Volver a ‘Crónica de la 31ª edición del Festival ‘Fancine’ de la Universidad de Málaga’

 

Cartel de ‘La hija’ de Manuel Martín Cuenca

El festival este año ha hecho una gran apuesta por el cine español de género. A la inclusión de hasta tres películas españolas en la sección oficial, más que en ningún otro año, se suma la creación de una nueva sección paralela: Fantástico Nacional. Aquí se presentaron Jacinto de Javi Camino y La pasajera de Raúl Cerezo y Fernando González Gómez, películas que juegan con los códigos del cine de terror para ofrecer un ejercicio de comedia costumbrista. El filme de Camino funciona en su trama criminal ambientada en la Galicia rural donde el ingenuo y beato Jacinto (un adorable Pedro Brandariz) se divierte con su cerdo Martiño antes de la matanza y considera a sus nuevas vecinas blackmetaleras poco menos que demonios que han de ser eliminados. Más cañí y menos genuina es la propuesta de Cerezo y González Gómez, demasiado dependiente de sus referentes: de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) a León, el profesional (Luc Besson, 1994), pero con un protagonista (y un sentido del humor) a lo Torrente: el brazo tonto de la ley (Santiago Segura, 1998). Es un acierto, eso sí, que la banda sonora esté compuesta principalmente por pasodobles, que acompañan el ataque de una especie invasora del espacio. A concurso se presentaron Visitante de Alberto Evangelio (que tenía programada para el mismo día que no pude ver The Colony), Veneciafrenia de Álex de la Iglesia y La hija de Manuel Martín Cuenca. El filme de De la Iglesia aborda, con sus habituales y disfrutables salidas de tono, el impacto del turismo de masas en una ciudad tan afectada por ello como es Venecia. Isa (Ingrid García Johnson) celebra con sus irritantes amigos su despedida de soltera entre arlequines y góndolas mientras un grupo terrorista secuestra y asesina turistas con la total complacencia del público. Martín Cuenca por su parte recupera el tono gélido de su película Caníbal (2013) en La hija, un filme que convierte en thriller de cocción lenta la práctica de la gestación subrogada. Un funcionario de un centro de menores y su esposa (soberbios Javier Gutiérrez y Patricia López Arnaiz) acogen en su casa aislada en la sierra a una adolescente embarazada (Irene Virgüez) a la que prometen una nueva vida a cambio del bebé que está gestando. Con sutileza y una tensión creciente muy medida, Martín Cuenca pone en evidencia la retórica hipócrita y la cuestionable moralidad de quienes se aprovechan de los vientres de otras en una película imprescindible.

Cartel de ‘Cryptozoo’ de Dash Shaw

El cine de animación ha sido también uno de los grandes protagonistas de esta edición por diferentes motivos: el animador Bill Plympton fue reconocido con una retrospectiva de su obra, la sección paralela Ánima Zone incluía hasta seis largometrajes, más que nunca, y, por primera vez, una película de animación participó en la sección oficial a concurso: Belle, de Mamoru Hosoda. En Ánima Zone pude ver La noche del fin de los tiempos (The Spine of Night) de Philip Gelatt y Morgan Galen King, una fantasía épica muy ochentera que usa la técnica de la rotoscopia o Mad God de Phil Tippett, un proyecto que el maestro de los efectos especiales, ganador del óscar por La guerra de las galaxias. Episodio VI: El retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983) y Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), ha tardado treinta años en completar. La película es una pesadilla en stop-motion que propone una bajada a unos infiernos industrializados y enfermizos que harían vomitar a Dante y al Bosco. Festivales como Fancine son el hábitat ideal de propuestas como esta, arriesgada y libre, de parte de un artesano dispuesto a perturbar la mente y los estómagos de su público. También proyectaron Cryptozoo de Dash Shaw, una suerte de Parque Jurásico con animales y seres fantásticos de diferentes mitologías en lugar de dinosaurios. Por supuesto, como no podría ser de otra manera partiendo de ese referente, la utopía de la protagonista de ofrecer un santuario a estos seres a costa de mercantilizarlos sale mal. La combinación de una animación colorida y psicodélica, su argumento excéntrico y su apuesta por la diversidad frente al odio y la xenofobia la convierten en una de las películas más disfrutables de esta edición.

Cartel de ‘Belle’ de Mamoru Hosoda

Termino esta crónica con mi película favorita entre las visionadas. De Mamoru Hosoda ya vi en el Fancine la tierna Mirai, mi hermana pequeña (2018), y además el japonés cuenta con títulos tan sugerentes en su filmografía como Los niños lobos (2012) o El niño y la bestia (2015). Con Belle Hosoda realiza una revisión del clásico cuento de La bella y la bestia, pero ambientado en el Japón contemporáneo. Suzu es una adolescente huérfana de madre muy introvertida que redescubre en el mundo virtual de U su interés por la música. En esta versión del cuento, Bella y Bestia no viven un romance: ambos son avatares que despiertan reacciones fervorosas entre los usuarios de U. Ella se convierte en Belle, una estrella pop revelación idolatrada. Él es un misterioso avatar odiado por la comunidad. Hosoda dirige un emotivo drama sobre adolescentes que reflexiona sobre el uso y el abuso que hacemos de las redes sociales amparados en el anonimato, con el poder de elevar o hundir al protagonista del momento a base de likes y comentarios, pero olvidando que las conductas en redes tienen consecuencias en la vida y en la salud mental de las personas. La película es, además, un ejercicio de animación sobresaliente que combina sabiamente el naturalismo del anime en dos dimensiones con las infinitas posibilidades de la animación digital en la recreación del mundo de U, y todo ello es acompañado por una banda sonora portentosa, ganadora del premio a la mejor banda de sonido. Belle despertó pasiones entre el público y la crítica y así quedó reflejado en el palmarés: recibió tanto el premio del público como el galardón honorífico Gato Rabioso otorgado por la prensa acreditada. Como he dicho, a mí también me conquistó y, por supuesto, le di mi voto.

Desde U me despido, no sin antes apuntar que ya están anunciadas las fechas para la que será la edición trigésima segunda del Fancine. Del 9 al 17 de noviembre de 2022 volverá al Albéniz el mejor cine de género. Así que no te quedes en casa a teorizar si el gato de Schrödinger está vivo, muerto o en ambos estados a la vez. Arriésgate a ir al cine, abrir la caja y comprobar que el gatete no solo está muy vivo, sino que además agarra un puñal. Y que la ciencia, y el Fancine, te acompañen.

 

 

Isidro Molina Zorrilla
                     Filólogo


epistemai.es – Revista digital de la Sociedad Erasmiana de Málaga – ISSN: 2697-2468
Molina Zorrilla, I. Crónica de la 31ª edición del Festival ‘Fancine’ de la Universidad de Málaga. epistemai.es [revista en Internet] 2022 febrero (16). Disponible en: https://epistemai.es/archivos/4719

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