Los números no cuadran

 

‘Creación de la Luz’, momento inicial del Pentateuco. Grabado sobre metal de Gustave Doré (a)

De los cinco libros que componen el Pentateuco, el cuarto es el de Los números. Probablemente el menos leído de los cinco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), al menos hasta el final, por lo tedioso del recuento. Tanto o más que la cantinela de la lotería de Navidad. Según nos cuentan Eloíno Nácar –canónigo lectoral de la catedral de Salamanca– y el dominico Alberto Colunga –ambos en su día profesores de Sagrada Escritura en la Universidad Pontificia–, dicho libro se tituló en hebreo Vayedabbar (“Y dijo”), por su primera palabra; y también Bamidbar (“En el desierto”), porque en él se cuenta –nunca mejor dicho– la historia de Israel tras su salida de Egipto. Fueron Los LXX (Los Setenta, traductores alejandrinos del texto hebreo al griego en tiempos de Ptolomeo II, entre 285 y 246 a. C.), quienes le dieron el título definitivo, por referirse a los empadronamientos descritos en sus capítulos 1 y 26.

Importa igualmente saber que de ‘número’ deriva ‘nombre’ (véase en francés la diferencia entre nom y nombre), como de numerare > nombrar. Y aquí topamos con una confluencia evolutiva de la fonología del latín a las lenguas neolatinas: lat. nomen > nominare > esp. nominar (culto) y nombrar (popular). Estas coincidencias son bastante frecuentes y producen los conocidos ‘dobletes’, como lat. collocare > ‘colocar’ y ‘colgar’, lat. pértica > ‘pértiga’ y ‘percha’.

Daré un solo ejemplo más, éste en francés, para confirmar un fenómeno común a las lenguas neolatinas y sacar a colación otra mala hierba invasora. Lat. amare > fr. aimer; lat. aestimare > fr. estimer (culto) y aimer (popular). De donde, tanto amare como aestimare > aimer, con dos significados, según el verbo original del que provengan: amar (<amare) y gustar, apreciar (<aestimare). Lo horrible viene cuando se oye decir en español a algunos que “aman el fútbol” por “les gusta el fútbol”. ¿Y por qué no está bien ‘amar’ el fútbol, u otra cosa? Porque, aunque el amor sea ciego, al menos exige que haya posibilidad de correspondencia. Y las cosas no gozan de tal cualidad. Luego, como detrás de la soga va el caldero, el inglés (idioma rehecho fundamentalmente sobre el francés) repite el canto como las codornices: I love you / I love spanish gazpacho. Y si además se sustituye la palabra ‘love’ por el semiótico corazón rojo, la locura lingüística se desata. Vamos, que usted se puede enamorar de una farola, allá usted, pero demostrará con ello sus pocas luces.

Libro de estilo de la Lengua Española. RAE, 2018

Volvamos a los números. Y sobre todo al primero de ellos: ‘un, uno, una’, cuya confluencia semántica con el artículo indeterminado crea el conflicto. ¿Es posible que algo tan concreto y preciso como ‘uno’ pueda generar indeterminación? Como ocurre en toda estructura, sólo por oposición a su contrario, el artículo determinado (el, la / los, las), ‘uno’ deja sobreentender que la serie sigue y que, tras el uno, viene el dos, el tres, y muchos más; mientras que, tras ‘el, la / los, las’ no hay serie que siga. Todo acaba en su concreción. En un ejemplo como ‘el sol’, no cabe la duda: ambos interlocutores saben con precisión a qué objeto se refieren. En cambio, ‘un sol que rabia’ da a entender que hay otros diferentes. Viene así a parar la lengua –todas las neolatinas– a un lugar de disputa entre el número (contable) y la indeterminación del artículo. Y sobre todo cuando a la serie de la decena inicial siguen otras: 1, 21, 31…

Ningún problema con los guarismos; pero uno bien grande surge con su transcripción en grafemas verbales: un, veintiún, treinta y un… Si en la primera serie se plantea la duda entre el número y el indeterminado (un perro / una cabra), en la segunda, la ley de la analogía nos lleva a decir ‘veintiún perro / veintiuna cabra’. Y la lógica nos conduce asimismo a percibir que esos animalitos son numerosos; por tanto, a decir ‘veintiún perros / veintiuna cabras’. Y la disputa entre analogía y matemática no acaba siempre en paz, por aquello de la razón y el sentimiento: éste tiene razones que la razón no entiende y que –al decir de Unamuno– las razones de aquélla ni siquiera son verdades para éste. Todo esto encaja en la psicología del lenguaje y queda fuera de nuestro tema de hoy. El interesado en ello puede recurrir, entre otros, a Gustave Guillaume (1883-1960) en su tratado Le problème de l’article et sa solution dans la langue française (1919). Es sin duda lo más perspicaz que se ha escrito sobre el tema y, aunque se basa en el francés, vale para cualquier lengua neolatina.

 

Veintiún borracheras

El tema de hoy viene motivado por dos citas que he tomado al azar. La primera dice:

“Estoy al tanto de que, aunque moderó su afición al whisky -veintiún borracheras en quince aventuras-, la cirrosis le ronda el hígado…” (2021-01-31)

El pobre capitán Haddock de las aventuras de Tintín, no sé si sobrevivirá a su adicción al alcohol, pero estoy seguro de que, si tiene que tragarse un ‘hablaje’ de ese calibre, no llega a la siguiente aventura. En esto parece haber unanimidad. Hasta la RAE, tan iconoclasta en lo referente al género, coincide en el número con la inmensa mayoría de lingüistas y relata la lista completa: veintiún niños y veintiuna niñas; treinta y un niños y treinta y una niñas; ciento un niños y ciento una niñas; mil y un niños y mil y una niñas; un millón un niños y un millón una niñas... (Libro de estilo de la lengua española, 2018, Glosario, s.v. uno, na). Hace una excepción: cuando al primer guarismo le sigue otro, quedando el numeral/indefinido en medio. En tal caso ‘un’ puede concertar con el guarismo o con el elemento contable. Así, veintiún mil personas o veintiuna mil personas; treinta y un mil mujeres o treinta y una mil mujeres. Y remata con un ejemplo práctico de una supuesta tienda en Londres (£5,21): Es cinco con veintiuna libras, no cinco con veintiún libras (Íbidem). Tras este chaparrón, me temo que el capitán Haddock, además de sus improperios, va a poder seguir dándole al whisky que le quede para superar las veintiuna borracheras desafiando la cirrosis. Igualmente, imagino al pastor de los perros y las cabras referidas en el quinto párrafo, rascándose la cabeza debajo de la boina: –¿Veintiún cabras? Pues a mí me sale alguna más…

 

Referendum / album

La segunda cita que motiva este artículo viene de la confusión oficial en el uso de ciertos plurales derivados del latín. La historia de ambas palabras las relaciona con lo público: la primera hace ‘referencia’ a la opinión pública, consultada sobre determinados asuntos; la segunda, a una tablilla ‘blanca’ en la que se ponían anuncios, cuyo conjunto componía el album. Ambos términos aparecen en España tardíamente, ya bien entrado el siglo XIX, y, la verdad, no se ha sabido muy bien cómo manejarlos gramaticalmente. Prueba de ello es que aún hoy siguen dando que hablar.

Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. M. Seco, 1991

En concreto, referéndum, tan en boca de los políticos, no sólo se les atraganta a ellos –por lo general, preclaros especímenes de los sistemas de enseñanza de última generación–, sino a otros muchos. Veamos al respecto el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Manuel Seco, Espasa-Calpe, 9ª ed. 1991): “El plural más frecuente de esta palabra es referéndums; pero también puede decirse referendos, correspondiente a un singular referendo que la Academia propone al lado del tradicional referéndum. La solución más práctica sería adoptar decididamente el español españolizado referendo, con su plural normal referendos…” En cambio, para la voz álbum adopta otra solución, infinitamente menos complicada y más lógica: “El plural es álbumes (no albums ni álbunes.”

La pregunta del lector crítico es obvia: ¿para qué sirve la ley de la analogía? ¿Es que lo que vale para un término, no vale para otro igual? ¿Por qué, si ‘álbumes’ es una solución fácil, cómoda y gramaticalmente correcta, no puede aplicarse igualmente a ‘referéndumes’? El citado Libro de estilo de la lengua española mantiene la fórmula de M. Seco: pl. referéndums; el Diccionario panhispánico de dudas ni lo recoge. ¿Para qué?

La confusión sube de grado al consultar el Diccionario de usos y dudas del español actual (Vox, 1996) de José Martínez de Sousa: Referendum “Latinismo por referéndum o referendo. Plural: es problemático en español; no es admisible la forma latina, referenda, ni referéndums o referéndumes. Tampoco es satisfactoria la forma invariable: los referéndum. Afortunadamente, la solución, en este caso, está a nuestro alcance: siempre que sea posible [¿y cuándo no?, digo yo], utilícese en singular referendo, cuyo plural no presenta problemas. [Imagino aquí al señor Martínez limpiándose el sudor tras el esfuerzo de imaginación. Y sigue:] En la correspondiente entrada de referéndum, dice el DRAE92 que “su plural es referendos”. En honor a la verdad y a la regularidad lexicográfica, referendos es plural de referendo, no de referéndum. A no ser que la Academia quiera decir que se puede escribir referéndum en singular y referendos en plural en el mismo escrito, porque eso parece poco coherente.” Y sin dar respuesta al problema, habiendo afirmado que “no es admisible la forma latina referenda, ni referéndum o referéndumes”, nos encamina –como en el juego de La Oca– del laberinto al 30: mare magnum; memorándum. No viene a cuento seguirle el juego. Ya nos lo ha dejado como don Juan a doña Inés: imposible para vos y para mí.

Si esto ocurre entre los entendidos, ¿qué se puede pedir a vos omnes qui transitis per viam…? ¿Por qué demonios tendrán que sacar a relucir palabras del latín clásico que luego no saben cómo tratar? Jamás me abonaré a un seguro médico que insiste machaconamente (¿será por anuncios?) en llamarse Sanítas, porque el maltrato que da a un paciente tan grave como el latín hace dudar de su sensibilidad. Dejen el latín en paz. Cuantos han disfrutado del poder y lo ignoran ya han decretado su muerte. Respeten al menos su descanso eterno y no aparenten lo que no son. ¡Jesús, qué ‘inritación’! Ya no es sólo que lo números no cuadren, es que lo desencajan a uno…

 

 

Quintín Calle Carabias
Doctor en Filología Moderna, profesor titular de la UMA y Presidente de la SEMA

 

Referencia de la imagen:

a. Gustave Doré, Public domain, via Wikimedia Commons. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Creation_of_Light.png


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Calle Carabias Q. La deriva del lenguaje. epistemai.es [revista en Internet] 2022 febrero (16). Disponible en: https://epistemai.es/archivos/4609

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