Crónica de la 31ª edición del Festival ‘Fancine’ de la Universidad de Málaga

 

Cartel del Festival ‘Fancine’ 2021

2020 fue un año terrorífico, incluso para el cine fantástico y de terror. La pandemia provocada por el virus Covid-19 perjudicó a las salas de cine, que se vieron obligadas a parar su actividad durante meses. Los festivales de cine de primavera, como el de Cannes, se suspendieron, y los de otoño tuvieron que adaptarse a una normalidad nueva para todos. El Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga, Fancine, celebraba en 2020 su treintena, y lo hizo en un formato híbrido con exhibiciones tanto en salas como online por las restricciones de aforo. Sin embargo, por motivos laborales, y por primera vez desde 2013, el firmante de esta crónica no pudo asistir a ninguna de las proyecciones del festival en la edición que coronó a Wendy de Behn Zeitlin.

Como homenaje a los avances científicos que están posibilitando el fin de la pandemia, Fancine 2021 quiso dedicar su trigésima primera edición a la ciencia y adoptó la paradoja del gato de Schrödinger como emblema fusionándolo con su simpático maneki-neko asesino. Y, esta vez sí, La claqueta de Epistêmai volvió a acudir al cine Albéniz para disfrutar del mejor cine de género. Con la ciencia como protagonista, no podía ser de otra manera que el premio Universidad de Málaga a la mejor película recayera en una película de ciencia-ficción: The Colony (Tides), de Tim Fehlbaum, trata del regreso de un astronauta procedente de una colonia espacial a un planeta Tierra post-apocalíptico. Pero, recuperando uno de los eslóganes de esta edición: “Newton, ¡tenemos un problema!”. The Colony, que también se hizo con el premio a los mejores efectos especiales, era uno de los 92 títulos proyectados durante el Fancine y, aunque no me faltaban ganas de desdoblarme en diferentes yoes para poder visionar todas las películas y cortometrajes, las leyes de la física me obligaron a asistir a una selección de veintiuna películas entre las que, desgraciadamente, no se encontró la ganadora del festival. La película no ha tenido estreno comercial en salas ni se encuentra de momento en ninguna plataforma de streaming (la tendrá Movistar+ a partir de marzo), así que esta crónica estará dedicada a esas otras películas que sí vi y que conforman un grupo de propuestas tan heterogéneo como los elementos químicos de la tabla periódica.

Cartel de ‘Silent Night’ de Camille Griffin

La segunda edición post-pandemia del festival estuvo acertada a la hora de seleccionar las películas de inauguración y clausura. Silent Night de Camille Griffin dio la bienvenida al festival con una comedia navideña en mitad de un apocalipsis ambiental, mientras que The Pink Cloud de Iuli Gerbase despedía el Fancine con la historia de la convivencia de dos jóvenes en cuarentena ante la aparición de una nube tóxica en su ciudad. De las dos pude ver Silent Night, donde la directora propone una improbable mezcla de géneros con ecos al brexit y al coronavirus, que comienza como una disparatada comedia en la que un grupo de amigos y sus familias se reúnen para pasar juntos la última Navidad de la humanidad entre villancicos, palabrotas, botellas de vino y confesiones del pasado. La variedad tonal de la película se acentúa cuando una madre (interpretada por una desquiciada Keira Knightley) se muestra impotente porque su hijo no quiere tomarse la pastilla que el gobierno británico ha repartido entre los ciudadanos para inducir el suicidio y evitar la dolorosa muerte que provoca la nube de gas venenoso que está a punto de azotar Gran Bretaña. El niño (Roman Griffin Davis), influenciado por una de las invitadas a la fiesta, se niega a suicidarse, primero, indignado porque el gobierno ha dejado a su suerte a los inmigrantes ilegales y personas desfavorecidas, convirtiendo la eutanasia en una cuestión de clase, y, segundo, movido por teorías de la conspiración que le hacen preguntarse si la nube mortal es, en realidad, una farsa. Argumento más 2021 imposible.

Otra película hija de la pandemia, que comienza entre mascarillas y restricciones de movilidad, fue In the Earth de Ben Weathley, presentada a concurso y ganadora de los premios a mejor actriz para Ellora Torchia, mejor actor para Reece Shearsmith y mejor montaje. La película sigue a un biólogo (Joel Fry) que se adentra en el bosque en busca de una colega que investiga una zona inusualmente fértil a partir de micorrizas. Lo acompaña una agente ambiental local (Torchia) que le cuenta que el bosque está habitado por el espíritu Parnag Fegg. Lo que comienza como una propuesta de ciencia-ficción que enfrenta la experimentación científica con la magia ritual ancestral como medios para tratar de explicar lo desconocido, deviene en un inesperado slasher para terminar planteando cuestiones afines al eco-terror: la naturaleza tiene sus propios mecanismos para corregir los excesos de la humanidad. Gaia de Jaco Bouwer y The Feast de Lee Haven Jones se suman a esta corriente de cine de terror ecologista. La primera también comparte con In the Earth el concepto de que la venganza del planeta será fúngica o no será, pero me interesa más The Feast, película rodada en galés sobre una familia adinerada que contrata de última hora a Cadi (Annes Elwy), una misteriosa asistenta para que prepare una cena a la que asistirán importantes invitados. El objetivo del evento es conseguir el permiso de explotación petrolera de unas tierras consideradas sagradas y que los lugareños no se atreven ni a pisar. Mitología y ecologismo confluyen en un filme con ritmo sosegado, que introduce el elemento perturbador de manera gradual y que plantea diferentes oposiciones entre la vida urbana y la rural o entre Inglaterra y Gales y señala la responsabilidad del capitalismo salvaje en los desastres medioambientales.

Cartel de ‘In the Earth’ de Ben Wheatley

Más allá de hongos vengativos y brujas ecologistas, el cine de terror más clásico también tiene cabida en el Fancine. Un conejo tamborilero nos advierte del peligro en Caveat de Damian Mc Carthy. La película construye su argumento con referencias a Saw (James Wan, 2004) y al terror gótico a partir de falsas identidades y medias verdades que hacen que su amnésico protagonista (Jonathan French) cuestione cada aspecto de su ya por sí extraña misión: en una casa ruinosa y asilada deberá cuidar de una joven que sufre episodios de paranoia y catatonia mientras permanece encadenado. La irlandesa Heredero (Son) de Ivan Kavanagh introduce el elemento satánico y las sectas en una trama protagonizada por un niño que padece una rara enfermedad solo curable con la ingesta de sangre humana y una madre desesperada (Andi Matichak) dispuesta a todo porque a su hijo no le falte qué llevarse a la boca. Destaca la inglesa Censor de Prano Baily-Bond, que se adentra en terrenos del terror psicológico y sitúa su argumento en los años 80: una censora de películas de terror (Niamh Algar) comienza a confundir la realidad con la ficción mientras investiga la desaparición de su hermana. La película es un ejercicio de cine vintage, estilizado y obsesivo que recuerda a Shutter Island (Martin Scorsese, 2010).

Además de cine de terror, Fancine 2021 ha contado con una cosecha abundante de thrillers de todo pelaje sobre robos, secuestros, asesinatos y espionaje. Fuera de competición vi los más prosaicos Mira por mí (See for Me) de Randall Okita y The Boy Behind the Door de David Charbonier y Justin Powell. El primero es una suerte de Solo en casa (Chris Columbus, 1990) en el que Sophie (Skyler Davenport), una chica con discapacidad visual que cuida de un gato en la casa de una rica, deberá enfrentarse a unos ladrones con la ayuda de una app que la conecta con una asistente mediante videollamada. El argumento cuenta con los suficientes giros para mantener la atención, algo que le cuesta más al filme de Charbonier y Powell, sobre la huida contada a tiempo real de un par de chicos que han sido secuestrados por una votante de Donald Trump. La falta de sutileza, que enlaza golpe de efecto tras otro, lastra una propuesta, por otro lado, demasiado almibarada en su idealización de la amistad infantil. Entre los thrillers presentados en la sección oficial a concurso se encuentra la inclasificable y excesiva Prisioneros de Ghostland (Prisoners of the Ghostland) de Sion Sono, una nueva rareza que se suma a su filmografía. Cowboys, samuráis, un traje asesino, un mundo distópico en la línea de Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) y un desacomplejado Nicolas Cage son los elementos de una película menos divertida de lo que debería. Thomas Daneskov sí divierte, aunque termine resultando demasiado moralista, con Vida salvaje (Wild Men), una Fargo (Joel Coen, 1996) ambientada en Noruega. Martin (Rasmus Bjerg), que en plena crisis de la mediana edad se lanza al monte a vivir como sus antepasados vikingos, se ve envuelto, sin pretenderlo, en un enredo criminal a varias bandas. La ganadora del premio al mejor guion Hinterland, de Stefan Ruzowitzky (director de la oscarizada Los falsificadores, 2007), propone un viaje al pasado funcional con la historia de un ex prisionero de la Primera Guerra Mundial (Murathan Muslu) en busca de un asesino en serie que siembra el terror entre sus antiguos camaradas. Sorprende la recreación de una Austria deprimida entre el expresionismo alemán y la plasticidad del CGI del cine de Zack Snyder. Por último, el reconocido Zhang Yimou, director de clásicos como La linterna roja (1991) o ¡Vivir! (1994), presentaba Cliff Walkers, sobre un grupo de espías del Partido Comunista chino durante la invasión japonesa en Manchukuo durante los años 30. El drama, las traiciones y las persecuciones trepidantes brillantemente ejecutadas se vieron recompensadas en el palmarés con los premios a mejor director y mejor fotografía.

 

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