‘Cinco lobitos’, de Alauda Ruiz de Azúa

 

Cartel de ‘Cinco lobitos’, de Alauda Ruiz de Azúa

En mitad de una calle del centro de Madrid, Amaia, una mujer de treintaicinco años, coge entre sus brazos a su bebé recién nacido, Ione. Acaba de salir del taxi que la ha traído del hospital donde ha dado a luz. Está visiblemente cansada y se queja del dolor que le provocan los puntos del parto. “A todas nos han puesto puntos”, le achaca su madre, Begoña. Los padres de Amaia se han trasladado unos días a la capital para dar la bienvenida a su primera nieta y echar una mano con el bebé a la madre primeriza. Los imperiosos consejos de la abuela son recibidos con cierta antipatía por Amaia, que considera que su madre, ama de casa, hubo de tenerlo más fácil para criarla que ella, ya que “no tenía que trabajar”. Tras varios días de tensiones, la despedida es fría: Begoña no parece devolverle el abrazo que le da su hija. Nunca ha sido una madre especialmente cariñosa.

Este el punto de partida de Cinco Lobitos (2022), ópera prima de Alauda Ruiz de Azúa que ha despertado un entusiasmo generalizado entre el público y la crítica. La película se presentó en enero en la sección Panorama del Festival de Berlín y, en marzo, durante la vigésima quinta edición del Festival de Málaga, se alzó como la máxima ganadora con cuatro galardones, entre ellos la Biznaga de Oro a la mejor película española y la Biznaga de Plata a la mejor actriz, ex aequo para sus dos protagonistas, Laia Costa y Susi Sánchez. Con este filme Ruiz de Azúa se erige como una más que firme candidata a seguir los pasos de Carla Simón (Verano 1993), Arantxa Echevarría (Carmen y Lola), Belén Funes (La hija de un ladrón), Pilar Palomero (Las niñas) y Clara Roquet (Libertad) y convertirse en la sexta ganadora consecutiva del Goya a la mejor dirección novel. Lo que en principio no dejaría de ser una anécdota acaba resultando significativo: sigue siendo necesario celebrar que cada vez sean más las mujeres que tengan la oportunidad de liderar proyectos y alzar sus voces dentro de una profesión, la dirección cinematográfica, tradicionalmente masculinizada.

Cinco lobitos es una película sobre mujeres desde una perspectiva necesariamente femenina y feminista. Las primeras escenas abundaban en uno de los temas principales de la película: las distintas maneras de entender la maternidad, acuciadas por la diferencia generacional. Pero Ruiz de Azúa no se queda ahí. La directora se revela como una narradora hábil que, a partir de una historia intimista y sin excesos melodramáticos, reflexiona sobre cómo en una sociedad patriarcal, como lo es aún la España de 2022, la crianza y los cuidados de las personas dependientes terminan recayendo casi exclusivamente sobre las mujeres.

La directora, Alauda Ruiz de Azúa

Javi (Mikel Bustamante), pareja de Amaia (Laia Costa), parece, de primeras, un padre comprometido. Aunque se queja, al final acaba preparando el bibi y cambiando algún pañal. Se dedica al diseño de iluminación en espectáculos teatrales, pero al igual que le sucede a Amaia, su situación laboral no le permite disfrutar de una baja parental.  Decide, contra el deseo de Amaia, incorporarse a un trabajo que lo obliga constantemente a estar fuera de casa durante semanas. La hija es de ambos y ambos trabajan, pero durante muchos días será solo la madre la que se encargue de los cuidados. En una de las breves visitas de Javi, Amaia ironiza con Ione entre sus brazos: “este hombre es papá”. El derecho a la conciliación laboral y familiar, que tiene brecha de género, sobrevuela este primer acto de la película. Amaia tiene que concentrarse en un trabajo creativo de escritura mientras cría a una niña que llora sin descanso. Solo la tranquiliza cantándole la nana de los cinco lobitos. En un despiste, Ione se cae del sofá. No sufre ningún daño, pero Amaia se culpabiliza de una situación que claramente la desborda. Decide marcharse de Madrid y regresar al pueblo con sus padres. Lo que para Amaia es un punto de inflexión, que le hace sentirse una “mala madre” y que ha motivado que tome una decisión importante, para su madre Begoña (Susi Sánchez) no es más que una anécdota: bromea con la de veces que se le cayó Amaia cuando era bebé.

Fotograma de la película

El regreso al pueblo, a la casa de los padres, no es leído aquí como un fracaso. Ruiz de Azúa, en cambio, sin caer en la idealización, lo plantea como un espacio para el reencuentro entre una madre y una hija que aprenden a conocerse de nuevas maneras. Su convivencia, ahora como mujeres adultas, es diferente a la que tenían en el pasado: Begoña, que siempre se ha dedicado a cuidar de los demás, necesitará ahora ayuda debido a la evolución de su enfermedad, mientras que Amaia deberá asumir nuevas responsabilidades como hija. De manera progresiva, Amaia se va adaptando a su nueva realidad. Si antes era Begoña la que en el mercado charlaba con las vecinas y se llevaba el pescado más fresco, ahora es Amaia la que cumple ese papel: compra merluza porque es el pescado que mejor le sienta a su madre y responde a las vecinas que se preocupan por la salud de Begoña. Cuando esta se queja del dolor derivado de la operación, Amaia se permite bromear con que “puntos nos han dado a todas”. Se forja así una nueva complicidad entre ambas que involucra también a la pequeña Ione, a la que, cuando llora, su abuela calma cantándole una nana, la de los cinco lobitos, pero con una letra ligeramente diferente a como la cantaba su hija.

Susi Sánchez y Laia Costa en una escena de ‘Cinco lobitos’

Al igual que la crianza del bebé se configuraba como una competencia casi por completo femenina, así sucede con la asistencia a las personas dependientes. Koldo (Ramón Barea), marido de Begoña, parece un buen hombre y un abuelo atento, pero, como tantos otros padres, delega en las mujeres de la familia la responsabilidad principal en los cuidados y en el mantenimiento de la casa. Y ello lo hace con la complicidad de un sistema patriarcal que le permite quejarse de que los garbanzos han quedado salados, aunque él no sea capaz ni de mirar la fecha de caducidad de los alimentos. Begoña ha sacado a su familia y su casa adelante, y para ello ha tenido que olvidarse, como ella misma dice, de las vidas que no ha vivido, y aceptar la que le ha tocado vivir. Y es ahora Amaia sobre quien recae el peso no solo de cuidar de su hija, sino también de su padre y de su madre enferma. Ruiz de Azúa es crítica con esto, pero no discursiva. Se limita a presentar con verismo una situación con la que muchas mujeres, de diferentes generaciones, pueden sentirse identificadas.

En Cinco Lobitos, Alauda Ruiz de Azúa refleja la resignación de tantísimas mujeres, pero lo hace mediante un tipo de cine imperceptible que dignifica a sus personajes, a los que retrata con autenticidad y cariño. Koldo, en su papel de “buen padre, pero marido nefasto”, monta una película formada por vídeos domésticos en los que se ve, por un lado, a una joven Begoña criando a una Amaia bebé y, por otro, a Amaia y a Begoña como madre y abuela de la pequeña Ione. Begoña, emocionada, reflexiona en voz alta que “a veces una es feliz y no lo sabe”. El vídeo funciona como un díptico que presenta diferentes épocas, diferentes maternidades, una rodada en Super-8 y otra con la cámara de un móvil, pero que muestra la misma dedicación, responsabilidad y afecto. Madre e hija descubren que son más parecidas de lo que en un principio creían. Como aquella nana que, aunque cambie de letra, sigue sonando con la misma melodía.

 

Isidro Molina Zorrilla
Filólogo

 


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Molina Zorrilla, I. ‘Cinco lobitos’, de Alauda Ruiz de Azúa. epistemai.es [revista en Internet] 2022 junio (17). Disponible en: https://epistemai.es/archivos/4920

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