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El castigo sin venganza. Lope de Vega
Lope plantea una situación de honor conyugal donde el hijo (Federico) traiciona a su padre con su mujer (Casandra), siendo necesario precisar que una especial circunstancia interviene en el desarrollo de la trama: el despecho por haber descubierto la pérdida del derecho a la sucesión.

Una edición de ‘El castigo sin venganza’ de Lope de Vega
La situación pecaminosa de Casandra no es novedosa en las tramas del teatro de la época, más bien era casi lo habitual. Sí lo es, el introducir los amores de Federico con su madrastra, amores que quizás Lope los hace aparecer por no ser incestuosos en sí mismos. No obstante Lope iguala el pecado de Casandra al de Federico.
La obra tiene su primitivo antecedente en la Biblia, en la historia de Absalón y David: «…Por este fue muerto a traycion Amon, hijo de Dauid, por su propio hermano Absalon, el qual cayendo despues en este mismo vicio, vsando deshonestamente de las concubinas de su padre, por justa vengança de Dios fue muerto miserablemente por Ioab».
En este drama, parece que el interés del duque se dirige más hacia su hijo que a la propia Casandra: «…dar la muerte a un hijo / ¿qué corazón no desmaya? / Sólo de pensarlo ¡ay triste! / tiembla el cuerpo, expira el alma, / lloran los ojos… / Déjame, amor, que castigue / a quien las leyes sagradas / contra su padre desprecia».
Lope diferencia claramente la libertad del hombre y la de la mujer, aludiendo al desprecio que le procura su esposa, sin concretar en hechos. Está claro, también, que la bondad de la mujer va unida al trato que recibe del marido, a pesar de que Casandra tiene muy claro, y de tal se lamenta, de ser mujer objeto: «El duque debe de ser / de aquellos cuya opinión, / en tomando posesión, / quieren en casa tener / como alhaja la mujer / para adorno, lustre y gala…».
En otro pasaje se alude al castigo contra la quiebra del honor, aludiendo a lo que era norma entre caballeros, que la afrenta hay que lavarla en silencio («Quien en público castiga / dos veces su amor infama»), siendo además «el castigo sin venganza, justicia santa», lamentando no dar muerte a su mujer, aunque sí a su hijo: «Seré padre y no marido, / dando la justicia santa / a un pecado sin vergüenza / un castigo sin venganza. /…La infame Casandra dejo / de pies y manos atada, / con un tafetán cubierta, / y por no escuchar sus ansias, / con una liga en la boca, / porque al decirle la causa, / para cuanto quise hacer / me dio lugar, desmayada».
Otros autores y obras
En El celoso prudente de Tirso de Molina, que recibe también el título de Al buen callar llaman Sancho, se narra la venganza que don Lope de Ataide realiza, sin que trascienda, y simulando, como sucede en la obra, un accidente. El curioso pasaje dice así: «Convidó en medio el estío / a su enemigo a nadar, / y a título de jugar / los dos, entrando en el río, / abrazándose con él / a la mitad le llevó, / donde su injuria vengó / siendo sus brazos cordel, / y el verdugo su corriente: / después salió voceando: / ¡Favor, que se está anegando / mi amigo; ayudadle, gente!…».
Las pasiones que un hombre podía despertar en una mujer, lo que inevitablemente induciría que ésta «se perdiese a sí misma» y se deshonrase, se tratan también en la literatura de la época, hasta en la que escribe una mujer Oliva Sabuco de Nantes Barrera a finales del siglo XVI en un Tratado médico sobre la naturaleza humana, que presenta una teoría de la anatomía distinta a la admitida por la ciencia médica del momento.

Retrato de fray Luis de León de Francisco Pacheco
El contrapunto a esta forma de expresarse lo pone fray Vicente Mexía, también a finales del XVI en un tratado sobre el matrimonio, Saludable instrucción, donde indica que los maridos deben considerar a sus esposas como compañeras y no como esclavas, aunque más adelante no se resiste a indicar, según el uso, que la mujer debe estar subordinada al marido, y permitirla que mande en él representa un desorden repugnante. ¡Lástima que rematara de tal guisa fray Mexía!
Ya hemos visto como la literatura del siglo XVI no es parca a la hora de ocuparse de la mujer. Juan de Espinosa escribe un verdadero tratado, Diálogo en laude de las mujeres, donde se apresura a aseverar que no todas ofrecen dulzura y amor, advirtiendo a los prudentes sobre los determinados «tipos» de mujeres: las enmascaradas, las corredizas, las vagabundas, las codiciosas y las mujeres viejas bellas, y sobre todo «la poca pudiçitia de algunas mujeres, y otras, de su locura y vanidad». En el mismo diálogo aparece la paremiología en forma de proverbio: «Ni espada rota ni mujer que trota», lo que da idea de la asimetría en el trato entre los dos sexos, con estos claros simbolismos, puesto que la espada rota equivale a la deshonra del varón, mientras que la femenina, más en la línea de la jocosidad, se expresa por la mujer que trota.
También fray Luis de León en La perfecta casada se ocupa del estado natural de las mujeres, que no es otro que la reclusión, ya que la naturaleza hizo a las mujeres para estar encerradas y las obliga a que cerrasen la boca («fuera se convierten en putañeras»). Con lo cual, en aquellos tiempos, la reclusión era generalmente la norma en la mayoría de las que no se dedicaban a la prostitución, reclusión bien en forma de matrimonio cruel o bien en el convento.
En La fuerza del amor, cuya autora, fue en el siglo XVII, María de Zayas y Sotomayor, se describe el dolor y la violencia originados por el amor, que lo padecen invariablemente las mujeres, poniendo en boca de Laura, víctima de los celos, las siguientes frases: «Yo os aseguro que si entendierais que también había en nosotros valor y fortaleza, no os burlaríais como os burláis; y así vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con los temores de la honra, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas».
Lo que sobre la tensión de sexos aparece en la literatura española, es casi fiel reflejo de las contrariedades existentes en la vida real, aunque en éste como en otros conflictos, la realidad supera a la ficción. Los escritores del Medievo y los de la Edad de Oro fueron excelentes cronistas del humillante trato que la mujer ha tenido que soportar en sus relaciones familiares y laborales, sobre todo. La búsqueda bibliográfica da para mucho más, pero como representación de todo lo que, sobre el particular, aparece en la literatura española, me ha parecido suficiente lo aquí reseñado.
Notas del texto:
- Discurso XVI del Teatro crítico. P Feijoó.
- Fray Luis de León. La perfecta casada (1583), en Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra, M. 1855
- El Refranero General Español de J.M. Sbaarbi, Madrid, MDCCCLXXV
- Andrés Claramonte publica en 1630 De esta agua no beberé, de trama muy similar a la de El Médico de su honra, incluso los nombres de los protagonistas son iguales: D. Gutierre, Dª Mencía y don Pedro, aunque desaparece don Enrique. De todas formas, estos pseudoplagios eran muy frecuentes en la época. Lo mismo hizo Lope de Vega en la Parte Veintisiete de Comedias (1633) donde publica una obra con idéntico título, El Médico de su honra, desarrollando también la misma trama, aunque los personajes cambian de nombre.
- Son los celos un estado de ánimo frecuente. Kant dijo que «el hombre siente celos cuando está enamorado y la mujer, aunque no lo esté». Una copla andaluza lo expresa bien: «La noche del aguacero, dime dónde te metiste que no te mojaste el pelo».
Bibliografía
- Aymard, M et al. Historia de la vida privada, Tomo 6º. Vol. dirigido por Roger Chartier. Obra bajo la dirección de Philippe Ariès y Georges Duby, Edic. Tauros, 1991
- Barrionuevo y Herrán, E. Galantería sagrada, Madrid, 1934
- Cervantes, M. de, Novelas ejemplares, Espasa Calpe, Madrid, 1957
- Calderón de la Barca. Dramas de honor I, A Secreto agravio, secreta venganza, Espasa Cape, Madrid, 1956
- Calderón de la Barca. Dramas de honor II, El Médico de su honra. El pintor de su deshonra, Espasa Caple, Madrid, 1956
- Courtin, A. Traité du point d’honneur et des regles pour conversor et de conduir sagement avec les civils et les facheux,K Paris, 1675
- García Velasco, A. La mujer en la Literatura Medieval Española, Aljaima, 2000
- Hodgart, M. La sátira, Edic. Guadarrama, Madrid, 1969
- Lope de Vega, F. El Perro del hortelano. El castigo sin venganza, Clásicos Castalia, Madrid, 1989
- Perry, M.E. Ni espada rota ni mujer que trota, Ediciones Crítica, Barcelona, 1993
- Sorapán de Rieros, I. Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua, 1616, Bibl. Nac., R/6622
epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Rodríguez Cabezas A. La mujer en la literatura española del Siglo de Oro. epistemai.es [revista en Internet] 2026 junio (29). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/9744
