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Alegoría sobre el emperador Carlos V como ‘gobernante del mundo’. Peter Paul Rubens, 1604. Residenzgalerie Salzburg

¿Cuáles fueron sus enfermedades?

Para la Medicina Humanista es muy sugerente el estudio de las enfermedades y causa de la muerte de personajes célebres, es decir su patografía. Naturalmente, en ello se acostumbra a seguir el mismo procedimiento que en la realización de una historia clínica, reemplazando la anamnesis, es decir el relato de los síntomas de la enfermedad que al médico hace el enfermo, por lo que, seguramente, el enfermo-personaje ha dejado dicho a través de los testimonios escritos, u otros lo han dicho por él en las páginas de la historia.

En cualquier caso, su patología comienza ya en el momento de su nacimiento. Es conocido que su madre, en avanzado estado de gestación, estaba en una fiesta en palacio (Gante) cuando comenzó a sentir molestias que atribuyó a patología abdominal dando a luz en un excusado. Sin duda se trató de un parto muy precipitado, fruto de una dilatación intempestiva, y, por supuesto escasamente higiénico, incluso para la época.

Vivió casi siempre siendo un niño solitario, pues recibió escasa atención de sus padres, que en 1503 viajaron a España donde nació su hermano Fernando, y aunque tuvo más hermanos (Felipe y Juan, muertos prematuramente) y varias hermanas (Leonor, Isabel, María y Catalina) no tuvo lo que puede describirse como un ambiente familiar, lo que influyó y tal vez condicionó su posterior comportamiento.

Los testimonios gráficos, escultóricos o restos orgánicos son, en muchos casos, de gran utilidad, dado que, aunque lógicamente no contamos con los hallazgos de técnicas de exploración, a veces se utilizan los derivados de pruebas de imagen de los restos orgánicos del personaje a estudiar.

A lo largo de las siguientes líneas trataremos de exponer adecuadamente cada una de las enfermedades importantes que padeció Carlos V, y en qué sentido alteraron su discurrir. Naturalmente valoraremos cuál de estas patologías fue causa fundamental y cuál fue causa inmediata de su fallecimiento.

Antes de establecer cualquier comentario, consideramos útil elaborar un Juicio Clínico del Emperador a modo de listado de las patologías que sufrió durante su vida.

 

Juicio clínico

  1. Hipertrofia de adenoides (vegetaciones)
  2. Crisis convulsivas
  3. Cefaleas
  4. Asma (accesos esporádicos)
  5. Hepatitis vírica
  6. Hemorroides
  7. Dispepsia
  8. Presbicia
  9. Prurito, a filiar
  10. Trastorno depresivo vs melancolía
  11. Necrofilia (interés patológico por la muerte) y otras supersticiones
  12. Diabetes mellitus tipo 2
  13. Gota con poliartritis atípica (depósito de cristales de urato monosódico en varias articulaciones)
  14. Litiasis renal
  15. Prognatismo (probable única manifestación de acromegalia)
  16. Paludismo

Nació el príncipe Carlos el mismo día, del mismo mes, de diferente año, claro, que uno de los autores de este trabajo (ARC). Es decir, el 24 de febrero, festividad de San Matías. Él lo hizo en un palacio de la ciudad belga de Gante. ARC en la bellísima ciudad de Toledo.

Como queda dicho fue el primogénito del archiduque Felipe de Habsburgo y de la princesa Juana de Castilla. A los 16 años se convirtió en el señor de un extenso imperio de vastos territorios en Europa, América y África.

 

 

Ya en los inicios de su infancia mostró un rostro poco agraciado. Recibió durante su niñez una exquisita educación que, sin embargo, no le evitó tener graves problemas con los números, considerándosele poco apto para las ciencias, aunque tampoco tuvo facilidad para el estudio de las letras, ya que, en cuanto al dominio de los idiomas, no aprendió flamenco hasta los trece años, nunca habló correctamente el alemán ni tampoco lo hizo con el español, lo que le acarreó serios problemas de entendimiento en el ejercicio de su real cargo.

Desde el punto de vista de la clasificación somática, y siguiendo la de Sheldov, se podía calificar al organismo de Carlos V como de tipo somático mesomorfo con una talla de 170 centímetros, que se calcula por la altura de la capa pluvial que utilizó en la ceremonia de su boda, donada a la orden de Santiago y que se exhibe en la catedral de Sevilla.

A los veintiséis años se casa con Isabel de Portugal en Sevilla. La luna de miel la pasa el regio matrimonio en la bella ciudad de Granada. Es en esta ciudad donde Carlos regala a su esposa, Isabel, una flor exótica persa, que pronto se convertirá en la flor nacional: el clavel.

Hasta los veintiocho años disfrutó de buena salud, tan sólo había padecido crisis epilépticas infantiles, patología adenoidea y ataques esporádicos de asma. A partir de esa edad su salud comienza a deteriorarse y padece numerosos ataques migrañosos. Durante su vida nos consta que sufrió las siguientes enfermedades:

 

1. Hipertrofia de adenoides

En su infancia padeció hipertrofia de adenoides, es decir “vegetaciones”, lo que le obligaba a respirar casi exclusivamente por la boca. En un cuadro de Stiegel, en el Museo de Viena, se le representa, por esta causa, con la boca abierta. En su infancia fue el típico niño adenoideo, tal y como se aprecia en el cuadro y en un busto realizado a sus aproximadamente quince años y que se conserva en Gante, donde se aprecia una clara facies adenoidea.

 

2. Crisis convulsivas

Asimismo, en esta época de su vida sufrió frecuentes crisis convulsivas, que el célebre galeno Andrés Vesalio, calificó de crisis epilépticas, pero que seguramente, al ir acompañadas de fiebre, podrían razonablemente calificarse de crisis convulsivas en cuadros febriles.

 

3. Cefaleas

Hacia los veintiocho años es presa de otra patología que le desgobierna su actividad diaria: cefaleas en forma de crisis migrañosas. Se emplean en su tratamiento toda clase de remedios de la terapéutica del momento, la mayoría tratamientos de origen vegetal, sin ningún resultado en la evolución del mal Durante su estancia en Barcelona, la cefalea fue de tal intensidad que sus galenos le recomendaron raparse totalmente la cabeza. Esta medida, que fracasó, naturalmente, solo sirvió para poner de moda su real y mondo cráneo que fue imitado por muchos de los cortesanos. Seguramente, no desprovisto de humor, su barbero, que atendía curiosamente por el apelativo de Gila, fue el encargado de realizar el rapado, y Tiziano en Bolonia retrató la real y artificial calva, magistralmente, por cierto.

 

4. Asma

Hasta los veintiocho años disfrutó de buena salud, tan sólo había padecido crisis epilépticas infantiles, patología adenoidea y ataques esporádicos de asma, que se ponían de manifiesto por el ahogo que se le presentaba en determinadas ocasiones, quizás con el cambio brusco en las situaciones climáticas. A partir de esa edad su salud comienza a deteriorarse y padece numerosos ataques migrañosos.

 

5. Hepatitis

Sólo un síntoma nos hace sospechar que el Emperador sufrió hepatitis viral, seguramente tipo A, o en todo caso un efecto tóxico de lo que los galenos de la época le administraban para la gota, tisanas e hierbas. Ese síntoma no es otro que la ictericia. El 17 de septiembre de 1547 escribe en una carta a su hijo Felipe:

lo de la tiricia ha cesado, aunque la color no ha acabado de aclararse…

 

6. Hemorroides

Ese mismo año, 1548, aflora con gran severidad en cuanto a la invalidez, una nueva patología, las hemorroides o dilatación de las venas hemorroidales que le impidieron realizar equitación, de tal forma que tuvo que ser trasportado en litera a Mülhlberg (33).

Utilizó varios remedios para aliviar el dolor que las hemorroides le originaban. Uno de ellos fue el uso de la hierba caliopsis que le envió desde Milán en 1557 el doctor G. Andrés Mola, hierba que fracasó en el tratamiento de las almorranas reales.

 

7. Dispepsia

Siempre fue glotón. A pesar de los consejos de sus médicos, disfrutó siempre que pudo de comidas pantagruélicas, lo que, unido a la dificultad para una correcta masticación, le generó problemas de dispepsia hasta el fin de sus días (34).

La glotonería era en el emperador un vicio para cuya corrección no existía freno. Era todo un glotón, comía lo que no debía y en cantidades poco creíbles. Esta forma de comportamiento está en el origen de algunas de las patologías que sufrió. Entre ellas se encuentra la dispepsia, mal que le originaba una gran pesadez en epigastrio tras las comidas, con sensación de ardor extremo. Sería necesario evaluar esta forma de alimentarse enfrentando su glotonería en relación con la deficiente oclusión dental y falta de dientes, fruto del prognatismo. El organismo del Emperador había entrado en un proceso irreversible de desastre funcional.

 

8. Presbicia

Tras su fallecimiento, en el inventario de sus bienes se encontró una variedad de lentes (gafas), por lo que se piensa que Carlos V sufriera de presbicia.

No hay que descartar la retinopatía diabética, presente casi con seguridad en una diabetes mellitus no diagnosticada ni tratada, algo imposible entonces. No obstante, el uso de gafas correctoras no mejoraría tal complicación diabética.

 

9. Prurito

No nos es posible conocer su etiología. El mismo Emperador, el 22 de abril de 1532, escribe a su esposa Isabel de Portugal:

Yo he estado con comezón en las piernas y en otras partes del cuerpo y vino a los ojos (…) pero ya se va despidiendo de todo punto y estoy bueno…

Por aquel entonces, Cobos informa a la Reina, con motivo de un accidente ecuestre:

                También le ha quedado comezón en todo el cuerpo que se rasca de buena gana.

Es difícil como decimos, conocer su origen. Lo más probable es que se debiera a una insuficiencia venosa en miembros inferiores con probable extravasación o quizás una dermatitis de contacto a los tintes de las medias que usaban los caballeros. Fue una patología crónica pues el Emperador se quejó de este síntoma muchas veces a lo largo de su vida adulta. El agua de azahar o Rosa y vinagre en paños húmedos era el remedio prescrito por sus galenos.

 

10. Trastorno depresivo vs. melancolía

Entre la particular secuela que originaba generalmente el prognatismo, un trastorno de melancolía singular, retraimiento y tristeza podía estar presente, como así parecía ser en nuestro personaje. El embajador veneciano Gasparo Contarini escribió que Carlos V a los veinticinco años hablaba poco y mostraba mayor tendencia a manifestar tristeza que alegría. Decía el embajador que quizás la explicación se encontraba en el defecto de la mandíbula adelantada:

Al hablar, el emperador se traga las palabras, sobre todo hacia el final de la frase, y muchas veces no se hace entender.

Esta melancolía con fondo naturalmente depresivo, a veces se acompañaba de ideas obsesivas, trastornos que destacaban en otros miembros de la familia con seria y grave manifestación –Maximiliano I, el abuelo de Carlos V, tenía en su dormitorio un ataúd que llevaba consigo cuando viajaba y con el que sostenía largas conversaciones– (35).

Pero eran varias las causas de la depresión del Emperador, porque el hombre, quizás más poderoso del universo en aquella época, padecía una comorbilidad importante, responsable de su vida amargada por el dolor, déficits motores y funcionales que acabaron arruinándosela. A esto se une el nulo tratamiento existente en la época, no solo para mejorar, sino tan siquiera aliviar.

A esto se unió, en algún momento de su vida militar, la pérdida masiva de la autoestima, sobre todo cuando el éxito bélico no le acompañaba. En este sentido debemos resaltar la huida vergonzante de Innsbruck, en muy frágil estado de salud, tras el fracaso del asedio a Metz en 1552, que además de sumirle en seria melancolía le hacía empezar a pensar seriamente en la abdicación, al verse inservible como caballero militar, y el serlo, en aquella época, parece ser que era una parte importante de la manera de dirigir un imperio. En el aspecto militar, mucho importaba también el fracaso en la lucha contra luteranos y musulmanes.

El pensar y decidir en la abdicación fue un acto de repliegue social, característico de los enfermos que sufren un trastorno depresivo grave. Desde la óptica psicoanalítica podría ser una especie de regresión al claustro materno.

 

11. Necrofilia

El Emperador aún padeció durante su vida o parte de ella una patología extraña, de prevalencia escasa, pero sumamente curiosa. Se trata de lo que podemos denominar necrofilia. Tanto a él, como a su abuelo Maximiliano, le apasionaban los ritos funerarios, acudiendo a todos los funerales de amigos y conocidos. El aspecto patológico de este acontecimiento llegó al extremo de pedir a los jerónimos del monasterio de Yuste que rezaran las vísperas de difuntos y en el memento pronunciaran su nombre, mientras él sostenía una vela. De esta forma el Emperador asistía cada día o frecuentemente a sus propios funerales. El asunto de la necrofilia era mal familiar, pues también lo padecía su hermana Leonor que en cierta ocasión mandó abrir las tumbas de sus antepasados para comprobar si habían padecido prognatismo (36).

Por otra parte, hay que resaltar especialmente que Carlos V no fue un ejemplo precisamente de vida moderada en lo referente a la prevención de enfermedades, siguiendo poco y mal los consejos médicos, sobre todo en lo que a dieta se refiere, como ya queda dicho en este comentario. Sin embargo, debió creer mucho en el poder curativo mágico-supersticioso de diversos objetos, ya que, una vez fallecido, ente sus pertenencias se encontraron:

una piedra forrada de oro para detener las hemorragias, brazaletes de hueso contra las hemorroides, nueve anillos ingleses contra los calambres, una piedra azul engarzada en oro contra la gota…

Más le hubiera valido ser obediente y confiar en las advertencias de sus físicos.

 

Sigue


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Rodríguez Cabezas A, Javier Pérez Frías J.  Patografía del emperador Carlos. De la acromegalia de la princesa al prognatismo imperial. epistemai.es [revista en Internet] 2023 octubre (21). Disponible en: http://epistemai.es/archivos/6643

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