
Participantes: Doña Marion Reder Gadow –catedrática emérita de Historia Moderna de la UMA y socia numeraria de la SEMA– y doña María Ángeles Jiménez –farmacéutica y vicepresidente segunda de la SEMA.
Apertura del acto: D. Quintín Calle Carabias, presidente de la SEMA.
27 de enero de 2026, en el salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga (Pl/ de la Constitución, 7).

Mejorar la visibilidad de las mujeres ha sido y sigue siendo un trabajo arduo. Dar luz al papel de la mujer en distintos aspectos de la sociedad ha necesitado de una lucha incansable contra el poder y las formas de una sociedad netamente patriarcal. La intervención de Marion Reder Gadow ha puesto de relieve cómo han ido poniéndose en marcha y avanzando académicamente el estudio sobre la mujer y el género, principalmente a partir de la década de los años 70, pero que el camino, precisamente, no ha sido de rosas.
Han sido necesarios cambios como la integración de la mujer en la sociedad y la puesta en marcha de estudios para sacar a muchas protagonistas de la invisibilidad. A lo largo de su presentación esta catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Málaga (UMA) ha traído a la luz las líneas de trabajo que a partir de 1970 comenzaron distintos grupos interdisciplinares, aunque con ardua dificultad por las reticencias del entorno. A partir de esos años se comenzó a estudiar y a realizar actividades desde el ámbito de la Universidad para aumentar el conocimiento de la historia de la mujer. Por ejemplo, en la UMA pusieron en marcha seminarios de estudios específicos. La puesta en común de esos trabajos tuvo una especial relevancia, se fue repitiendo año tras año, y de ahí surgieron publicaciones específicas y altamente significativas, de las que la ponente expuso múltiples ejemplos. El peso de figuras como Carmen Martín Gaite sirvió para dar un relieve especial a las publicaciones. Avanzando en el tiempo, se empieza a integrar en todo ello la perspectiva de género.

Con el paso del tiempo y la acumulación de trabajos, continuó Marion Reder, se fueron consolidando las líneas de investigación y un corpus en disciplinas como Ciencia, Literatura, Historia… En los 90 esa consolidación se reflejó en distintas colecciones de diferentes instituciones, premios como el Victoria Kent o el Carmen de Burgos y un doctorado en la UMA, etc. Otras particularidades, como la dificultad para obtener información sobre las actividades y el papel social de la mujer y la forma de conseguir documentación a lo largo de la Historia, formaron parte de la intervención de la catedrática de Historia a raíz de preguntas de los asistentes.
La otra participante en la Mesa, M. Ángeles Jiménez, dedicó su intervención a relatar los pormenores de la evolución en los últimos 50 años de la terapia hormonal en mujeres durante la menopausia. Fundamentado en el hecho de la bajada de la producción de estrogénica en ese periodo de la vida de la mujer, fue haciéndose cada vez más frecuente y popular la prescripción de la terapia hormonal llamada “sustitutiva”, hasta que la publicación de los resultados de diversos estudios clínicos entre 1998 y 2004 confirmaron las sospechas de los riesgos que implicaba y la falta de eficacia respecto a sus objetivos iniciales. En este caso, la prensa jugó un papel relevante en la difusión de los resultados y los tratamientos pasaron a quedar marcados negativamente a nivel mundial. La intervención de autoridades sanitarias decisoras y la aparición de múltiples estudios llevó en casi 20 años a un cambio radical en las recomendaciones. La terapia que parecía ser apropiada para evitar muchos problemas de salud en la mujer, casi la panacea, ha quedado reducida a ser recomendada solo paliar determinados síntomas de la menopausia y a ser utilizada durante el menor tiempo posible.

Este cambio en las indicaciones farmacológicas ha coincidido con otros cambios en algunos conceptos que estigmatizaban la vida de la mujer, remarcó la conferenciante. La menopausia no es una enfermedad, sino un proceso fisiológico. Con el aumento de la esperanza de vida, los datos demuestran que le quedan muchos años por vivir tras la menopausia, de ahí que este siglo XXI el enfoque sea radicalmente diferente al que imperaba 30 años atrás. Concluyó la ponente indicando que la tendencia es hacer valer que “los parámetros imprescindibles para tener una buena calidad de vida son, entre otros, un abordaje global que combine hábitos saludables, apoyo psicológico y, cuando sea necesaria, una atención médica personalizada”.
