Rafael Mitjana Gordon, nuestro hombre en Upsala

 

La cuarta generación de los Mitjana en Málaga, la tercera de los nacidos en esta ciudad, está representada por los hijos de Francisco Mitjana Doblas y María Gordon y Salamanca, ya citados al tratar la biografía de éste (ver La Plancheta en epistemai.es N16): José María, Mercedes, María Victoria, Concepción, Rafael y Francisco.

El más destacado de todos ellos es Rafael, nacido en Málaga, el 6 de diciembre de 1869, en la casa familiar construida por su padre pocos años antes en la actual plaza del marqués del Vado del Maestre; fue bautizado en la parroquia de los Mártires diez días después.

Actual Plaza del Marqués del Vado del Maestre

Los primeros años de la infancia de Rafael transcurren en Málaga durante el agitado periodo del Sexenio Revolucionario. Tras la llegada al trono de Alfonso XII, seguirá en aquella capital dando sus primeros pasos en el aprendizaje escolar y de la música.

Probablemente sus estudios musicales se iniciasen en la escuela fundada por la Sociedad Filarmónica malagueña en 1871, a instancias del compositor y músico malagueño Eduardo Ocón y gracias al impulso del presidente de dicha sociedad Enrique Sholtz. Tres años más tarde, en esta escuela, dirigida por el propio Ocón, se admitían tanto alumnos gratuitos como de pago y en ella se impartían clases de solfeo, a cargo del mismo director; violín, por Regino Martínez; canto y otros instrumentos, como violonchelo, contrabajo, flauta, oboe o fagot. En la labor docente participaban otros profesores como Rafael Corzánego (violonchelo), Haas y Pedro Adames (oboe, flauta y fagot).

En 1880 la escuela pasó a ser Conservatorio de Música, ampliando sus enseñanzas y al cuadro de profesores se incorporaron, según María del Pilar Flores Núñez, José Cabas Galván (solfeo), Ricardo Pascual y Ana Beltrán (piano), Emilio Soto (violín), Antonio Pérez (violín y viola), Manuel Delvonx (trompa), José Fernández (cornetín) y Francisco Bandín (niños ciegos).

El niño Rafael Mitjana podría haber iniciado sus estudios musicales con ocho años, en la escuela de la Filarmónica, lo que está documentado es que fue alumno del citado conservatorio, según afirma Flores Núñez en su tesis doctoral. En esos años, muy probablemente, compaginaría su formación musical con la asistencia al Instituto de segunda enseñanza de Málaga, en el antiguo convento de San Felipe Neri (hoy instituto Gaona).

En aquel centro, dirigido entre los años 1879 y 1885 por Ramón Ibáñez, contaría con profesores como Bernardo del Saz (Geografía e Historia), Pedro Ignacio Cantero y Juan García Varo (Latín), Mariano Pérez Olmedo (Retórica y poesía), Francisco Guillén Robles y Francisco Bergamín (Economía política), Francisco Prieto (Cosmografía), Santiago Molfino (Francés) y Federico Messa (Ingles), entre otros.

Una vez obtenido el título de Bachiller, Rafael se traslada a Madrid para estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, donde inicia su formación como futuro licenciado en Derecho. Aunque no tenemos constancia de la fecha exacta en que lo hace, sí sabemos que en agosto de 1884 está con su madre y hermanas en Carratraca, donde la familia participa en un baile de disfraces que tuvo lugar en la fonda Calenco el día 15 de ese mes. Sus hermanas María y Concha iban de ‘Soubret’ y ‘caprichosa segadora’, respectivamente, mientras Rafael vestía de ‘Biribiri’. La lista de asistentes a esta celebración da una idea de las relaciones sociales que, por aquel entonces, mantenía la familia Mitjana; en ella aparecen apellidos destacados en Málaga, como: Huelin, Larios, Crooke, Heredia, Orueta, Bryan, Grund, Solier y otros.

Un año antes de aquel festejo, a principios de 1883, se había publicado una ley orgánica que regulaba las carreras diplomáticas, consular y de intérpretes. Dicha norma establecía que para ingresar en la primera de ellas se debía ser español, acreditar buena conducta moral, tener “título de licenciado en Derecho civil o en administrativo, y aprobada en Universidad la asignatura de Derecho Internacional”, escribir y hablar correctamente el francés y traducir, además, el inglés o el alemán; requisitos que debían acreditarse en una oposición. No obstante, el reglamento publicado a mediados de ese año especificaba que mientras no se redujesen los excedentes de plantilla no se convocarían oposiciones.

Sin embargo, la  dificultad para cubrir las vacantes hicieron que en febrero de 1886, a propuesta del ministro de Estado Segismundo Moret, se crease una nueva categoría denominada “Aspirantes a Agregados diplomáticos”; esta modificación no eliminaba la oposición para el ingreso como Agregado, ni la obligación de ser licenciado en Derecho, pero rebajaba los requisitos para la nueva categoría a: ser mayor de 16 años, tener el grado de Bachiller en Artes, sin tener suspensa ninguna asignatura, conocer bien “por los menos” el idioma francés y “escribir correctamente con buena forma de letra”.

No tenemos constancia de si esta regulación fue la que impulsó a Rafael para estudiar Derecho, o si fue ya en la facultad cuando se sintió atraído por la carrera diplomática. Lo cierto es que sus miembros podían considerarse un cuerpo de élite que, a principios de 1894, contaba sólo con 294 integrantes: 16 embajadores, 48 ministros plenipotenciarios (30 de primera clase y 18 de segunda), 21 ministros residentes, 120 secretarios (28 de primera clase, 53 de segunda y 39 de tercera), 25 agregados diplomáticos y 10 aspirantes a agregados diplomáticos.

Entre ellos ya estaba Rafael Mitjana que había obtenido plaza en las oposiciones convocadas en abril de 1892 para cubrir 10 puestos de Aspirantes a Agregados diplomáticos.

Posiblemente mientras estaba en Madrid visitaría a sus tíos Eduardo Mitjana Doblas, ya contador del Tribunal Mayor de Cuentas y jefe de Administración honorario, y María de los Dolores Ojeda y Valdelomar en su casa de la calle Almirante número 3; hasta que su tío Eduardo falleciese el 10 de julio de 1889, circunstancia que daría lugar a que Rafael asistiese al funeral y entierro que tuvieron lugar al día siguiente. Un año antes había contraído matrimonio, en junio de 1888, su hermana María con Enrique Disdier; la ceremonia tuvo lugar en Málaga a la que, según la prensa, asistieron “las principales familias de aquella capital”.

Al margen de estos sucesos familiares, ciertamente, el año 1892 fue un hito importante para Rafael Mitjana. A principios de ese año, en febrero, se habían anunciado oposiciones para cubrir 21 vacantes de agregado diplomático: en esta convocatoria, tras los exámenes que tuvieron lugar del 22 al 30 de marzo, resultaron aprobados tan sólo 10 de los opositores.

Rafael no se presentó a estos exámenes ya que no contaba todavía con la titulación requerida: la licenciatura en Derecho. Pero fue el escaso éxito de aquella lo que decidiese a Carlos O’Donell, duque de Tetuán, ministro de Estado en aquel momento, a proponer la convocatoria para aspirantes a agregados diplomáticos publicada en abril. Así pretendía el ministro esquivar: “la dificultad de hallar el número suficiente de aspirantes para cubrir las 40 plazas que marca la ley de la carrera diplomática, si han de ingresar en ella con arreglo a las disposiciones vigentes”; y completar la plantilla de esos agregados diplomáticos, pero con personal de menor cualificación que desempeñase los mismos cometidos.

Rafael en esta ocasión si se presentó y tras aportar la documentación requerida, realizó el examen pertinente ante un tribunal compuesto por tres jefes de sección del ministerio de Estado, uno de ellos el jefe de la de Interpretación de Lenguas. El 20 de mayo terminaron los exámenes de los opositores y el 18 de junio la Gaceta de Madrid publicaba la orden del día anterior por la que se nombraba a los diez nuevos aspirantes a agregados diplomáticos, cuya relación estaba encabezada por “Rafael Mitjana y Gordón”. Un mes más tarde la revista Archivo diplomático y consular de España daba cuenta de que los nueve primeros de la lista habían sido destinados a diferentes secciones del ministerio de Estado, mientras que el último, José Pidal y Bernaldo de Quirós, lo había sido a la embajada de España en Roma.

Comenzaba así una carrera al servicio de España que se prolongaría, durante casi treinta años, hasta el fallecimiento de Rafael en Estocolmo el 15 de agosto de 1921, siendo ministro residente en aquella legación.

En ese tiempo compaginó su actividad como diplomático con la música, en la que desarrolló una brillante carrera como musicólogo, crítico y compositor. Así, con ocasión de la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América, firma en octubre de 1892, en Madrid, un artículo titulado “Cristóbal Colón y la música” que fue publicado en primera página por La Correspondencia de España el 10 de noviembre de ese año. Unos días más tarde la revista La España Moderna, en su número de diciembre, glosaba el trabajo de Mitjana así:

“Ha publicado el Sr. D. R. Mitjana un curioso estudio titulado Cristóbal Colón y la música, analizando las grandes composiciones producidas en todos tiempos por la consideración de la gloria del genovés insigne, y aunque enumera catorce más de las contenidas en la bibliografía colombina de la Academia de la Historia, con lo cual se eleva considerablemente la cifra, asienta la sensible conclusión de que no existe ninguna que conmoviera al auditorio é hiciera grabar las notas en el repertorio clásico”.

Ciertamente, a este estudio le siguieron otros muchos, bien en forma de artículos publicados en la prensa, bien como folletos, opúsculos y libros editados en diversas ciudades. En 1893 publica en la Revista Contemporánea su estudio sobre ‘Los maestros Cantores de Nuremberg’ de Wagner e inicia su colaboración en La Ilustración musical-Hispanoamericana, revista dirigida por el compositor y musicólogo Felipe Pedrell. Al año siguiente, además, escribe en La Época y en la revista Pro Patria, en la que en enero y febrero de ese año publica su estudio “La música contemporánea en España”, sin dejar la revista de Pedrell.

 

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