Ángeles Rubio-Argüelles y Alessandri. Teatro, Historia y Literatura en la época de Franco

 

Cien años después del fallecimiento de María Rosa de Gálvez, en 1906, nacía en Málaga una niña, hija de del médico José Rubio Argüelles y de Carlota Alessandri Aymar, y nieta por línea materna de Carlos Alesandri Casalonga, ingeniero italiano, y de Ángeles Aymar Sánchez-Arroyo, natural de Motril.

A diferencia de María Rosa, la recién nacida —que recibió el nombre de Ángeles— fue acogida con todos los honores en la casa familiar de Villa Carmen, situada en el señorial barrio de la Caleta, el 13 de enero de 1906 y su madre fue asistida por uno de los mejores médicos del momento, José Gálvez Ginachero, compañero de especialidad de su padre. En 1910 llegaría a la familia la segunda hija, María Rosa.

Jardines de la calle Alcazabilla, al lado del Teatro Romano

Según Rosa María Paloma Tobio, que ha recuperado el perfil humano y artístico de Ángeles Rubio-Argüelles en su tesis doctoral (defendida en 2015), la familia se había trasladado a Málaga para que su primogénita fuese malagueña, ya que en aquel momento José Rubio-Argüelles era Decano de la Facultad de Medicina de Cádiz, puesto al que renunció el 3 de marzo de 1906, dos meses después del nacimiento de Ángeles. Sin embargo, poco tiempo después sería nombrado delegado regio de primera enseñanza en Cádiz y presidente de la Academia de Bellas Artes gaditana, por lo que se vio obligado a volver a Cádiz aunque la familia siguiese en Málaga.

Con apenas nueve años, Ángeles sufre la pérdida de su padre, que fallece en 1915. Su madre se hace cargo a partir de entonces de la familia. Las hijas mantienen contacto con la familia materna, pasando largas temporadas en Francia en casa de su tío Carlos Alessandri, así como con los hijos del primer matrimonio de su padre con Carmen Salcedo Salcedo. Uno de ellos, Nicolás Rubio-Argüelles Salcedo, asistirá a la boda de Ángeles.

El 8 de agosto de 1925, la prensa anunciaba que en breve se produciría la pedida de mano de Ángeles Rubio-Argüelles, para “el joven diplomático y escritor” Edgardo Neville, hijo de los condes de Berlanga de Duero. La ceremonia tuvo lugar a finales de ese mes, siendo solicitada la mano por el conde de Romrée en representación de su hermana, la madre del novio, condesa de Berlanga del Duero. El 17 de septiembre se concedió la Real licencia al pretendiente, por aquel entonces Agregado de Embajada, cesante. La boda tuvo lugar el 28 de octubre, en la residencia familiar de Villa Carmen. Un mes después del enlace, la Gaceta de Madrid volvía a publicar la concesión de la Real licencia para dicho matrimonio, según Real Orden de 28 de noviembre de 1925. Unos meses más tarde, el 6 de marzo de 1926, se otorga carta de sucesión en el título de conde de Berlanga de Duero a favor de Edgardo, por cesión de su madre María del Milagro Romrée y Palacio; a partir de entonces, Ángeles pasa a ser condesa de Berlanga de Duero, título que continuará usando hasta el final de sus días.

Fruto de esta unión serán sus hijos Rafael y Santiago, nacidos en Málaga, el 21 de agosto de 1926 y el 9 de octubre de 1929, respectivamente. Aunque el matrimonio nunca llegó a disolverse legalmente, la convivencia de ambos esposos cesó en 1930, aunque no reconocieron públicamente su separación hasta seis años más tarde.

Placa conmemorativa en los jardines de la calle Alcazabilla

En el tiempo que duró su matrimonio, Ángeles viajó a Estados Unidos, Marruecos y Londres acompañando a su marido en sus destinos como diplomático español: Agregado en la embajada española en Washington, entre diciembre de 1927 y febrero de 1929; cónsul de España en Uxda (Marruecos), en 1934, y Londres, en 1935. El 20 de febrero de 1929 Edgardo fue ascendido a Secretario de 3ª clase y destinado a Caracas; destino al que renunció para quedarse en Estados Unidos, trabajando en la industria del cine en Hollywood, circunstancia que pudo ser el desencadenante del regreso de Ángeles a España y de su separación.

Será a partir de 1930, tras su regreso a España desde Estados Unidos, cuando Ángeles Rubio-Argüelles comienza a destacar como mecenas, autora de obras de teatro e históricas, así como impulsora del teatro en Málaga.

Su implicación con la Semana Santa malagueña, en especial con la cofradía de Zamarrilla en la que impulsa de manera determinante la leyenda del bandido Zamarrilla y la rosa, así como la recuperación de tradiciones como la presencia de unidades de Caballería en su salida procesional; son previas a su dedicación más destacada: el teatro.

En 1930 funda la compañía teatral ARA, acrónimo de su nombre y el primer apellido compuesto (Ángeles Rubio-Argüelles), formada por actores aficionados que tendrá que suspender su actividad al estallar la Guerra Civil.

En los años siguientes a dicho conflicto escribe y publica novelas históricas, ensayos y obras de teatro. Al tiempo que reconstruye la compañía ARA contando ya con actores profesionales o, al menos, con cierta formación dramática. En 1942 será nombrada Académica de número de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, de Málaga. Entre 1949 y 1952, ARA ofrece diversas lecturas dramatizadas en la Casa de la Cultura y la Sociedad Económica de Amigos del País, en Málaga, y representa en teatros la obra Proceso a Jesús.

En 1957 Ángeles comienza a colaborar en Radio Juventud de Málaga, donde dirigirá diversas obras teatrales, en un programa que se prolongará durante cuatro años.

En 1958 obtiene el diploma de profesora en Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid.

Sin abandonar las colaboraciones radiofónicas, en 1959 pone en marcha el Festival de Teatro Grecolatino de Málaga, cuya primera representación tuvo lugar el 23 de julio de ese año, en el teatro romano, poniendo en escena la obra de Aristófanes Las Nubes. La fuerza de su iniciativa es tal que los festivales se sucederán durante veinticinco ediciones, la última tuvo lugar siete meses antes del fallecimiento de su creadora.

Placa donde la recuerda la ciudad de Málaga

Ese mismo año funda la Academia ARA de Declamación y se inaugura el teatro Montemar, en Torremolinos, de su propiedad. Desde entonces todos los que se integren en su compañía estudiarán la carrera de Declamación.

En 1962 se inaugura el teatro ARA; cinco años más tarde abre la Escuela de ballet y danza española del Teatro ARA, contratando como profesor a Manuel de Dios. Dos años después se pone en marcha en el mismo teatro el I Festival Iberoamericano de Teatro, en julio de 1964. El año 1966 la compañía pone en escena la obra teatral de Pablo Picasso Trozo de Piel, en el teatro Cervantes. Con ella su compañía obtendrá al año siguiente dos primeros premios en el IV Certamen Nacional de Teatro: el de dirección y el de conjunto.

En 1970, las dificultades económicas y otras causas hacen inevitable el cierre del buque insignia de la labor teatral de la condesa de Berlanga, el Teatro ARA. Ángeles no se rinde y dos años después pone en marcha un nuevo proyecto, más modesto, el Corral de Comedias ARA, en la malagueña calle Puerto. El 14 de diciembre de 1972, abría sus puertas con el estreno de Bailando se entiende la gente. Esta nueva etapa durará seis años,

Ángeles no descansa y en 1977 crea, junto con otros personajes de la cultura malagueña, la Asociación Pro-Tradiciones Malagueñas.

Como escritora e historiadora Ángeles se ocupó, entre otros asuntos, de la familia Gálvez; en 1949 se publica Un Ministro de Carlos III  y después se sucederán otras ocho; su implicación con el pueblo natal del ministro de Indias José de Gálvez y sus hermanos y sobrino Bernardo llevan a Ángeles a adquirir una casa en aquella localidad, Macharaviaya, donde pasará largas temporadas.

El 30 de marzo de 1984 fallecía Ángeles Rubio-Argüelles en la clínica Santa Elena de los Álamos, a consecuencia de un derrame cerebral. El sábado 31 de marzo era enterrada en el cementerio internacional de Benalmádena.

La ciudad de Málaga reconoció al año siguiente los méritos de la condesa de Berlanga del Duero, otorgándola la medalla de oro de la Ciudad. Además, en la actualidad el callejero malagueño cuenta entre sus vías una dedicada a tan ilustre escritora, la calle ‘Ángeles Rubio-Argüelles’ en Churriana; pero también se recuerda su memoria en un pequeño jardín, al lado del teatro romano, por cuya conservación ella tanto lucho, y donde se representaron tantas obras del festival que ella creo. Una sencilla placa recuerda la memoria de Ángeles Rubio-Argüelles.

 

Pedro Luis Pérez Frías
Doctor en Historia y miembro del Grupo de Investigación HUM333 “Crisol Malaguide”
Universidad de Málaga


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