Florence Nightingale: patobiografía

 

A dos años del bicentenario de su nacimiento queremos recordar hoy aquí un personaje excepcional: Florence Nightingale.

Enferma y postrada en cama más de la mitad de su vida, nació en Florencia –de aquí su nombre, según costumbre familiar– el 12 de mayo de 1820 (Florencia, 1820 – Londres, 1910). Inglesa, procedente de una familia de la alta sociedad, pionera de la enfermería profesional moderna, Florence rechazó la cómoda vida a la que estaba destinada para trabajar como enfermera. Motivada por sus deseos de independencia y de profundas convicciones religiosas, se enfrentó a su familia y a los usos sociales de la época para buscar una cualificación profesional que le permitiera ser útil a sus semejantes.

Entre 1851 y 1854, Nightingale completó su instrucción práctica viajando a la escuela alemana de Kaiserswerth y realizando estancias en centros de Gran Bretaña y Europa. Completó todas estas experiencias analizando informes de hospitales y publicaciones oficiales sobre la sanidad pública.

 

Teoría de los “miasmas”

En 1853 visitó el Hospital Lariboisière en París y quedó impresionada por sus salas, construidas a modo de pabellones y especialmente diseñadas para recibir la luz y el aire fresco, al tiempo que permitían que los “efluvios malignos” o “miasmas” –teoría de su tiempo y en la que creía- pudieran disiparse entre sus largos, altos y estrechos bloques. Su estudio sobre la disminución de la mortalidad en Lariboisière contribuyó a sustentar la denominada “teoría de los miasmas”, que sostenía que la enfermedad surgía espontáneamente en los espacios sucios y cerrados. Ésta había sido la base para el desarrollo de la sanidad pública en el Reino Unido a partir de 1830, con medidas como la construcción de alcantarillas y el suministro de agua potable a las ciudades.

Entre los que se ocupaban de sanidad pública, los llamados “reformadores de la sanidad”, había pocos médicos; muchos eran ingenieros civiles, y Edwin Chadwick, principal encargado de la sanidad en aquella época, trabajaba en una compañía de seguros. En 1858, Louis Pasteur descubrió los “gérmenes” y demostró que la enfermedad no aparecía espontáneamente, probando así que la teoría de los miasmas era un error. Esto sirvió de base a algunos científicos para atacar los proyectos de los reformadores sanitarios; pero aunque las premisas de éstos fuesen erróneas, puede afirmarse que sus conclusiones eran correctas y que sus reformas eran válidas.

 

El servicio de enfermeras en la guerra de Crimea

Florence obtuvo tardíamente su primer empleo, en agosto de 1853, pero era un puesto que le daba la oportunidad de aplicar sus conocimientos y su formación. Nombrada directora de un sanatorio para señoras de la alta sociedad, en el West End de Londres, demostró ser una excelente gerente y organizadora.

En 1854, cuando estalló la guerra de Crimea, estaba buscando nuevas oportunidades. La preocupación por el bienestar de los soldados se manifestó como una oleada en la opinión pública y permitió al Secretario de Estado para la Guerra, Sidney Herbert, tomar una medida radical. La designación de Florence –amiga personal- para dirigir a un grupo de enfermeras no tenía precedente alguno. Ninguna mujer había ocupado antes un puesto oficial en el ejército y su nombramiento podía tener resultados interesantes, ya que se trataba de una enfermera experimentada, muy inteligente, pero nada dispuesta a aceptar órdenes de una jerarquía cerril.

En 1854-56 saltó a la fama al ser conocido su trabajo, a través de la prensa, como responsable del servicio de enfermeras para los soldados británicos en Crimea: en el hospital de campaña de Scutari (Turquía) consiguió mejoras sanitarias espectaculares, enfrentándose a los prejuicios de los médicos militares y a la pobreza de medios con que el ejército trataba a los soldados. Si su genio administrativo la hizo ganarse el respeto de la reina Victoria y de muchos de los miembros del gobierno, lo que suscitó el cariño del pueblo británico fue la atención y el cuidado personal que dedicó a los enfermos y heridos. Cada noche recorría los seis kilómetros de pasillos del hospital y un soldado agradecido relataba cómo besaba la sombra de la “dama del candil” cuando ésta pasaba por su lado. Florence Nightingale se convirtió en un símbolo de esperanza en una campaña militar desastrosa.

Desde Scutari realizó varias visitas al frente hasta caer enferma con la que se llamó “fiebre de Crimea” –probablemente brucelosis– tras la ingesta de leche contaminada. Al no existir tratamiento efectivo, su recuperación fue lenta e incompleta y sus secuelas, en forma de dolores crónicos y necesidad de reposo en cama, la persiguieron hasta su muerte, a la avanzada edad de noventa años.

 

Estudiar las estadísticas

A su regreso a Inglaterra se indignó al comprobar que las autoridades no parecían dispuestas a investigar demasiado sobre la desastrosa organización que había causado 16.000 muertos por enfermedad frente a 4.000 en el campo de batalla. Organizó la creación de una comisión investigadora y se dedicó a ordenar sus pruebas sobre la mala administración de los hospitales, y a reunir estadísticas de mortalidad, con un claro objetivo: demostrar que los soldados fallecían a causa de las deplorables condiciones sanitarias en el hospital. Eran, por tanto, muertes evitables.

”To understand God´s thoughts we must study statistics, for these are the measure of his purpose.”

(“Para entender los pensamientos de Dios debemos estudiar las estadísticas, porque éstas son la medida de Su propósito.”)

Quería convencer al Gobierno británico de la necesidad de realizar reformas higiénicas en los hospitales. Y para ello pensó que la mejor forma era hacerlo gráficamente, porque las tablas de números no son útiles para convencer. Tenía que “lograr a través de los ojos lo que no somos capaces de transmitir a las mentes de los ciudadanos a través de sus oídos, insensibles a las palabras”. Con ese objetivo usó el diagrama de la rosa, conocido en lenguaje matemático como diagrama de área polar. La aportación de Florence Nigthingale al campo de la estadística fue reconocida en 1858 con su nombramiento como miembro de la Royal Statistical Society, siendo la primera mujer en acceder a ese cargo. En 1874 se convirtió en miembro honorífico de la American Statistical Association.

También elaboró planes para la educación médica militar en sus “Notas sobre cuestiones relativas a la sanidad, la eficacia y la administración de los hospitales en el Ejército Británico”, publicadas en 1858. El objetivo de la formación estaba claramente basado en las lecciones aprendidas en la reciente guerra:

“[…] sea cual sea el grado de información científica de que disponen los estudiantes al entrar en el ejército, poco o nada puede deducirse de ello en lo tocante a sus conocimientos prácticos. Pero como ingresar en el ejército significa para ellos, automáticamente, enfrentarse con la práctica, y en un corto espacio de tiempo tienen pacientes a su cargo, parece necesaria la existencia de una escuela donde el alumno pueda adquirir un conocimiento práctico entre su ingreso en el ejército y el momento en que se incorpore a su regimiento.” (Nightingale, 1858, pág. 43).

“[…] educar no es enseñar al hombre a saber, sino a hacer” (Nightingale, 1873, pág. 576).

 

Contribución a la educación

Parece justo juzgar la contribución de Florence Nightingale a la educación teniendo en cuenta los resultados concretos de sus reformas. Estas líneas que le fueron dedicadas por Benjamin Jowett hubieran podido servirle de epitafio:

Usted despertó sentimientos románticos en muchas personas hace 23 años, de regreso de Crimea […] pero ahora trabaja en silencio y nadie sabe cuántas vidas salvan sus enfermeras en los hospitales, ni cuántos miles de soldados […] están vivos gracias a su previsión y a su diligencia, ni cuántos indios de esta generación y de las generaciones venideras habrán sido preservados del hambre y de la opresión gracias a la energía de una dama enferma que apenas puede levantarse de la cama. El mundo lo ignora o no piensa en ello. Pero yo lo sé y a menudo pienso en ello (31 de diciembre de 1879).

Nightingale mejoró la salud de los hogares a través de su más famosa publicación: “Notes on Nursing: What It Is and What It Is Not”, la cual proporcionó valiosas direcciones de cómo manejar a los enfermos. Esta obra se ha reeditado continuamente desde 1859.

Desde 1861, sin embargo, permaneció retirada por problemas de salud, consecuencia del esfuerzo desplegado durante la Guerra de Crimea.

¿Qué pasó realmente? Sólo tenía treinta y siete años cuando empezó a mostrar diversos síntomas que la apartaron de la primera línea. A partir de 1857, comenzó a padecer depresión e intermitentes postraciones en la cama. Su biógrafo, Bostridge, cita la brucelosis y a la espondilitis resultante como la causa de sus padecimientos. Se cree que en Crimea contrajo brucelosis crónica, una infección que causa fiebre, depresión y dolor extremo. En 1895, como probable secuela de dicho padecimiento, perdió la visión.

En la actualidad se celebra, en el aniversario de su nacimiento, el Día Internacional de la Enfermería y el de la Concienciación de las Enfermedades Neurológicas e Inmunológicas Crónicas, debido a que se considera que los síntomas de su enfermedad coinciden con un trastorno como la fibromialgia.

Idealista, feminista, avanzada a su tiempo, pionera de la educación, la enfermería moderna y la estadística, su cuerpo enfermo no pudo encarcelar su férrea voluntad y así lo dejó grabado:

“When I am no longer even a memory, just a name, I hope my voice may perpetuate the great work of my life. God bless my dear old comrades of Balaclava and bring them safe to shore.”

Florence Nightingale.

 

 

Javier Pérez-Frías*, Carmen López, M Álvarez.

*De la Sociedad Erasmiana de Málaga. Universidad de Málaga

 

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