Conferencia: Dos destinos médicos frente a la política española: Gregorio Marañón y Pedro Laín Entralgo

 

Discurso de ingreso como Socio de Honor de la Sociedad Erasmiana de Málaga (SEMA) del Excmo. Sr. D. José Manuel Cuenca Toribio, Catedrático Emérito de la Universidad de Córdoba, Numerario de las Reales Academias de Doctores de España, de la de Historia Andaluza, Bellas Artes y Nobles Artes de Córdoba, entre otras, y Correspondiente de la R.A. de la Historia, de la R.A. de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Portuguesa de la Historia.

Presentación a cargo del Excmo. Sr. D. Francisco González de Posada, Socio de Honor de la SEMA.

El Dr. D. Ángel Rodríguez Cabezas, Vicepresidente de la SEMA y alumno en su día de los Drs. Marañón y Laín Entralgo será el encargado de dar la contestación al conferenciante.

Martes, 5 de junio de 2018, a las 19:30h, en el Salón de Los Espejos de Ayuntamiento de Málaga (Avda. Cervantes, 4).

Para ver más información del conferenciante y los detalles del acto pinchen aquí.

 


El Dr. José Manuel Cuenca Toribio abrió su conferencia haciendo hincapié en dos aspectos en los que ambos personajes, Gregorio Marañón y Pedro Laín Entralgo, coincidieron: los dos militaron en la vida política intensamente; los dos expresaron al final de su vida que su experiencia política no había merecido la pena.

 Gregorio Marañón nació en Madrid en 1887, durante el Quinquenio Glorioso. Tenía una admiración ilimitada por la Restauración, ejemplo de tolerancia y convivencia plural. También era admirador de Menéndez Pelayo, Pereda y Galdós. Se licenció en 1909 y consiguió el doctorado en 1911. Estuvo en Francia y Alemania, ejerciendo esta última una gran influencia sobre él. Apoyado por las excelentes relaciones de su mujer con la prensa, empezó a escribir de forma frenética. Desde el punto de vista de su profesión de médico, se especializó en Endocrinología, pronto fue muy reconocido hasta el punto de convertirse en una figura social hacia los años 20. Entre los hitos que marcaron su vida cabe destacar la compra de su casa toledana; el ingreso en la Academia de Medicina con apenas 35 años; el haber acompañado a Alfonso XIII, de quien fue médico, a Las Hurdes; y ser colaborador del periódico El Sol. En 1923, llegó la Dictadura de Primo de Rivera y él la recibe con cautela, a diferencia de otros liberales como Ortega y Gasset. Estuvo un mes en prisión, tiempo que dedicó a traducir del inglés un libro de viajes. Entró como diputado en la primera legislatura de la II República y más tarde se alejó de la política, no habiendo estado nunca afiliado a ningún partido.

Desde 1936 a 1942 vivió fuera en Francia, en donde fue bien recibido; de hecho se incorporó a la Sorbona. De regreso a España, se dedicó de nuevo a su consulta y a la escritura. Era un liberal y mantuvo siempre una actitud progresista. A mediados de los años 50 apoyó algunos manifiestos que denunciaban la situación política y pedían el regreso de los exiliados. Estaba convencido de que los liberales de su época habían sido “blandos” con otras fuerzas. Le quedó al final un sabor amargo de su experiencia política. Falleció en Madrid en 1960.

Pedro Laín Entralgo nació en Urrea de Gaén (Teruel) en 1909. Hijo también de médico, fue un liberal progresista. En Zaragoza estudió Química y más tarde Medicina en Valencia, aunque su interés estaba en la Psicología. En 1936 se fue a Santander, en donde vio a su hermano, su antítesis política, por ser el otro comunista. Se exilió a Biarritz y de ahí pasó a la zona nacional. Prendado de la figura de José Antonio, trabajó en Pamplona y más tarde en Salamanca y en Burgos con escritores y poetas falangistas. Acabada la guerra española fue nombrado director de la Editora Nacional y con su amigo Dionisio Ridruejo fundó en 1940 la revista Escorial. Una de sus principales obras, Los valores morales del Nacionalsindicalismo, recogió su ataque visceral a la España tradicional y las claves conservadoras. Pasó por Alemania durante la II Guerra Mundial. Fue diputado en Cortes en los años 50, ocupó la cátedra de Historia de la Medicina, siendo rector de la Universidad Complutense de Madrid entre 1951 y 1956. Firmó muchas proclamas durante todos los años de actividad clínica y académica, y al final de su vida también tuvo una sensación amarga de su experiencia política, acabando por ser simpatizante de la socialdemocracia.


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