antes al contrario mujer oscura y de costumbres algo libres”.

Revelación a Pío V acerca de Lepanto (Wikimedia Public Domain CC).

En cuanto al fallecimiento de Don Juan lo recogía así: “Atacóle la enfermedad en Bouges, cerca de Namur, y creyóse tal vez, no sin fundamento ver en su cuerpo huellas de veneno. Bueno es hacer constar que ya se habían fraguado algunas asechanzas contra su vida, y si se tiene en cuenta lo generalizado que se halla recurso tan infame no fuera extraño que envenenado pereciera D. Juan (…) Su cadáver fué enterrado con gran solemnidad, llevándole en hombros los maestres de campo del ejército desde los reales de Bouges á Namur y acompañándole todas las tropas con las picas vueltas y las banderas arrastrando. Fué depositado en la iglesia de Namur y de allí dividido en piezas y colocado en tres maletas, conducido á España: llegado á la córte, se le compuso con lana y alambres y armado de todas piezas colocósele á la vista del Rey; luego se у le dió sepultura en el Escorial junto a su padre Carlos V, como él había deseado”.

Además, añadía la trascripción de dos documentos reveladores sobre las circunstancias de la enfermedad que llevó a Juan de Austria a tan trágico final; ambos de su médico personal:

“Señor: Martes 16 de Octubre de 1578.- Á las ocho de la noche el Sermo. Sr. D. Juan de Austria sintió una calentura lenta, la cual perseveró así hasta el miércoles siguiente á la misma hora, en la cual comenzó á crecer notablemente, y de alli adelante hasta el quinto día fué creciendo paulatinamente; veníanle de cuando en cuando unos saltos de corazón que le hacían levantar el cuerpo de la cama; al fin del segundo día comenzaron unos temblores de manos, lengua y casi todo el cuerpo, juntamente con movimientos convulsivos de ojos y cabeza, que casi se parecían á paroxismos epilíticos y hacía visajes con la boca que se le había puesto negra; la lengua comenzó á ponerse seca y toda la boca, que con ninguna cosa se podía humedecer, y la garganta tan sentida que no se le podía hacer tomar nada que no fuese líquido. = Todos estos accidentes perseveraron hasta el onceno día; el sétimo aparecieron algunas manchas como de tabardillo; al nono más, y al onceno tantos, que un dedo no se le podía poner sin tocar en mancha, y al duodécimo tenía tantas que parecía una plasta, y entre ellas у algunas lívidas y otras coloradas, que tenían en medio unas puntas negras y ásperas. Y habiendo perseverado los demás accidentes sobre dichos, cerca del anochecer del onceno día comenzó a atacar un como soporoso sueño, de que no se le podía despertar, y luego cesó y comenzó a delirar tan grandemente, y con tantos visajes y movimientos convulsivos, que parecía que rabiaba. En esta tierra mueren muchos de tabardillos; pero ninguno con tantos accidentes; de modo que es negocio de tal calidad, que nos puso á los médicos en alguna sospecha no le hubieran dado algo, aunque no nos determinamos á afirmarlo”

El segundo es el relato de la autopsia hecha al cadáver, redactado con fecha 3 de noviembre de 1578, por el Dr. Ramírez y enviado al Rey Felipe II:

“Por falta de materiales no se pudo abrir el cuerpo hasta veinticuatro horas después de muerto, y cuando entramos á tratarlo de hacer no se podía sufrir el mal olor del aposento. Desde los hombros hasta los muslos en longitud, desde la nuca hasta junto las tetillas, y mitad de las costillas, estaba negro, y los cabos de lo negro verde y azul, y desde los hombros á los codos estaban también los brazos negros y verdes, y detrás de las orejas y en el cuello, y lo demás de los brazos y en los pies, lleno de manchas azules. Sajadas estas partes estaba la carne del mismo color, y sin ninguna consistencia, antes parecía engrudo negro, y no salía humedad ninguna de ella, lo cual suele salir en otros cuerpos. Despues de abierto vimos todo lo interior, como son tripas, pulmones é hígado y las demás partes, negras y verdes, y manchadas de azul y rojo, y en llegando á tirar de una parte, así se deshacía de otra como si fuese borra, sin tener ninguna consistencia ni liga, y el corazón casi no tenía sangre ni otra humedad, antes estaba muy pequeño y arrugado, como si fuese un trapo mojado. El cerebro y telas en que se envuelve estaba tan seco todo, que parecía haberlo limpiado aposta de toda humedad y sangre, y también de color azul. = Y es de advertir que los que mueren de tabardillo, especialmente con presiones de cabeza, como es delirio y sueño profundo (como se ha visto en anatomías), suelen tener en el corazón y cerebro más sangre, y en toda la capacidad de la cabeza y entre las telas mucha humedad que parece suero, y en este bendito cuerpo no se halló ninguna. La anatomía se hizo en presencia de otros médicos, los cuales se admiraron del excesivo olor, y dijeron que sólo habían visto otra cosa igual en algunos cuerpos que habían muerto de venéreo”.

Triste fin para tan gran caudillo.


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Citación: Pérez Frías PL. Juan de Austria, almirante y caudillo. epistemai.es [revista en Internet] 2026 octubre (30). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/10337

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