El Café Sevillano y el Chinitas: templos malagueños del flamenco

 

Entrada al Pasaje Chinitas

Los cafés cantantes contribuyeron a la profesionalización del flamenco y, por ende, de los cantaores, guitarristas y bailaores que, por su valía, se encontraban en condiciones de llevar al terreno artístico sus cantes, sus toques y sus bailes. Así, cuando los pioneros del flamenco contaron con una estética lo suficientemente reconocida buscaron un espacio apropiado para ofrecer su arte al público, encontrando en los cafés cantantes el lugar apropiado. Eran locales de propiedad privada, abiertos al público, en los que al tiempo que se consumía bebida o un café, se podían presenciar espectáculos de cante y de baile en un pequeño escenario y escuchar a los grandes cantaores, hoy legendarios. Por esa época el flamenco se encontraba muy extendido por toda Andalucía y, de este modo, el cante jondo salió del ámbito privado de las ventas, de los bares y tabernas y se extendió al gran público.

Según Blas Vega, Julián Pemartín, Manuel Ríos y Manuel García Matos: el café cantante (1) constaba de un salón amplio decorado con espejos y carteles costumbristas o taurinos. Disponía de un tablado donde se llevaban a cabo las representaciones. Solía haber reservados para reuniones privadas y también algunos palcos desde donde poder contemplar el espectáculo.

Plazoleta interior que daba acceso al Café Chinitas

Los cafés cantantes tuvieron espectacular protagonismo en las tres consabidas disciplinas que conforman el arte flamenco: el cante, el baile, y el toque. El baile se hizo realmente majestuoso, alcanzando una soberbia belleza plástica. Los brazos en el aire eran pintura en movimiento. Toda una estética: bata de cola, mantón, sonoridad en los tablaos… En el flamenco de café se desechan los instrumentos de orquesta que acompañaban primitivamente al cante como panderos, violines o bandurrias, siendo la guitarra el medio de expresión fundamental. Con relación al público, los cafés cantantes crearon una gran afición al flamenco, pues lo pusieron al alcance de gran número de personas. De estos establecimientos surgieron algunas de las figuras del flamenco más destacadas de todos los tiempos: Tomás el Nitri, Antonio Chacón, Enrique Mellizo, La Niña de los Peines y otros muchos que hoy están considerados como grandes figuras históricas del cante flamenco.

Blas Vega señala que “fue tal la aceptación, que rara era la provincia española que no contara con un café cantante en su haber”. Aunque, sin duda, fueron los cafés sevillanos los que marcaron el camino. En toda Andalucía tuvieron gran difusión y marcaron toda una época dorada.

En el presente artículo nos vamos a referir a dos singulares cafés cantantes malagueños: el Café Sevillano y el emblemático Café de Chinitas, inmortalizado en coplas.

Plaza de la Constitución

El malagueño Café Sevillano (2) fue también llamado de Las Siete Revueltas por su ubicación en el callejón del mismo nombre. Se dedicó intensamente a este arte y fue muy visitado y concurrido a pesar de estar situado en un laberíntico callejón, oscuro, umbrío y maloliente y además rodeado de casas de lenocinio, frecuentes en toda ciudad portuaria y donde se practicaba el oficio más antiguo del mundo. Según señala Francisco Bejarano en su libro Las calles de Málaga, el café estaba situado en el mejor lugar de la calle o sea en la segunda revuelta de tan alambicado espacio, es decir, próximo a la llamada Plaza del Toril, hoy de la Constitución.

Se llamó Café Sevillano desde 1861 hasta que en 1881 pasaría a llamarse Café de Bernardo, sencillamente, obedeciendo al cambio de titularidad de sus respectivos dueños: primero de Paco el sevillano y luego propiedad de su hijo Bernardo. Fue un café de resonancia en toda España por gozar de las actuaciones de los mejores ‘cantaores’ del momento. Ya el café Bernardo fue testigo del lanzamiento profesional de Juan Breva. El café se llenaba para oír al célebre ‘cantaor’ malagueño, por soleres, peteneras y, sobre todo, por sus famosas malagueñas. Cantó en el Palacio Real ante SS. MM. los reyes Alfonso XII y doña María Cristina y, más tarde, lo hace ante su hijo Alfonso XIII, durante una visita del monarca a la capital malagueña. Se relacionó con numerosos intelectuales de la época que manifestaban un gusto  especial por el arte flamenco. Conoció al poeta Rubén Darío y Federico García Lorca le expresó su admiración en estos versos:

 

                                                     Juan Breva tenía

                                                     Cuerpo de gigante

                                                     Y voz de niña.

                                                     Nada como su trino

                                                     Era la misma

                                                     Pena cantando

                                                     Detrás de una sonrisa.

                                                     Evoca los limonares

                                                     De Málaga dormida

                                                     Y hay en su llano dejos

                                                     De sal marina

                                                     Como Homero

                                                     Cantó ciego.

                                                     Su voz tenía

                                                     Algo de mar sin luz

                                                     Y naranja exprimida.

 

Placa que indica el lugar donde estuvo el Café Chinitas

En lo referente al Café de Chinitas fue un emblemático café cantante, mítico templo del arte popular de la Belle Époque malagueña, cuya vida transcurrió en la ciudad entre 1857 y 1937. Construido sobre un convento de Agustinas Descalzas, llegó a ser el café-teatro más popular de España, donde asistieron a sus célebres espectáculos flamencos lo más granado de la intelectualidad española en los años veinte y treinta como Federico García Lorca, Alberti, Machado, La Argentinita, Salvador Dalí, Vicente Aleixandre, Picasso,… Por ese pequeño escenario de aquel templo ateneo, con seis palcos a los lados, pasaron importantísimas figuras del cante grande como Juan Breva, Antonio Chacón, Vallejo, Manuel Torres, Pastora y Manuel Pavón, Cojo de Málaga… En ocasiones, ejerció como burdel y sus numerosos escándalos contribuyeron a que el local  fuese cerrado en varias ocasiones. Según nos dice la destacada periodista malagueña Ana Pérez Bryan en su interesante artículo: Café de Chinitas: de convento a templo (del arte), publicado en Diario Sur el 7 de octubre de 2018: ”…El periodista Julián Sesmero rescata uno de esos espectáculos ‘picantes’ (en su libro Los barrios de Málaga): “De los diez al veinte de presente siglo (siglo XX), descolocadas damitas devolvieron al local su antiguo sabor a burdel con gran contento de los parroquianos. De tan lejanos años se recuerda, en tiempo de carnaval, la actuación de alguna ‘inocente’ artista que cantaba con un plátano en la mano, y preguntando al final de su actuación por qué oquedad de su anatomía deseaba el respetable que se lo introdujera, obedecía entre aplausos de aprobación general”.

                                              En el café de Chinitas

                                              Dijo Paquiro a su hermano:

                                              “Soy más valiente que tú,

                                              Más torero y más gitano”.  

 

                                              En el café de Chinitas

                                              Dijo Paquiro a Frascuelo:

                                             “Soy más valiente que tú,

                                              Más gitano y más torero”.

 

                                              Sacó Paquiro el reló

                                              Y dijo de esta manera:

                                             “Este toro ha de morir

                                              Antes de las cuatro y media”.

 

                                              Al dar las cuatro en la calle

                                              Se salieron del café

                                              Y era Paquiro en la calle

                                              Un torero de cartel…

                   (Federico García Lorca, composición popular en forma de leyenda, 1931) (3)

 

 

   María Jesús Pérez Ortiz

                       Filóloga, catedrática y escritora

 

Notas del autor

1. Estas pequeñas “catedrales del duende” aparecen mencionados por los viajeros extranjeros del siglo XIX y XX  como tabernas del cante jondo, tablaos o cafés cantantes. Alberti y Lorca dedicaron páginas a estos mágicos lugares de “duende” y misterio.

-Rioja Eusebio. Los cafés cantantes de Málaga. Una aproximación a sus historias y a sus    ambientes. Málaga, 2015.

-Grande, Félix. Memoria del Flamenco. Ed. Punto de Lectura, Madrid, 2006.

(Este libro resulta de sumo interés pues recoge en sus páginas desde el origen de los gitanos hasta la historia de los cafés cantantes, desde el bandolerismo hasta los cantes de las minas, pasando por Manuel de Falla y los primitivos intérpretes.)

2. Vila, Benito. Guía del viajero en Málaga. 1861, Málaga, Imp. de G. de Montes, p. (Copia digital realizada por la Biblioteca de Andalucía).

Vid. Mercier, A. y de la Cerda Gariot, E. Guía de Málaga y su provincia. Tip. La Marina, Cádiz, 1866, p. 119. (Copia digital: Diputación de Málaga. Biblioteca Cánovas del Castillo, 214. Sección Biblioteca Temboury). Se anunciaba con el nombre Café Sevillano en las antes citadas guías de Málaga de 1861 y 1866, así como en las posteriores de 1878, 1881 y 1882.

Vid. Muñoz Cerisola, N. Guía General de Andalucía, Valencia y Extremadura e indicador comercial de España para 1881, p. 331.

Indicador comercial de España y particular de Andalucía, Aragón, Cataluña, Extremadura y Valencia para 1882, p. 675.

3. En 1931, Federico, el más flamenco de los poetas cultos, graba junto a Encarnación López Júlvez, La Argentinita, cinco discos de pizarra con un total de diez canciones: Zorongo gitano, Los cuatro muleros, Anda jaleo, En el café de Chinitas, Las tres hojas, Los mozos de Monleón, Los pelegrinitos, Nana de Sevilla, Sevillanas del siglo XVIII y Las morillas de Jaén. La Argentinita era acompañada al piano por Federico. La atracción que sintió el flamenco por los textos lorquianos es producto de la vinculación del poeta granadino por las formas poéticas populares. El poema del cante jondo (1921) y El Romancero gitano (1928) son claros ejemplos de su especial predilección por este género, destacando en este último su anhelo de elevar a lo culto un género popular.


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