Javier Pérez Frías
Universidad de Málaga
Sociedad Erasmiana de Málaga
Áyax Telamón y Héctor son descritos, por Homero en la Ilíada, como asmáticos. Dos son las ocasiones, según la Ilíada, en las que estos héroes sufren crisis asmáticas; por un lado, Héctor, el troyano, tras soportar un fuerte golpe en el cuello; y por otro, el griego Áyax, en un momento de enorme desgaste físico durante los combates. En ambos casos, como si fuese una perfecta anamnesis –del griego recuperar la memoria, entrevista clínica inicial- los episodios se acompañan de sudor profuso –diaforesis-, agotamiento e incapacidad para respirar -disnea.

El emperador Carlos I de España, pintado por Tiziano, 1532-1533. Museo del Prado. (Public domain, CC)
Carlos V –I de España– también padeció asma. Según los médicos que lo trataron fue un conocido paciente pluripatológico que “arrastró” toda su vida una pésima salud. Su particular vía crucis comienza tras el nacimiento imprevisto, adelantado y en un lugar tan poco apropiado como el excusado del palacio de los condes de Gante, con unas crisis espasmódicas de baja intensidad de posible causa obstétrica –convulsiones neonatales- que desparecieron espontáneamente en la infancia; sin embargo, su personalidad quedó marcada con la impronta de un carácter difícil, impulsivo y bronco, que alternaba con fases de bradipsiquia, todo ello propio de una personalidad epileptoide, caracterizada –según algunos- por rigidez mental, meticulosidad, egocentrismo y súbitos cambios de humor.
Por otra parte, la boca cuasi sempiternamente entreabierta, con la que el emperador aparece con frecuencia en numerosos retratos y grabados, es coherente con su acusado prognatismo. La mala oclusión de las arcadas dentarias más un posible síndrome de obstrucción de la vía aérea agravaban sus frecuentes episodios de rinitis y asma de naturaleza alérgica/atópica, con disnea debido a la respuesta bronco-espástica del árbol respiratorio y el atrapamiento aéreo resultante, que comprometía seriamente su capacidad ventilatoria.
De lo anteriormente escrito constituyen una evidencia diagnóstica incontestable sus retratos infantiles, particularmente los de Bernhard Striegel (1460-1528), retratista de la corte imperial de Maximiliano I, su abuelo paterno, junto al que aparece en el conocido retrato familiar que se conserva en el Kuntshistoriches Museum de Viena. Allí Carlos quedó representado para la historia con la típica facies de bloqueo nasal con boca abierta. Numerosos testimonios de personas que lo trataron hacen mención también a su obstrucción nasal y voz gangosa –rinolalia- que mantendría a lo largo de su vida y que debemos entender como el inicio y parte de una alergia respiratoria. El diplomático inglés Córner, en sus informes, se refirió a él como un hombre de talla mediana, con la boca siempre abierta, perennemente resfriado y con la nariz tapada. Así le retrataría también, en numerosas ocasiones, Lucas Cranach el Viejo (1472-1553); quizá de una manera más real y fidedigna, pero sin lugar a duda sin la maestría, majestuosidad y la sensibilidad del Ticiano para con el modelo, que nos aproxima con sus pinceles a quien sin duda fue el verdadero Cesar Carlos. Lo que, obviamente, explica claramente el porqué de su elección como pintor casi exclusivo del emperador en la mayor parte de su reinado.
Tiziano Vecellio di Gregorio, conocido tradicionalmente en español como Tiziano o Ticiano (Pieve di Cadore, Venecia c. 1488/1490 – 27 de agosto de 1576), genio italiano de la pintura renacentista, fue uno de los mayores exponentes de la floreciente e inagotable escuela veneciana. Las buenas relaciones que mantuvo con la corte de Mantua le van a proporcionar contactos que supondrían su consagración como retratista. En 1530 pudo pintar a Carlos I, que se había desplazado a la cercana Bolonia con motivo de su coronación imperial como Carlos V.
La relación entre Carlos V y Tiziano fue uno de los vínculos más fructíferos, entre retratista y modelo, en la historia del arte. El emperador lo nombró su pintor de cámara, convirtiéndolo en el único artista autorizado para retratarle, logrando con esa decisión inmortalizar su imagen, símbolo de su poder político, a lo largo de décadas. Se estableció entre ambos una relación cuyo resultado es una serie de cuadros que resumen los momentos cruciales de la vida del emperador:
1530.Bolonia. Carlos V fue coronado emperador por Su Santidad Clemente VII. La ocasión fue aprovechada por el emperador para conocer a Tiziano, uno de los pintores más afamados de la época y con el que terminaría forjando una gran relación. Íntimo amigo del antiguo embajador de Carlos V ante las cortes italianas Girolamo Adorno, Tiziano era un artista al que el emperador deseaba conocer por encima de todas las cosas. Ansiaba un retrato suyo, que consiguió ese mismo año. El emperador pagó por él un único ducado. Pero es conocido que añadió ciento cincuenta más de su bolsa el propio duque Federico II Gonzaga. De esa obra sólo queda el recuerdo en la copia de Rubens, pues el original, como tantas otras obras, se perdió en el incendio del Alcázar de Madrid ocurrido en 1734.
Volvieron a coincidir en 1533 cuando Tiziano retrató al emperador con un perro, basándose en el retrato de Jacob Seisenegger; el monarca vestido de cortesano acaricia el can, símbolo de la fidelidad y protección del emperador ante su pueblo.
Años más tarde, en 1548, para conmemorar la victoria en la batalla de Mühlberg, Tiziano retrató al emperador a caballo en lo que para muchos es su obra cumbre. Habían pasado quince desde su primer encuentro, y la imagen del emperador había cambiado tanto como su situación política al frente del Sacro Imperio Romano Germánico.

Retrato ecuestre del emperador Carlos V, que aparece llevando la armadura que usó en la batalla de Mühlberg, pintado por Tiziano. (Public domain CC)
En 1554 Tiziano finalizó la última de las obras que pintó para Carlos: ‘La gloria’, cuyo motivo es el Juicio Final. El emperador sólo lo disfrutó cuatro años, pues falleció la noche del 21 de septiembre de 1558. En el cuadro aparecen las personas más importantes de su vida: su esposa Isabel, a su derecha; y sus hijos, Felipe y Juana, detrás. También figuran sus hermanas María de Austria, reina consorte de Hungría, y Leonor, reina de Francia y Portugal. No así su hermano Fernando ni su sobrino Maximiliano, enfrentados por la sucesión imperial.
Volviendo al historial clínico de Carlos. El problema infanto/juvenil del príncipe no se trataba, desde luego, de ningún resfriado (ii). La rinitis alérgica cursa con obstrucción nasal, estornudos en forma de salvas y rinorrea cuasi perenne, aunque con recurrencias y remisiones. Sabemos hoy, además, que esta rinitis tan molesta y con frecuencia estacional, es considerada el primer paso en el devenir del asma. Vesalio, su médico, fue el primero que habló de este padecimiento del ya emperador Carlos V.
Andrea Vesalio (1514-1564), reformador y referente de la anatomía renacentista, fue médico de cámara del emperador, acompañándolo en campañas militares y viajes por toda Europa. Famoso por revolucionar el arte de la anatomía con su De humani corporis fabrica, y probablemente gracias a ello, Vesalio ejerció en la corte cuidando la salud de Carlos, a quien trató de asma, gota y dispepsia, aplicando métodos modernos basados en la observación directa.
Nacido en Bruselas, se convirtió en médico de cámara tras publicar su obra maestra dedicada al emperador en 1543; a quién impresiono vivamente. Su enfoque, basado en disecciones humanas en lugar de referencias –y por tanto repitiendo los mismos errores- de los textos clásicos (Galeno), le valió el respeto del Cesar y su elección para el cargo.
Carlos V sufría recurrentes crisis de asma, además de una dolorosa podagra –gota- y problemas estomacales –dispepsia-, empeorados por su dieta, pantagruélica en ocasiones, y estilo de vida. Vesalio, como médico de cámara, decidió gestionar estas dolencias crónicas mediante la observación clínica directa del paciente, en lugar de seguir métodos medievales basados en la medicina galénica; lo que le trajo problemas con colegas con menores y más obsoletos métodos de estudio y conocimientos.
En 1555 publicó una reedición de su De humani corporis fabrica. Tras la abdicación del emperador, continuó en la corte española como médico personal de Felipe II, quien le recompensó con una pensión vitalicia y el nombramiento de conde palatino.
En 1562, en el desarrollo de su cargo, le practicó una trepanación al heredero, el desgraciado príncipe Carlos, que había caído por las escaleras en su residencia en Alcala de Henares. La intervención tuvo éxito. Carlos falleció años más tarde, en 1568, por un proceso neumónico; tras ser apartado de la corte y recluido por su padre en el alcázar de Madrid.
La anatomía descriptiva fue la primera disciplina médica básica que se independizó de los planteamientos clásicos tradicionales. Uno de los elementos que hay que tener en cuenta en este proceso fue la disección de cadáveres humanos. Aunque su práctica regular comenzó en la baja Edad Media, no se convirtió en método fundamental de enseñanza médica hasta el renacimiento. Comenzó ésta a ser habitual en la Universidad de Bolonia a finales del siglo XIII; lo fue poco después en Padua, Montpellier y Lérida. Durante el siglo XV se extendió a otras universidades italianas y también a las que imitaron su modelo.

Retrato de Isabel de Portugal, pintado por William Scrots en 1530. Museo Nacional de Poznan. (Public domain CC)
La primera cátedra de anatomía que se creó y se dotó como tal en España lo fue por la universidad de Salamanca en 1552, en la persona de Cosme de Medina. Solemos considerar a Andrea Vesalio como una de las figuras que más contribuyó al cambio. A pesar de que recientes investigaciones matizan esta afirmación, lo que sí podemos señalar es que las aportaciones del movimiento que surgió en torno a su figura fueron decisivas.
Médico de reconocido prestigio fue conocido en todas las cortes europeas; en 1559 será llamado hasta la francesa para tratar la mortal herida por lanza de torneo del rey Enrique II. El arma le vació el ojo y dañó la masa encefálica. Vesalio sólo pudo limpiar de astillas las graves heridas de su cabeza y mitigar la agonía hasta el fatal desenlace.
En 1564, decidió hacer una peregrinación a Tierra Santa. Se embarcó con la flota veneciana del condotiero Giacomo Malatesta (1530-1600), vía Chipre. Cuando llegó a Jerusalén, recibió un mensaje del senado de Venecia instándole a aceptar su antiguo puesto en la Universidad de Padua, vacante debido al fallecimiento de su amigo, alumno y sucesor Gabriel Falopio.
Gabrielle Falloppio (1523-1562) fue precisamente uno de los médicos influidos por la obra de Vesalio. Hijo de Geronimo y Caterina, nació en Módena alrededor de 1523, donde estudió medicina y también cirugía. Allí empezó a ejercer esta profesión, que tuvo que abandonar por los malos resultados que obtuvo en su práctica. También sabemos que estuvo en la Universidad de Ferrara donde, según algunos, obtuvo el doctorado en 1547 bajo la dirección de Antonio Musa Brasavola. Enseñó anatomía en Pisa entre 1548 y 1551; en esta ciudad fue acusado de practicar la «vivisección» humana. También estuvo en Florencia haciendo disecciones de leones en el zoológico de los Médicis. Hacia 1551 fue llamado por la Universidad de Padua para ocupar la cátedra de cirugía, de anatomía y de simples. Allí sucedió a Vesalio y a Colombo. Murió en esta ciudad en 1562, sin cumplir los cuarenta años, víctima, al parecer, de tuberculosis.
Tras luchar durante varios días con vientos adversos en el mar Jónico, el barco en que regresaba Vesalio hubo de atracar –quizá naufragar- en la isla de Zante, bajo dominio veneciano en la costa griega al sur del golfo de Lepanto. Allí murió poco después -15 de octubre de 1564 -, cuando contaba escasamente cincuenta años.
Durante muchos años se difundió que esa peregrinación a Tierra Santa le fue impuesta por Felipe II para cambiar, así, una condena a la hoguera emitida por la Inquisición, debida a presuntas prácticas dudosas por entonces –vivisección. Al realizar la autopsia de una aristócrata española, Vesalio habría percibido que su corazón aún latía -. Hoy se considera que esta versión carece de fundamento, por lo que sus biógrafos modernos la rechazan, sobre todo tras lo publicado desde el cuarto centenario de su gran libro, en 1954. Al parecer esa calumnia la difundió el protestante francés Hubert Languet, que también había servido a los Austrias, pero que posteriormente paso al lado de su gran enemigo, el príncipe protestante Guillermo de Orange. Con todo, esa anécdota fantasiosa ha circulado hasta tiempos recientes, formando parte de la Leyenda Negra contra Felipe II.
Leonor de Austria –hermana mayor del emperador- también padeció de asma que, según refiere su sobrina Juana en carta a su hermano Felipe II (iii), probablemente, fue, a su juicio y en gran medida, la causa de su muerte en Talavera.
“Le dio una calentura con asma […]”.
Según cuentan los cronistas regresaba de un encuentro emocionalmente tenso con su hija María –duquesa de Viseu- en Badajoz, que tras la entrevista con su madre habría rechazado definitivamente irse a vivir con ella en España. Este disgusto agravó su ya delicada salud, desencadenando una grave crisis del asma crónica que padecía. El reencuentro no fue feliz, pues María decide volver a Lisboa, y la reina Leonor, dicen que enferma de pena, murió poco después en la cercana Talaveruela, Talavera la Real desde entonces, cuando tomaba camino de Yuste a visitar a su hermano.

Leonor de Austria, reina de Francia (1498-1558), pintado por Joos van Cleve hacia 1531/1534. British Royal Collection. (Public domain CC)
Leonor de Austria, hija primogénita de Felipe I el Hermoso y de Juana la Loca, nació en Lovaina (Bélgica) el 15 de noviembre de 1498 y falleció en Talaveruela (Badajoz) el 18 de febrero de 1558 sin alcanzar los sesenta años. Cuando en 1517 su hermano Carlos -al que estuvo muy unida durante toda su vida, muy especialmente durante sus años de infancia y juventud- vino a España a tomar posesión de sus reinos peninsulares, Leonor formó parte de su séquito.
Ese mismo año se allegaban ambos a Tordesillas, para visitar a su madre, en donde conocieron a sus dos hermanos menores: la pequeña Catalina de Austria y, posteriormente, a su hermano Fernando –futuro emperador–, nacido en Alcalá y educado con sus abuelos, los Reyes Católicos.
En 1518 Leonor, siempre obediente a la política de Carlos y consciente de su papel en la dinastía Habsburgo, había contraído matrimonio con su tío el rey Manuel I de Portugal, con quien tuvo dos hijos, de los que solamente sobrevivió María. Tras quedar viuda después de cuatro años de matrimonio, regresó a España al lado de su hermano el Emperador, dejando a su única hija en Portugal con tan solo seis meses, a quien no habría vuelto a ver hasta el encuentro referido anteriormente de Badajoz.
Tras el Tratado de Madrid, en 1526, quedó de nuevo comprometida con el rey de Francia, Francisco I, estipulándose su matrimonio tres años después por el Tratado de Cambray, o de las Damas. En 1530 se efectuó la boda por poderes, convirtiéndose en reina consorte e iniciando su viaje a Francia, en compañía de los hijos del rey francés, que habían quedado en España como rehenes.
De nuevo las razones políticas pesaron en esta decisión de Carlos, si bien parece que a Leonor la idea también le pudo parecer grata. No obstante, a sus 32 años ya no era la joven a la que había conocido Francisco durante su cautiverio en Madrid y a la que la corte francesa había intentado manejar, sin conseguirlo, en beneficio de su rey prisionero. Leonor se había vuelto enfermiza y delicada, había perdido lozanía y estaba afectada de elefantiasis. Fue coronada reina consorte de Francia en la abadía de Saint Denis, Paris, el 5 de marzo de 1531. Su vida en la lujuriosa y refinada corte francesa no le resulto fácil, ignorada al inicio y prácticamente olvidada después, tras un aborto espontáneo que frustró todas las expectativas de la pareja, lo más que consiguió fue una carta de arrepentimiento de Francisco, ya en su lecho de muerte, encomendándosela a su hijo Enrique. Carta que el ya rey Enrique II olvidó tras el fallecimiento de su padre el 31 de marzo de 1547.
Viuda por segunda vez -y sin cometido ni interés en permanecer en Francia, donde no había sido feliz ni se sintió amada- en 1548, abandonó la corte gala incorporándose nuevamente a la imperial de su hermano Carlos, instalándose cerca de él en los Países Bajos. Leonor estuvo presente en las abdicaciones de Carlos V, cuando el Emperador, en 1555, dejaba ante los Estados Generales reunidos en Bruselas, la soberanía de los Países Bajos en manos de su hijo Felipe; delegando en él las coronas de Castilla, León, Aragón, Cerdeña y Sicilia, y abdicando posteriormente el gobierno del Imperio en su hermano Fernando, cerrando así el circulo de su existencia para el mundo.
En 1556 se embarcaba Leonor para España, instalándose al principio en Guadalajara y posteriormente en Jarandilla de la Vera, desde donde en más de una ocasión visitó a su hermano Carlos, retirado en el cercano Yuste.
Leonor, descrita como princesa bella y culta, fue figura clave en la política matrimonial de la época siguiendo obediente los designios del emperador. Como queda dicho fue casada primero con Manuel I de Portugal y luego con Francisco I de Francia y, por tanto, fue reina consorte de ambos estados. Y también, cómo él, fue víctima de la enfermedad asmática.
Notas del texto:
i.Guerrero V. La salud de Carlos V. Cuacos de Yuste (Cáceres): Fundación Academia Europea de Yuste, 2005, p. 1163-1204.
ii.Guerrero V. Revista de Estudios Extremeños, 2009, Tomo LXV, N.º III I.S.N.N.: 0210-2854
iii. Carta de Juana de Austria, Princesa Gobernadora, a Felipe II, Valladolid, 10 de marzo de 1558, citada por Fernández Álvarez, M.: Corpus Documental, Tomo IV, p. 407.29.- Carta de Luís Méndez de Quijada a Juan Vázquez de Molina, Jarandilla, 6 de diciembre de 1556 citada por Sánchez Loro, D.: Opus cit., p. 256.
epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Citación: Pérez Frías J. Asma en Carlos V. epistemai.es [revista en Internet] 2026 octubre (30). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/10122
