Volver a La ‘lectio’ de Pompeia

Notas del texto:

  1. Lo maravilloso que hemos encontrado allí y lo que allí hay más increible que nada en el mundo es una ciudad subterránea, sumergida en el abismo de las cenizas del Vesubio….
  2. “El espectáculo más singular e interesante que me impresionó durante mis viajes en el campo de la Antigüedad es el de una ciudad romana que sale de la tumba casi con la misma frescura y belleza que tenía bajo los Emperadores. El volcán mismo, cuya cercanía le resultó tan funesta y por el que fue sepultada, ha sido su conservador; y al cubrir con sus cenizas una ciudad modesta, ciertamente no merecedora de la mirada de la posteridad si sobre ella hubiera actuado solamente el tiempo, le ha procurado, gracias a una destrucción súbita, una inmortalidad de la que sólo Roma habría tenido el derecho a gozar”.
  3. En Rendiconti dell’Accademia di Napoli, n. s. 28 (1953), pp. 223-248.
  4. Me parece importante recordar, porque durante mucho tiempo se ha minusvalorado, el hecho de que la propia Nápoles no fue ajena al debate entre arquitectos y urbanistas que inundó Europa; véase al respecto A. BUCCARO, “Architetti e ingegneri di Stato nel Regno di Murat tra tipi e modelli del mondo classico”, in L’idea dell’antico nel Decennio francese, editado por R. CIOFFI e A. GRIMALDI, Napoli 2007, pp. 225-234.
  5. “Introducción” de P. BARRIÈRE y las preciosas notas de A. MAIURI.
  6. La Maison du poète tragique à Pompéi (1828), publicado con J. BOUCHET, vol. I, p. 1. Para cuestiones relacionadas con la ‘lettura pompeiana’ de Vitruvio remito a AA. VV., Pompei. Gli architetti francesi dell’Ottocento, Napoli 1981, pp. 85 ss.
  7. Description des fouilles de Pompei, cit., p. 225. Es bien conocido que las excavaciones de Herculano comenzaron por deseo del culto Carlos de Borbón, en 1738 en el área del teatro (como se comprenderá por las investigaciones sucesivas), allí donde el Principe d’Elboeuf había encontrado en 1711 tres excelentes estatuas que serían enviadas como regalo de Carlos, al primo Eugenio de Saboya. En suma, la historia de Pompeya toma vida moderna con un robo, ¡aunque sea principesco!
  8. “pequeños extractos de la gran historia del napolitano Giannone”. “Introducción” a G. ORLOFF, Mémoires historiques, politiques et littéraires sur le Royaume de Naples, 3 voll., Paris 1819, vol. I, p. XIII. Digo esto porque también yo pertenezco al grupo de los que sostienen que el papel de la cultura francesa en la historia de las excavaciones ha sido valorado en exceso.
  9. “Una bestia feroz sin piedad que desciende montaña abajo…”
  10. Cit. En S. BALAYÉ, Les carnets de voyage de Madame de Staël. Contribution à la genèse de ses oeuvres, Genève 1971. Son significativas las páginas dedicadas a Pompeya, en especial pp. 134-136.
  11. Cit. en V. BRACCO, L’archeologia classica nella cultura occidentale, Roma 1979, p. 200: “Hasta ahora se han descubierto templos, casas y otros objetos que interesan a la curiosidad de las personas cultas, de los artistas, de los arqueólogos, poer ahora tu, oh Fiorelli mío, has descubierto el dolor humano”.
  12. En P. BAROCCHI (ed.), Scritti d’arte del Cinquecento, vol. II, Milano-Napoli 1973, p. 1443. Recordemos que Pirro Ligorio lanza sus maldiciones contra cuantos “usano contro natura e contro la dritta semitria” (ibid.): evidentemente, ya no ha sido olvidado más.
  13. La mia opera, trad. it, Torino, 1961, p. 37. Unas cuantas líneas antes había escrito: “Disegnare, seguire i profili, riempire delle superfici, individuare dei volumi, eccetera, vuol dire, prima di tutto, guardare, vuol dire forse saper osservare, vuol dire forse saper scoprire …” (ibid.) = “Dibujar, seguir los perfiles, rellenar las superficies, individualizar los volúmenes, etcétera, quiere decir, ante todo, mirar, es decir, saber observar, es decir tal vez saber descubrir…”.
  14. El viaje a Nápoles le fue ‘impuesto’ a J. L. David por el director de la Academia de Francia en Roma, Vien, muy preocupado por el estado de apatía en que caían muchos estudiantes, entre los cuales estaba David que “avoit recommencé plusieurs fois son Académie sans être content; de manier que je [Vien] me suis apperçu qu’il faloit le distraire; je lui ai conseillé de faire le voyage de Naples” (= “había recommencé varias veces su Academia sin estar contento; de manera que yo [Vien] me he dado cuenta de que hacía falta distraerlo; le he aconsejado hacer el viaje a Nápoles”) en A. SCHNAPPER, David et les “envois de Rome”, en Catálogo de la muestra Jacques-Louis David 1748-1825, Paris 1989, p. 89.
  15. Como está claro, se trata de viajes y visitantes completamente distintos entre sí: si los arquitectos están interesados en plantas y relieves, los lettrés viajan con los textos clásicos en sus manos, como recuerda el abad Richard en su Analyse del Voyage pittoresque di Saint-Non. Es un hecho que los autores preferidos de los voyageurs, Virgilio, Horacio, Ovidio o Estrabón nunca pudieron escribir sobre Pompeya y, por tanto, estas ruinas son poco interesantes desde el punto de vista literario.
  16. Sabemos bien que no es cierto que en la segunda mitad del XVIII fijan su atención en Pompeya todos los que emprenden el canónico Viaje a Italia. Baste pensar que en 1750 Anne-Marie d’Aignan d’Orbessan visita Herculano y se limita a señalar el hecho de que se están iniciando los trabajos de excavación en el área donde se pensaba que podía estar sepultada Pompeya bajo diversos torrentes de lava (Mélange historique, critique, de physique, littérature et poésie, I, 1768, pag. 572). Pocos años después, con el descubrimiento del Gran Teatro y del Odeón (1793-95) Pompeya se convierte en una meta obligada, pese a las dificultades impuestas por los guardianes-custodios que no permiten a los visitantes hacer ni siquiera un dibujo. Tenían mucha razón, sin embargo, si es verdad que visitantes ‘casuales’ y ‘profesionales’ tenían la costumbre de llevarse como souvenir pequeños objetos: el emprendedor Casanova solía regalar a sus fans ramos de violetas y lucernas de Pompeya, como nos recuerda E. FRANCIA, Delfina de Custine, Luisa Stolberg, Giulietta Récamier a Casanova. Lettere inedite, 1972, p. 32.
  17. Es conocida la mala costumbre extendida entre los vigilantes de las obras de echar agua sobre los frescos para que resultaran con más ‘vivacidad’, por así decirlo, a los ojos de los visitantes. P. Bensi recuerda que el director del momento, Bonucci, ofrece como excusa “la resistencia al agua de las decoraciones, ejecutadas a encausto oppure a fresco”, en “Il recupero delle tecniche artistiche dell’antichità tra la fine del Settecento e i primi decenni dell’Ottocento”, en L’idea dell’antico nel Decennio francese, cit., pp. 101-116, en particular p. 107.
  18. En este breve artículo no se puede hablar de la compleja personalidad de esta señora, sin duda extraordinaria, que no me parece todavía bien analizada por los historiadores, a la que se acusa de ignorante, terriblemente ambiciosa (¡es una Bonaparte!), ávida de dinero, egocéntrica, superficial, con un comportamiento más propio “d’une courtisane que d’une grande dame”, como escribe F. HULOT, Murat. La chevauchée fantastique, Paris 1998, p. 306. ¡Para los especialistas el juicio, pero para Pompeya Carolina fue una suerte!
  19. I dipinti di Gioacchino e Carolina Murat. Storia di una collezione, Napoli, 2008, p.101. De este magnífico libro me gustaría destacar también la rica bibliografía.
  20. El interés del clan Bonaparte por Pompeya ya se había evidenciado con el antecesor de Murat, Giuseppe Bonaparte que, llegado a Nápoles el 14 de febrero de 1806, ya el 2 de marzo, como registran los Giornali di scavo, va de visita a la excavación y “dopo avere con piacere il tutto osservato, regalò due luigi di oro e 48 carlini ai soldati” (= “tras haberlo observado todo con satisfacción, regaló dos luises de oro y 48 carlinos a los soldados”; el carlino era una moneda de plata, de entre 2 y 3 gramos, acuñada en la ceca de Nápoles a comienzos del XIX y que recibe su nombre de Carlos II).
  21. El problema de la ausencia de medidas de seguridad para los frescos es inherente a las excavaciones desde los primeros años, como prueba una indignada y preocupada carta de William Hamilton a Robertson donde lamenta que el Templo de Isis se ha dejado a las intemperies sin ninguna protección, mientras que los frescos eran sacados sin cuidado y mezclados con los demás en el Museo di Portici: “Habría preferido” escribe Hamilton “que antes del traslado se hubiera hecho un dibujo preciso del Templo” con la representación conjunta de las partes y de su interrelación con el culto de Isis, en S. DE CARO (ed.), Alla ricerca di Iside. Analisi, studi e restauri dell’Iseo Pompeiano, Napoli, 1992, passim.
  22. Informe del 4 de abril 1813 proporcionado por G. FIORELLI, Addenda alla Historia Pompeianarum Antiquitatum …, Napoli 1860, p. 266.
  23. C. GASPARRI, “Il Museo della Regina. Collezionismo di antichità e politica dell’antico nel Decennio francese a Napoli”, en L’idea dell’antico, cit., pp. 153-154: “Collezionare antichità e convivere con le antichità sono i due temi che segnano la presenza di Carolina a Palazzo Reale, la politica di autorappresentazione della nuova regina, testimonianza di un rapporto più partecipato con l’antico, di un interesse personale verso le memorie del passato del Regno, di cui Carolina si appropria; un interesse del quale i provvedimenti politici e amministrativi … erano testimonianza ufficiale …” (= “Coleccionar antigüedades y convivir con las antigüedades son los dos temas que marcan la presencia de Carolina en el Palacio Real, la política de autorepresentación de la nueva reina, testimonio de una relación más participada con lo antiguo, de un interés personal hacia las memorias del pasado del Reino, del que Carolina se adueña; un interés del que los procedimientos políticos y administrativos… eran testimonio oficial…”). No estoy segura de que, como escribe inmediatamente después Gasparri, se trate sólo de una collezione femminile.
  24. Descriptions des tombeaux qui ont été découverts à Pompéi dans l’année 1812, Napoli 1813, p. 3. El libro está acompañado de las bellas tablas de un dibujante del nivel de F. Catel.
  25. De extraordinaria ‘modernidad’ resultan algunas notas al margen de un experto como Mazois: obviando el hecho de que las personas utilizadas para quitar la tierra, o sea mujeres y niños, eran demasiado lentas, se decide a recurrir a obreros que sin embargo tenían poco conocimiento de la importancia y de la delicadeza del trabajo que estaban desarrollando y que, por tanto, actuaban de manera tosca, provocando daños irreparables. Entonces se decide a confiarse a empresas ‘especializadas’, pero que trabajaban evidentemente ‘a la baja’ para conseguir el contrato, de modo que, para hacerlo rápido, excavaban sin preocuparse de que pudieran provocar deslizamientoss y derrumbes, mientras sus carros circulaban sin prestar atención a lo que pudieran pisar. Sobre el trabajo de Mazois véase J. BOUQUILLARD, “Les ruines de Pompéi. Genèse d’une publication archéologique au début du XIX siècle”, en Nouvelles de l’estempe, 181 (2002), pp. 17-32.
  26. Voyage en Italie dans l’année 1815, Paris 1817, p. 253.
  27. El problema de la falta de medidas de seguridad de los frescos acompaña las excavaciones desde los primeros años, como prueba la indignada carta de William Hamilton a Robertson cit. supra.
  28. Voyage en Italie, Paris 1947, p. 146.
  29. Tre lettere del Signor Marchese Scipione Maffei. Lettera seconda sopra le scoperte di Ercolano, Verona 1748, passim.
  30. P. WESCHER, I furti d’arte. Napoleone e la nascita del Louvre, trad. it., Torino 1988, pag. XVII: “Fu … Vivant Denon a trasformare il Musée Central des Arts, fondato nel 1793, nel Musée Napolèon e a canalizzare verso Parigi il bottino delle guerre napoleoniche, procurando alla capitale francese per circa un decennio un museo senza uguali, affidato ormai alla memoria storica come un puro musée imaginaire” (= “Fue… Vivant Denon quien transformó el Musée Central des Arts, fundado en 1793, en el Museo Napoleón y el que canalizó hacia París el botín de las guerras napoleónicas, procurándole a la capital francesa durante cerca de un decenio un museo sin igual, confiado ahora ya a la memoria histórica como un musée imaginaire puro”), pero sin duda corazón inspirador cultural y material del Louvre moderno.
  31. ”El descubrimiento de un vaso griego o de cualquier otro vaso de forma nueva me parecía un servicio import5ante que rendía yo al buen gusto. Volví a Francia tan cargado de cerámicas que no sabía dónde ponerlas…” Cit. in J. CATELAIN, Dominique Vivant Denon et le Louvre de Napoléon, Paris 1973, p. 51.
  32. No es casualidad que su sucesor en Nápoles, Amaury-Duval, secretario de Talleyrand, se convertirá en responsable del Departamento delle Beaux Arts junto al Ministerio de Interior y luego publicará unas Notes sur Herculanum et Pompéi en Mémoires historiques, politiques et littéraires sur le Royaume de Naples par le Comte Grégoire Orloff, voll. 5, (1819-1821).
  33. Sobre esta pareja extraordinaria y su relación con Pompeya, para cuyas rutas de conocimiento y conservación Hamilton hará una contribución de no poca importancia, remito a I. JENKINS-K. SLOAN, Vases & Volcanoes. Sir William Hamilton and his collection, London 1996, bajo los auspicios del agradecido British Museum.
  34. Viaggio nel Regno di Napoli 1777-1778, trad. it. T. LEONE, Napoli 2001, p. 82. Sobre el tema del ‘nacimiento’ de la perspectiva, todavía hoy muy debatido, véase mi libro Lo sguardo mimetico. Per una storia eterodossa dell’idea di rappresentazione, Caserta 2009.
  35. Véase QUATREMÈRE, Dictionnaire I s. v. Autorités.
  36. Ibid.
  37. Entwurf einer Historischen Architektur in Abbildung unterschiedener berümten Gebaüde des Altertumus und fremden Völker, Vienna 1721 en cuyo Prefacio se teoriza sobre la necesidad de recurrir a la lectura atenta de las fuentes literarias para la reconstrucción, al menos gráfica, de edificios hace tiempo perdidos. Pocos años después, adquiere vida el fantasioso Voyage en Grèce (1788) del abad Barthélemy, idealmente acompañado por Pausanias bajo el ropaje de geógrafo con su Descripción de Grecia. Se debe tener presente que Barthélemy nunca vio Grecia que para él, por consiguiente, es un lugar ideal, casi fantástico podremos decir, si no fuera por los profundos conocimientos literarios que tenía de este país y de esta cultura. Véase a propósito mi libro Sull’esempio di Anacarsi lo Scita in Orienti e Occidenti della rappresentazione, editado por A. DE ROSA, Venezia 2005, pp. 25-31.
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