La Dama de Elche. Alma y símbolo de un pueblo

 

 

 

Jesús Rueda Cuenca
Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas

Sinopsis del discurso de ingreso como Socio Correspondiente,
y lección inaugural del curso 2026-2027 de la SEMA

 

La Dama de Elche ha trascendido en la historia lo que quizás debiera haber sido el simple avatar de una simple escultura; de ella se ha hecho un símbolo, un sentimiento, una identidad que ha trascendido lo meramente local. Su arraigo y proyección internacional permanecen unidos de modo indisociable; su visión mítica ha ido por delante de su contextualización histórica, pues, en verdad, su rostro suscita más veneración que conocimiento; sus patentes diferencias con el resto de la estatuaria ibera, sus peculiaridades, la nebulosa en torno a su epifanía, hacen que esta Dama haya adquirido un potencial representativo que va más allá de su materialidad y acaba canalizando un importante componente afectivo.

La mayoría de los arqueólogos e investigadores de nuestra era han ensalzado, desde diversas ópticas y perspectivas, la indubitable belleza de su faz; sirvan como ejemplo, las afirmaciones de Antonio García Bellido –“la escultura española no alcanzó la altura de la Dama de Elche hasta que el Maestro Mateo esculpió el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela”– y de Martin Almagro Gorbea, quien llegó a afirmar que “si Argantonio fue el primer rey de España, la primera reina de España es, por antonomasia, la Dama de Elche”.

Figura 1. Tres Damas por antonomasia y una por añadidura: Cerro de los Santos, Elche y Baza. Guardamar en menor tamaño

Figura 1. En la estatuaria ibera hay tres Damas por antonomasia y otra más por añadidura; por orden cronológico de aparición, figura primero la Dama del Cerro de los Santos, en Albacete; hacia 1830, tras un incendio, tala y deforestación en un bosque, empezaron a aparecer, a ras de suelo, multitud de esculturas en piedra, sin orden ni concierto; entre otras muchas, apareció la efigie de una gran Dama, de bulto, estante, ricamente ataviada y enjoyada, en actitud oferente. La segunda en aparecer fue la Dama de Elche; en el paraje denominado la Alcudia, a unos dos kilómetros del casco urbano actual, durante unas labores agrícolas, en agosto de 1897, uno de los operarios golpeó con el pico lo que creyó era una piedra de gran tamaño; al tratar de extraerla manualmente, encontró el busto en piedra de una bella mujer, extraordinariamente ataviada y enjoyada, con un hueco en la espalda. La tercera fue la Dama de Baza, Granada, hallada en el curso de una excavación arqueológica perfectamente organizada y reglada a cargo del profesor Presedo, de la Universidad de Córdoba, en 1971; estaba dentro de una tumba, con rico ajuar mortuorio, también muy ricamente ataviada y enjoyada, conservando gran parte de su policromía original; en actitud sedente, muestra una gran oquedad bajo el asiento del trono que ocupa, indicando a las claras que se trata de una urna cineraria. La cuarta, llamada de Cabezo Lucero, menos ostentosa que las tres antemencionadas, apareció en Guardamar de Segura, Alicante, en 1987, también en una excavación reglada, y es un busto de mujer de grandes similitudes con el busto ilicitano, aunque mucho menos rica y enjoyada. Todas ellas habían sido elaboradas hacia el siglo IV antes de nuestra era.

¿Por qué, de estas cuatro Damas, solo la de Elche ha alcanzado tal renombre universal? La respuesta, nada sencilla, es multifactorial; en primer lugar, por la nebulosa que rodea su epifanía: aparece en un contexto nada habitual, prácticamente a ras de tierra, en un estrato arqueológico inapropiado para su edad (antes de llegar al ibérico habría que sobrepasar, cuando menos, los visigodos y los romanos); su desvelamiento es un suceso fortuito; golpeada –repetidas veces, no una sola– con la herramienta del operario, se extrae sin tener en cuenta el entorno, no se busca ni se aprecia ningún otro objeto o resto que pudiera proporcionar información ulterior; además, sobre el mismo proceso de hallazgo, se hicieron dos versiones distintas: la del bibliotecario y cronista municipal, Pedro Ibarra Ruiz, quien visita el lugar del hallazgo al día siguiente, y reconoce no hallar nada significativo alrededor, si bien toma notas, apuntes, hace esquemas, dibujos, fotografías, tanto de la escultura como del punto de encuentro; otra versión, elaborada casi 50 años después de su aparición, de Manuel Campello Esclapez / Alejandro Ramos Folqués –entonces propietario de la finca, gran estudioso, importante arqueólogo– afirmando que fue aquel, jovenzuelo, quien el 4 de agosto de 1897 descubrió la Dama: tras el golpeo con el pico, procedió a la extracción manual de un busto en piedra colocado en una especie de cista u hornacina, con seis losas labradas, en el fondo y los lados, cubierta con arena, en posición ligeramente inclinada; esta versión, con algunas imprecisiones e inexactitudes, es la que ha calado en el sentir del pueblo de Elche: protagonista un jovenzuelo local, de bajo nivel sociocultural, que extrae de la tierra una imagen cuasi divina… la historia deja paso a la leyenda.

Porque, de esta manera, todo apunta a una ocultación intencionada de la figura de la Dama, para protegerla de expolios o destrucciones ante guerras entre pueblos autóctonos, contra cartagineses, contra romanos, que, al fin y a la postre, dieron en arruinar la notabilísima localidad que llegó a ser Ilici en tiempos romanos y visigodos.

Es patente que la Dama del Cerro de los Santos es una sacerdotisa oferente; la de Baza, es una urna cineraria que alberga los restos de un difunto; ambas son de cuerpo entero. La Dama de Elche es un busto –poco habitual en la estatuaria ibera, pero avalada ulteriormente por la Dama de Cabezo Lucero– muy ricamente ataviada, con gran profusión de joyas y abalorios, cuya representatividad y/o utilidad no es manifiesta. Su figura induce a error; el erudito Pedro Ibarra afirmaba que era el dios Apolo, y los rodetes laterales, las ruedas de su carro.

Figura 2. Detalles de la Dama de Elche

Figura 2. Se ha postulado que estos rodetes eran símbolos solares relacionados con el calendario y de carácter apotropaico, es decir, de un rito, una fórmula, algo mágico que aleja el mal y propicia el bien; y también se ha postulado que el punto de enganche de los cordones de que cuelgan las ínfulas, en la cara interna de los mencionados rodetes, son derivados de la flor de loto, representando el árbol de la vida, e incluso se han intentado relacionar con Jakim y Booz, los pilares del primer templo de Salomón.

Porque otra de la nebulosas que entornan a la Dama de Elche es, precisamente, su representatividad. Podría ser una diosa. Sabido es que los iberos no esculpían imágenes de cuerpo entero para diferenciar a los humanos de los divinos; y que, aparentemente, tampoco esculpían bustos; la Dama de Elche lleva algunos atributos que pudieran semejar a una divinidad; pero lleva también amuletos, anforillas o bullas portaamuletos, lo cual sería impropio de una diosa, no puede impetrar la protección de los dioses siendo una de ellos; tampoco era de recibo que una diosa se contaminase con las cenizas de un difunto. Martin Almagro opina que era una imagen divinizada, de carácter sacro al ser el Nefesh o encarnación material del espíritu, de modo que acompañaría y protegería a un difunto en su viaje al más allá; de este modo, la Dama de Elche se ha comparado con la diosa Tanit fenicia, o la Astarté cartaginesa, antecesoras de la romana Juno. Podría ser una sacerdotisa; a diferencia de la Dama del Cerro de los Santos, en actitud claramente oferente, la Dama no lleva ningún presente. Lo que parece cierto es que tenía un carácter simbólico, de permanencia, de comunicación con lo esotérico; por eso, se hizo de ella una ocultación manifiesta en circunstancias de inseguridad.

Todo apunta a que se trataba de la réplica en piedra (indeleble) de una cantera local, de una imagen en madera (deleble) que representaba a una reina (Martin Almagro dixit), a la esposa del régulo local, o a una mujer de la alta alcurnia ilicitana; en cuanto a su utilidad, esta quedó definitivamente establecida merced a los trabajos de Pilar Luxan y su equipo del CSIC, demostrando la presencia en la oquedad dorsal del busto, de restos calcinados que contenían calcio, fosforo y estroncio, componentes del hueso humano: es decir, al igual que la Dama de Baza, la de Elche era una urna cineraria.

Figura 3. Comparativa del rostro de las tres Damas principales

Fig. 3. También ofrece pocas dudas la afirmación de la superior belleza y fábrica escultórica de la Dama de Elche sobre las otras Damas Iberas; teniendo en cuenta que su datación viene a coincidir con el periodo clásico de la escultura griega, la Dama de Elche es su mejor exponente ibero.

Figura 4. Mirada frontal de la Dama de Elche

Fig. 4.- Otro aspecto más a considerar en la iconizacion de la efigie de Elche es el hecho de que no puede apreciarse su rostro en visión lateral; a diferencia de las otras dos, su faz queda oculta por los rodetes, lo que obliga a mirarla frente a frente, de modo que ella, con sus glaucos ojos que tanto subyugan –palabras de Rafael Ramos– te atrae como en un sueño, a la vez turbador y fascinante –palabras de Theodore Reinach.

Toda esta aureola de misterio en torno a la Dama, se ve incrementada con su peripecia vital. Vendida al Museo del Louvre a los pocos días de su hallazgo, se levantan ya algunas voces clamando por una legislación que impida este tipo de expolios; cuando, bajo el gobierno de Primo de Rivera se inaugura la madrileña Casa de Velázquez, sede de otra Escuela de Altos Estudios Franceses, en presencia de S.M. Alfonso XIII, el mariscal Petain y Pierre Paris, su comprador, y desde entonces director de dicha escuela, Ernesto Giménez Caballero reclama el retorno de la Dama a esta institución, de modo que, aun permaneciendo en territorio francés, estaría más cerca de su casa natal. Blas Infante también reclamó una parte andaluza de la Dama, afirmando que “la obra capital de la escultura ibérica, la celebrada Dama de Elche, ha sido encontrada cerca de la frontera tartesa, ejecutada dentro de Tartesia o bajo la influencia directa y próxima de artistas tartesios”.

Con anterioridad, George Antoine Rochegrosse utilizó, en 1900, el atavío de la Dama para ilustrar una edición de la novela Salammbó, escrita por Gustave Flaubert en 1852, sobre la aventura de la reina de Cartago; y volvió a usar los adornos al retratar a su musa Marie Leblond como ‘La danseuse’, registrada entre sus proyectos como ‘Femme d´Elche’.

En 1899, David Dellepierre realizó un cartel para el 25º centenario de la ciudad de Marsella, donde una mujer ataviada de forma semejante a la Dama de Elche representa a Giptis, hija del jefe local marsellés, dando la bienvenida a Protis, comerciante foceo. Entre 1902 y 1907 se construyó en Manhattan, Nueva York, el edificio Alexander Hamilton U.S. Custom House, y entre sus adornos, colocó una estatua que recuerda mucho a la Dama de Elche.

Sin embargo, la ola reivindicativa comenzó realmente en 1940-41, con las negociaciones entre los gobiernos de Franco y Pétain sobre la devolución y retorno de objetos expatriados durante la Republica y la Guerra Civil. La reclamación hispana fue creciendo a medida que los franceses ofrecían menor resistencia, de modo que se añadieron objetos y obras de arte distintas de las previstas inicialmente; detallado recuento puede consultarse en la monografía al respecto del profesor Antonio García y Bellido; pues bien, entre la multitud de objetos devueltos, se incluyó la Dama de Elche (no había sido expoliada, sino vendida). El regreso del busto ibérico a su país (que no ciudad) natal, vino a convertirla en una especie de icono, reverdeciendo viejos laureles y viejas glorias imperiales de la Historia de España, llegando incluso a compararla con la reina Isabel la Católica.

Elche, aunque con un poco de retraso, hizo bandera y símbolo de identidad local con su Dama; alojada en el Prado desde su llegada (1941) hasta su traslado al Museo Arqueológico Nacional (1971), se consiguió en 1965 una cesión temporal, de apenas quince días, en que pudo venir a su casa natal. Tras arduas negociaciones, se logró otro traslado temporal en el año 2006, durante varios meses (se calcula que recibió más de cuatrocientas mil visitas).

Soslayando los aspectos religiosos, podemos entender el término ALMA como el principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida, aquello que da espíritu, aliento y fuerza a algo. Y desde luego, no se puede negar que, en torno a la figura de la Dama, hay todo un pueblo que la quiere, que la quiere tener cerca, que quiere sentir su esencia y su presencia, que aglutina en torno a sí, el impulso, la seña de identidad, individual y colectiva. Elche tiene claro el recuerdo de una ‘Dama Universal’. Afirma cantando en su himno que “en tu seno amoroso guardaste una Dama de excelso valer, que de pena al perderla, lloraste y al gobierno francés suplicaste que a España debiera volver”.

La unión física de Elche con su Dama solo es equiparable a la unión espiritual de la Dama con su Elche. Solo nos falta “que vuelva a Elche su Dama porque su pueblo la espera, la idolatra y la venera”; símbolo de su identidad, forma parte inmanente del alma de este pueblo.

 

Elche y Málaga, septiembre y octubre de 2026.


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Citación: Rueda Cuenca JA. La Dama de Elche. Alma y símbolo de un pueblo. epistemai.es [revista en Internet] 2026 octubre (30). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/10234

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